viernes, 26 de junio de 2026

Jorge Villagra, el trelewense que trabajaba de electricista y hoy es el “padre” de un campo ganadero en Rio Negro

Jorge Villagra es uno de esos casos en los que el campo no llega por herencia sino por elección. Nacido en Trelew, comenzó trabajando junto a su padre en tareas de electricidad, pero pronto entendió que su destino estaba más cerca de la tierra y las jornadas al aire libre.

Ese camino lo llevó primero al Alto Valle de Río Negro, donde participó de cosechas de manzanas en Villa Regina, luego a una chacra dedicada a la producción de alfalfa en Viedma y finalmente al establecimiento de 80 hectáreas bajo riego de Enrique Morán, donde desde hace casi 17 años impulsa un sistema productivo en permanente transformación.

La historia de Jorge estuvo siempre ligada a su padre. Fue él quien lo acercó por primera vez a Río Negro. Mientras alternaba las cosechas con su trabajo de electricista en Trelew, descubrió que prefería la vida rural. Más adelante acompañó nuevamente a su padre a Viedma, aunque decidió seguir su propio camino junto a quien luego sería su esposa, también criada en el ambiente rural.

En 2009 recibió el llamado de Enrique Morán, que buscaba a alguien para hacerse cargo de una chacra bajo riego en el Idevi y desarrollar un proyecto ganadero desde cero. Jorge aceptó el desafío pese a no tener experiencia en el sector. “Dame un año a mí, a ver qué puedo hacer. Si ves que no ando, me voy”, le dijo entonces. Diecisiete años después continúa al frente del establecimiento.

Cuando llegó, una fuerte sequía había obligado a trasladar miles de animales desde campos de secano hacia las áreas bajo riego. “Yo lo único que sabía de las vacas era que se comían”, recuerda entre risas. Sin embargo, comenzó un proceso intenso de aprendizaje, probando distintas dietas, sistemas de alimentación y estrategias de manejo. “Le puse todo porque sabía que estaba todo en juego, sobre todo mi honor”.

Los resultados no tardaron en llegar. Lo que comenzó como un sistema de engorde a corral evolucionó hacia un esquema cada vez más eficiente. Las ganancias de peso crecieron hasta alcanzar un kilo y medio diario y la producción forrajera se consolidó como uno de los pilares del establecimiento.

La agricultura también acompañó ese crecimiento. El año pasado lograron en 25 hectáreas de maíz para silo rendimientos cercanos a los 70.000 kilos de materia verde por hectárea. Además, por tratarse de un híbrido doble propósito, el cultivo permitía proyectar entre 15.000 y 18.000 kilos de grano por hectárea si se destinaba a cosecha. “Nunca pensamos tener la chacra tan productiva”, reconoce.

En total, Jorge Villagra maneja actualmente 700 cabezas de bovinos.

Pero Villagra sostiene que ningún sistema puede quedarse quieto. “Esto es cambio permanente. Tenés que buscarle la vuelta porque el número, si no, no te cierra”, afirma. Esa visión impulsó la última gran transformación del establecimiento.

La combinación entre la sequía y el deterioro de la relación entre el precio del ternero y el valor del animal terminado llevó a abandonar el engorde tradicional y concentrarse en la recría. Los terneros provenientes de los campos de cría pasan primero por una etapa de adaptación en corrales con suplementación y luego, cuando alcanzan unos 230 kilos, ingresan a un sistema de recría pastoril complementado con alimentación adicional.

El modelo combina corral y pastura. Los animales aprovechan durante parte del día las alfalfas y otros recursos forrajeros bajo riego, y luego regresan al corral para completar su alimentación. Para Jorge, esta estrategia también responde al bienestar animal. “Un ternero en un corral es como tener una gallina encerrada”, sostiene.

Tras años de observación, encontró diferencias entre los animales permanentemente confinados y aquellos que pueden pastorear. Por eso eligió un esquema mixto que aprovecha la calidad de las pasturas sin resignar el control nutricional.

Actualmente unas 700 cabezas bovinas forman parte de este sistema de recría pastoril con suplementación. Es el desarrollo más reciente de una historia que comenzó hace cuatro décadas, cuando un joven trelewense acompañó a su padre hacia el Alto Valle sin imaginar que terminaría convirtiéndose en el principal impulsor de un establecimiento ganadero modelo en Río Negro.

Desde entonces pasaron cosechas, podas, alfalfas, sequías y miles de animales. También llegaron oportunidades para cambiar de rumbo. Pero Jorge siempre eligió lo mismo: seguir en el campo, el lugar donde encontró mucho más que un trabajo.

 

Fuente: Diario de Río Negro

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