
Sin acudir a un Mundial desde hacía 16 años, la albirroja paraguaya no tenía los mejores pronósticos. Sin embargo, una estrategia defensiva precisa y unos jugadores acostumbrados al sacrificio y el calor dieron la vuelta a un partido que todos los sabiondos de este deporte daban a Alemania, una de las favoritas hasta entonces. Así logró Paraguay su paso a octavos de final. “No fue suerte ni un milagro, fue conexión con su identidad cultural e historia milenaria”, explica a América Futura el presidente de la Sociedad de Escritores de Paraguay, Marcos Ybáñez y uno de los máximos defensores de una teoría poco conocida fuera de esta tierra sin mar.
Paraguay es un país que se conoce poco fuera, pero que esconde pasiones e historias legendarias. Como por ejemplo que aquí se jugaba ya a algo muy parecido al fútbol cuando en Europa aún se jugaba con la mano y la Inquisición mataba a mujeres por ser “brujas”.
“Los guaraníes no juegan a la pelota como nosotros, como nosotros quiere decir como los occidentales, los españoles y los portugueses, sino que la envían y la vuelven a recibir con la parte superior del pie descalzo con gran rapidez y mucha destreza”, dice uno de los testimonios del siglo XVII leídos en un documental por el antropólogo y lingüista Bartomeu Melià, jesuita de origen mallorquín que vivió en Paraguay por más de 70 años hasta su fallecimiento en 2019.
El balón se hinchaba usando una caña y se enviaba a gran velocidad con el pie al siguiente jugador, que debía recibirla también con los pies y no dejarla caer al suelo. No había porterías o arcos ni se contaban puntos. El juego terminaba cuando uno de los equipos quedaba totalmente agotado.

El registro más antiguo data de 1639, cuando los jesuitas se extendían por América del Sur creando pueblos donde cohabitaban con los pueblos guaraníes. “Es tiempo que la FIFA reconozca que la reglamentación del fútbol se la debemos a Inglaterra, pero la creación a los guaraníes”, sostiene Ybáñez, el escritor que ha dedicado dos décadas y dos libros a recopilar testimonios y documentos que sostienen que fueron los nativos guaraníes los primeros en América que comenzaron a usar el pie para golpear una pelota en un juego organizado.
Cuando juega Paraguay, los locutores esgrimen siempre “la garra guaraní” como el arma secreta del país. Los jugadores de la albirroja se dicen “kapé” entre ellos, que es amigo en guaraní, y cuando fallan gritan “nderakore”, algo así como ‘oh, no’. Palabras en guaraní que usa todo paraguayo sea de la clase social que sea.
El guaraní es uno de los 19 pueblos originarios que habitan hoy Paraguay, y entre todos ellos, son los más numerosos con unas 75.000 personas, según el censo de 2022. En Paraguay, su lengua es oficial junto al español y más del 75% de la población no indígena, habla, piensa, sueña y canta en guaraní, además de en castellano. En la calle y en el campo, en el Senado y en la cancha, el guaraní es parte vital de la conversación. También el fútbol.
El sacerdote jesuita Antonio Ruiz de Montoya, en su diccionario bilingüe Tesoro de la lengua guaraní, impreso en Madrid en 1639 fue el primer europeo en describir el juego y las pelotas de caucho que usaban desde hace ya mucho tiempo atrás. También lo menciona en 1771 el padre José Cardiel en su libro Las Misiones del Paraguay. En 1793, se suma el libro del también jesuita José Manuel Peramás.
Cuando los pueblos-misión jesuitas estaban en su apogeo y miles de indígenas eran sometidos al cristianismo, los domingos, después de misa, se jugaba al mangá ñembosarái, (juego de balón en guaraní), recordaba Melià. “Entonces son los inventores del futbol, un deporte dominguero por excelencia en las plazas pero un juego desconocido e inédito todavía en las naciones europeas”, explicaba Melià en un documental de 2014 realizado por Ybáñez.
Fuente: El País
