Vergüenza nacional en EEUU: el ejército secreto de criminales nazis que la CIA reclutó y ocultó

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Klaus Barbie, uno de los jerarcas nazis que colaboró con la CIA

La posguerra europea sirvió para devolver al ruedo internacional a una extensísima lista de personajes clave del Tercer Reich. Desde que Adolf Hitler besó el cañón de su Luger en el búnker de la Cancillería, Estados Unidos inició una carrera a contrarreloj para hacerse con los servicios de los más prestigiosos oficiales alemanes; desde científicos, hasta militares bregados en el campo de batalla. La finalidad última, con el paso de los años, era obtener la victoria en el conflicto que se avecinaba contra la Unión Soviética: la Guerra Fría. Y vaya si lo lograron.

Hasta aquí, nada nuevo. Mil y una veces se ha escrito sobre la colaboración de los barones del Tercer Reich con los Aliados tras la Segunda Guerra Mundial.

Lo que jamás se había visto es que la propia CIA confirmara, con luces y taquígrafos, que los había contratado. Hasta 2001, al menos. Ese año, ABC se hizo eco de una noticia que nuestro corresponsal en Estados Unidos, Pedro Rodríguez, calificó de vergüenza nacional: «La CIA ha publicado 10.000 documentos sobre la cúpula del régimen nazi. Material secreto donde se reconoce cómo los norteamericanos ‘reconvirtieron’ sin dudar a toda una serie de agentes que sirvieron a Adolf Hitler para la ofensiva de espionaje generada durante la Guerra Fría».

Según ABC, el material desclasificado pertenecía a los dossieres personales de una veintena de destacados nazis. Algunos de ellos, pagados a tocateja por la CIA a cambio de sus servicios. El diario calificó las «primeras lecturas de este material» como una de las «máximas revelaciones sobre la era nazi desde los Juicios de Núremberg», los procesos en los que se desvelaron, entre otras tantas locuras, las atrocidades perpetradas contra los judíos durante el Holocausto. Lo más llamativo, con todo, no era que se hubiera contratado a antiguos miembros de algunas de las tres ramas del ejército alemán, sino que también se contó con criminales de guerra de las SS. Y eso eran palabras mayores.

Cargos medios
La ‘reconversión’ se había centrado, como explicó Rodríguez, en cargos intermedios del Tercer Reich; «personajes que no figuran en los libros de Historia, pero que se emplearon a fondo en las atrocidades cometidas durante la Segunda Guerra Mundial». Al menos eso se creía en principio. La realidad, sin embargo, es que también se reclutó a oficiales de alta alcurnia como Klaus Barbie, más conocido como ‘El carnicero de Lyon’ por detener a 44 niños judíos de un orfanato de Izieu; asesinar al líder de la resistencia Jean Moulin; acabar con la vida de más de 4.400 prisioneros; torturar a 14.000 galos y deportar a más de 7.000 personas a los temidos campos de concentración germanos.

A sueldo de la CIA, este oficial de las temibles SS participó a nivel operativo en la captura del ‘Che’ bajo el paraguas de los Estados Unidos. El mismo país que le ayudó a escapar de la justicia alemana una vez terminada la Segunda Guerra Mundial y que, posteriormente, le contrató como espía para combatir el comunismo de Iósif Stalin. Esta curiosa colaboración saltó a los medios en 2007, año en que el director de cine británico Kevin Macdonald estrenó un documental (llamado ‘My enemy’s enemy’) en el que demostraba su veracidad. Y a él se han unido, desde entonces, decenas de expertos.

Más conocido si cabe fue Wernher von Braun, diseñador de las letales bombas V1 y V2. De cara ancha y pelo engominado, el ingeniero aeroespacial fue encumbrado por el mismo gobierno contra el que había combatido. Escribió artículos en los que explicaba las bondades de la exploración espacial, fue entrevistado por la factoría Disney y, en pocos años, se convirtió en uno de los artífices del programa espacial de la NASA y en el principal diseñador del cohete Saturno V, aquel que llevó a los astronautas a la luna. De hecho, hoy todavía es recordado como un héroe en Estados Unidos. Su fama arribó incluso a nuestra castiza España, donde escribió extensos reportajes en los que divulgaba sus conocimientos y cavilaba sobre lo que depararía el futuro. Uno de ellos fue, precisamente, en ABC en 1972.

Todavía más popular en España es el caso de Otto Skorzeny. Famoso por haber liderado la operación de rescate de Benito Mussolini en la Segunda Guerra Mundial, este controvertido oficial de operaciones especiales se exilió a España tras el conflicto. Y aquí vivió de forma plácida mientras organizaba para la CIA la Legión Carlos V, un ejército de renegados y veteranos del Tercer Reich dispuesto a asaltar la URSS a una orden llegada desde el otro lado del Atlántico. Y eso, sin contar con que se hallaba también a sueldo del Mossad –los servicios secretos israelíes–, a los que ayudó a cambio de escapar del gélido abraza de la soga.

Habla el cazador
La desclasificación masiva de documentos causó tanto revuelo que arrancó unas declaraciones al mítico cazador de nazis del Departamento de Justicia de los Estados Unidos: Eli Ronsenbaum. Este confirmó que «los verdaderos ganadores de la Guerra Fría fueron los criminales de guerra del régimen hitleriano», pues habían evitado las responsabilidades penales de su conducta al ser fichados por la CIA y demás instituciones de espionaje internacional. No le faltaba razón, ya que aquellos informes confirmaban que muchos colaboraban también con los servicios de inteligencia soviéticos, franceses, británicos y de la Alemania del este.

Neil Armstrong, en la fotografía, llegó a la luna gracias a los conocimientos de un científico nazi

Por último, Rodríguez no quiso cerrar el artículo sin apuntar que los analistas habían hallado una curiosa «perla cultivada sobre Adolf Hitler». Según un premonitorio diagnóstico atribuido en 1937 a un tal doctor Ferdinand Sauerbruch, médico personal del ‘Führer’, este sufría de tan claros indicios de megalomanía que era «un caso fronterizo entre genio y demente», con el potencial de convertirse en «uno de los criminales más locos que haya visto nunca el mundo». Acertó de pleno el bueno doctor, aunque no le sirvió para evitar los entre seis y diez millones de hombres, mujeres y niños que se dejaron la vida en las cámaras de gas y frente a los pelotones de fusilamiento.



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