domingo, 14 de junio de 2026
Parte del Valle Huemules visto desde el bosque que nace detrás del casco de la primera estancia de Koslowsky. Foto Alejandro Aguado.

La región es explorada por primera vez en 1890 por tres empleados del Museo de La Plata, el austríaco Steinfeld, el correntino Eduardo Botello y H. G. Mohler que lo hace por mandato de Francisco Moreno, director del museo. Steinfeld le pone el nombre al lago Blanco.  A fines del año 1890, Steinfeld y Botello se establecen por separado en el valle del curso medio del río Senguer, lo que los sitúa entre los primeros cuatro colonos del sur de Chubut.

Por la delimitación definitiva de los límites fronterizos con Chile, y nuevamente por disposición de Moreno, en abril de 1896 el ingeniero topógrafo Teodoro Arneberg realiza un nuevo y minucioso relevamiento topográfico e hidrográfico del valle Huemules y Lago Blanco. Ese mismo año, otro integrante de esa comisión, el naturalista viajero del Museo de La Plata Julio Germán Koslowsky, se radica en valle Huemules y se convierte en el primer poblador.

A principios de 1902 confluyen en la vivienda de Koslowsky en valle Huemules, las comisiones de Chile, Argentina e Inglaterra para la delimitación de la frontera argentino chilena. A las comisiones se les suman una cuadrilla de colonos galeses que estaban tendiendo las líneas del telégrafo, entre Comodoro y el valle de Huemules (por entonces valle Koslowsky) y la tribu tehuelche del cacique Kánkel.

Procedente del territorio argentino de Neuquén, en 1905 se establece en Lago Blanco el chileno Cantalicio Jara Burgos. En 1908 cuenta con 5.000 ovejas y varias docenas de vacunos. En 1912 se aleja de la zona para establecerse en la margen sur del Lago Buenos Aires, del lado correspondiente a Chile (hoy lago General Carrera).

Entre 1910 y 1920, excepto 4, todos los colonos del valle de Lago Blanco provenían de Chile.

Durante el transcurso de la década del 20, la mayoría de los colonos de origen chileno se alejaron de la zona para establecerse en valles cordilleranos de Chile.

El 6 de noviembre de 1918 el argentino Palmiro Pedemonte le compró al chileno Alejandrino Castillo el pequeño puesto de adobe que poseían al sureste del lago. A la vez, Pedemonte alquiló las viviendas y boliches de los hermanos Silva al noreste del lago. Palmiro adquirió las construcciones y tierras aledañas a nombre de su hermano Luis; quien era inspector general de las misiones salesianas en la Patagonia.  Luis residía en Viedma, territorio de Río Negro. Según consta en expediente de la Dirección de Tierras, el inspector que relevó la región en 1919, presumía que Palmiro Pedemonte era un agente de la Sociedad Anónima importadora y Exportadora de la Patagonia o de Alejandro Menéndez Behety, quien era propietario de la estancia ganadera Valle Huemules. Es decir, que estimaban que el verdadero propósito de Pedemonte era el de acaparar tierras.

En 1919 los pobladores de la zona están regularmente comunicados con la costa por medio de la firma Arsenio y Sánchez que, según la estación del año, brinda “servicio de automóviles” entre una y dos por mes. Su itinerario comprendía las siguientes poblaciones y parajes: Comodoro Rivadavia, Holdich, Cañadón Lagarto, Parada kilómetro 162, Los Monos, El Quemado, Mata Magallanes, el Guenguel, Pasto Blanco, Valle Huemules e Hito 50.

En 1921 Lucas Casarini le vende el campo donde se emplazaría al pueblo Lago Blanco al libanés Raduán, conocido por el apodo de “el piche”.

Se dispara el precio de la lana, fiebre pobladora

En 1914 estalla la primera guerra mundial y los valores de la lana se disparan a valores antes insospechados. Ello genera una fiebre pobladora en la que todos quieren ser estancieros. Los campos de la región central ubicados en la cordillera y la costa, hasta entonces ignorados por ser escasos en pastos y agua, son ocupados con ganado, luego, al finalizar la guerra hacia 1919, se paraliza la venta de lana al exterior y los ganaderos y comerciantes de la región se ven inmersos en una devastadora recesión que en muchos casos lo arrastra a la ruina. El panorama recién se revierte en 1924 para transformarse en una nueva etapa de bonanza económica que se extiende hasta 1929, cuando los sacude una nueva crisis internacional de consecuencias nefastas para la economía.

 

Fragmento del libro “El viejo oeste de la Patagonia”, de Alejandro Aguado

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