lunes, 2 de marzo de 2026
Padre Augusto Crestanello, Director del Colegio Salesiano “Miguel Rúa” que luego se convertiría en el actual Colegio Salesiano Dean Funes

La principal dificultad con que las familias patagónicas tropezaban para mandar a sus hijos a la escuela, lo constituían distancias grandes, y dificultad de mandarlos a las de los centros poblados, debido a la falta de escuelas con albergue. Dejarlos a cargo en casas de familias también era difícil, ya que el 90 por ciento de las casas carecían de comodidad, sufrían la escasez de agua y, no existiendo médico ni farmacia en el pueblo, nadie quería responsabilizarse por el cuidado de menores. En la propia casa, si no se hallaba algún maestro improvisado, como los que ya se han mencionado, tampoco había posibilidad, pues el padre, aún en caso de saber leer, debía pasar desde el amanecer hasta bien entrada la noche en su trabajo, y la madre, aparte del trabajo de la casa, debía también ayudar a los del campo, ayudar en los corrales, acarrear leña, etc.

A la Congregación Salesiana le corresponde un mérito grande en la extirpación del analfabetismo en la Patagonia. Su sistema de colegios con internados, ubicados estratégicamente en los pueblos costeros de Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego y en algunas partes, en el interior, posibilitó a los niños de lugares alejados la concurrencia a sus escuelas, muy experimentadas y de atención segura y buena. La falta de escuelas en el interior era tan imperiosa que al establecerse el colegio Salesiano con internado en Comodoro Rivadavia, ingresaron como pupilos muchos alumnos de 15 y hasta 17 años de edad y totalmente analfabetos. Los jueves, día de paseo, cuando salían en fila a la calle, tenían más apariencia de conscriptos que de escolares. Algunos en un solo año cursaban dos grados, ayudados por su afán de aprender, cosa que comprendían debido a su edad, y por el apoyo directo que les daba el fundador del colegio, Pbro. Augusto Crestanello, un verdadero apóstol de la enseñanza. Al igual que él, merecen gratitud otros, como los padres Arsenio Guerra, Bernardo Vachina, Juan Muscio, Francisco Vidal y los coadjutores José Puig, Domingo Zago, etc.

Es difícil, en razón de traslados y aislamiento, conservar en el recuerdo el nombre de los maestros nacionales, y es injusto haberlos olvidado. Sra. de Orosco, Olivio Acosta y Romanini en Sarmiento. Isidro Quiroga y Emiliano Moyano en Comodoro Rivadavia; en Río Mayo, Leonidas Quiroga se inició en el magisterio, allá constituyó su familia y se jubila recién cuando su hija se inicia en la misma profesión y la misma zona. Isaías Vera, maestro ambulante en Paso Schulz (Río Senguer). Después de dar clase tres meses en Paso Shulz echaba todos sus enseres y útiles en un caballo pilchero, y se trasladaba hasta El Coite. Desensillaba e improvisaba la escuela, que funcionaba otros tres meses. Cumplidos éstos, volvía a cargar todo en el caballo pilchero, y se iba para Arroyo Apeleg, donde cumplía otros tres meses de clases. Su programa urgente era enseñar a leer, escribir y sacar algunas cuentas. Luego un poco de conocimiento del país y los deberes para con él, con el respeto a los próceres y el trabajo.

Anastacio Acevedo llegó a la región de Río Pico aproximadamente en el año 1913, procedente de su provincia, Entre Ríos, con veinte años de edad, su título de maestro y su designación para ejercer la profesión de enseñar en una amplia zona: Corcovado, Las Mulas, Río Pico, Lago Winter, etc. Un radio de más de cuarenta leguas de zona cordillerana y precordillerana. Educar en un solo lugar, dejando de lado a los demás, era injusto.

Después se perfecciona. Le fían, le prestan o tal vez le regalan la carreta de bueyes. Le coloca un toldo de lona, y en ella establece la escuela que va de una a otra aldea o toldería, distantes entre sí varias leguas de mal camino, enseñando a leer, escribir, sacar cuentas y conocer el país en su historia, su trabajo, su administración y sus fuerzas armadas.

Dos años después contrae matrimonio con una mujer puntana, de su misma pasta y profesión. Siguen la enseñanza, y luego la esposa, Muriel Rivas de Acevedo, es designada para la misma región, siendo así la primera mujer del Chubut que ejerce el magisterio en la frontera, Corcovado, Río Pico, etc.

Cajón de Ginebra, Escuela Nacional Nro. 64

Creada la escuela en Las Mulas, una toldería entre San Martín y Río Pico, la señora de Acevedo es maestra y directora. Es un lugar desabrigado, frío y solitario. Ahora el matrimonio actúa separado, don Acevedo con su carreta en Lago Winter, Río Pico y sus regiones, y su esposa en Las Mulas. Pasan temporadas casi sin verse. Como en toda la Patagonia, los maestros de la época son todo en la región: juez, escribano, médico, consejero y paño de lágrimas. Después va llegando la carga de los hijos, que con los años llegan a once, y la continua incertidumbre con respecto a las enfermedades, en un lugar donde no hay médicos ni farmacias y sin transportes rápidos. Ya es un problema viajar en las vacaciones, con familia tan numerosa, pero se turnan en ello. Gastos y problemas en el estudio de los hijos, pero ninguno de los dos esposos piensa dejar la zona. Los ha tornado el embrujo de la Patagonia, y se empeñan en tornaría progresista. Ese mismo embrujo que, incluso, tomó al frío y sabio inglés Carlos Darwin, que luego de su vuelta de cinco años alrededor del mundo, cuando se encontró con Juan Manuel de Rosas en el entonces desierto Río Colorado (1830-35), cada vez que hacía memoria de su extraordinario viaje, siempre se sentía atraído y subyugado por la Patagonia, aún en su ancianidad, sin saber porque motivo, pese a la hermosura de otros lugares que había recorrido.

Al fin, Acevedo, cansado de las separaciones familiares y el exiguo sueldo de maestro, renuncia al cargo y se establece en actividad privada de negocio y ganadería. Su ejemplar y admirable esposa sigue apegada a la enseñanza siempre en Las Mulas. Murió muy joven (poco más de 40 años), en la región por la que tanto hizo y donde está su sepultura. De sus 11 hijos e hijas, tres han seguido la profesión de sus padres, y la menor de ellas ejerce el magisterio en Comodoro Rivadavia. Patagónicos verdaderos.

Este es el episodio de una región o provincia, pero en toda la extensión de la Patagonia hay cosas similares, echadas en el olvido en razón de las distancias y hasta de la ingratitud… María de Gargagliones (28 años al frente de la escuela cordillerana de Shaman) debió sufrir la incertidumbre del puesto, por presunta divergencia con los ideales oficialistas…

 

Texto de “El Guanaco Vencido” – Asencio Abeijón

Material proporcionado por la Biblioteca Municipal Domingo Sarmiento de Puerto Madryn

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