
La ciudad de Buenos Aires fue fundada el 2 de febrero de 1536 por el español Pedro de Mendoza, quien desembarcó en las costas del Río de la Plata acompañado por 1500 hombres. Pero el intento de instalarse en la zona fracasó rápidamente: los pueblos originarios de la región resistieron el avance de los conquistadores y los obligaron a abandonar la ciudad.
Ulrico Schmidl, un cronista alemán que formó parte de la expedición española, relató y realizó ilustraciones de lo sucedido en esos días.
Cuenta Ulrico Schmidl:
“En esta tierra dimos con un pueblo de indios llamados querandíes. Eran como 2.000 hombres con las mujeres e hijos.
Estos querandíes traían y compartían con nosotros pescado y carne por 14 días sin faltar, hasta que un día no vinieron. Entonces nuestro general Don Pedro de Mendoza despachó a un alcalde acompañado por otros dos que se acercaron a caballo a los querandíes, que se hallaban a 4 millas de nuestro fuerte. Y cuando llegaron a donde estaban los indios, salieron los tres bien escarmentados, teniendo que volver enseguida a nuestro fuerte.
Pedro de Mendoza, nuestro capitán, envió entonces a Diego de Mendoza, su propio hermano, con 300 hombres de a pie y 30 a caballo bien pertrechados. Yo iba con ellos y las órdenes eran tomar presos o matar a todos estos indios querandíes y apoderarnos de su pueblo. Pero cuando nos acercamos a ellos había ya unos 4.000 hombres, porque habían reunido a sus amigos.”
Durante el enfrentamiento, los españoles conocieron las boleadoras y la excelente técnica de los habitantes de las pampas para derribar animales con esa precisa herramienta. Dice Schmidl:
“Emplean unas bolas de piedra aseguradas a un cordel largo del tamaño de las balas de plomo que usamos en Alemania. Con estas bolas enredan las patas del caballo o del venado cuando lo corren y lo hacen caer. Fue con estas bolas que mataron a nuestro capitán y a otros soldados, como que lo vi yo con los ojos de esta cara, y a los que iban de a pie también los voltearon con esas bolas.”
A pesar del triunfo, a fuerza de pólvora y arcabuces, los españoles sufrieron no solo el calor de la temporada, los mosquitos y las zonas empantanadas del terreno, sino la falta de preparación y alimento para sobrevivir en aquella planicie pampeana. Schmidl detalla cómo la expedición se transformó en una historia dramática:
“Así aconteció que llegaron a tal punto la necesidad y la miseria que por razón de la hambruna ya no quedaban ni ratas ni ratones, ni culebras, ni sabandija alguna que nos remediase en nuestra gran necesidad y miseria; llegamos hasta comernos los zapatos y cueros todos”.
Los conquistadores se mantuvieron en Buenos Aires durante un mes, “pasando grandes necesidades”, como describió Schmidl, y resistiendo el asedio de los pueblos originarios, que se unieron para expulsar a los invasores.“Por este tiempo los indios atacaron con fuerza y gran poder a nosotros y a nuestra ciudad de Buenos Aires. Eran unos 23.000 hombres porque contaban con la ayuda de otras naciones como los charrúas y chanás timbúes. Unos trataron de tomar la ciudad por asalto y otros empezaron a tirar con flechas encendidas sobre nuestras casas, cuyos techos eran de paja (menos la de nuestro capitán general que tenía techo de teja) y así nos quemaron la ciudad. Las flechas de ellos son de caña y con fuego en la punta; y una vez prendidas y arrojadas no dejan nada. Con esas flechas nos incendiaron.”
El daño fue mucho mayor porque, además de la aldea, las flechas encendidas también quemaron cuatro de los grandes navíos anclados en el Río de la Plata. Al parecer, el incendio habría ocurrido el 24 de junio de 1536 y marcó el final de la aventura.
Varios españoles consiguieron escapar de la matanza por el mismo lugar por donde llegaron: el agua. Entre ellos Pedro de Mendoza, quien emprendió la vuelta enfermo y no pudo llegar a destino. Murió en altamar el 23 de junio de 1537.

Texto adaptado de “2 de febrero de 1536: primera fundación de Buenos Aires”, Ministerio de Cultura, Presidencia de la Nación.
