domingo, 27 de septiembre de 2026
Mapa español de 1768, trazado en base a un reconocimiento de las islas ordenado por su Gobernador Felipe Ruiz Puente

 

Para la mayoría de los escasos colonos asentados en las Malvinas, el valor estratégico de las islas debía seguramente quedar opacado por las tremendas penurias que debían soportar en su papel de vanguardia de la Corona.

Los testimonios de la época son claros.

En abril de 1768, al requerir auxilios, el gobernador Ruiz Puente describía las cosas de esta manera: “las chozas en que vivimos, prescindiendo de que los temporales que se experimentan bastarán a derribarlas si no se fortifican, aun por si mismas amenazan su total ruyna, y en esta consideración es muy de recelar que algún ventarron nos dege a campo raso. No tienen parte [que] no les duela. El viento y el agua les entra a aquellas y estos como por su casa, y quando tenemos reparada una choza, egecuta la otra por igual remedio”, las personas, andaban “descalzas y desprovenidas de ropas necesarias […]”.

Un año antes, el religioso Fray Sebastián Villanueva, destacado en Soledad, escribía:

“[…] quisiera escrivirle una carta larguissima, dandole noticia de todo lo qe es esta miserable tierra; porque en mi vida he visto, ni es capaz que aiga en todo el mundo tantas desdichas juntas [. . .]. No hay en toda ella un arbolito; la leña que quemamos en una yerba qe tiene una cuarta de al to: las casas en que vivimos, son todas cubiertas de paja […] No le escrivo mas por que se me yelan los dedos [. . .]”.

Es que comenta el historiador L. H. Destéfani- “pėse a las entusiastas descripciones del abate Don Perntty y aún de las optimistas de las primeras épocas de Nerville […] la colonia era bastante misérrima”.

De la treintena de casas – señala el mismo investigador- “sólo merecían ese nombre la del gobernador y su teniente, que eran de piedra”.

A fines de 1767 la población del puerto de Nuestra Señora de la Soledad como rebautizaran los españoles a Puerto Luis- o Puerto Soledad, no llegaba a 120 personas. Entre ellas se contaban los funcionarios civiles y militares, soldados y marinos, dos clérigos, obreros, criados y familias de los colonos; había además -y eran un factor inquietante- varios presidiarios. En ese total, poco menos de 40 eran franceses, que habían quedado allí luego de la partida de Bougainville.

A pesar de todo, la heroica avanzada sobrevivía. Aunque sus lamentos “llovían” hacia Buenos Aires, como apunta R. R. Caillet Bois, Ruiz Puente no se limitó a quejarse: “[. . .] socorrió a todos y en todas partes donde su presencia fue necesaria se halló presente [. . .] tuvo tiempo para hacer levantar un almacén de piedra capaz de admitir la carga entera de una fragata y para construir una batería [. . .] Hacia 1769 […] contaba ya con un cuarto de piedra anexo a la casa del ministro y levantaba otro para el ayudante [. . .] construía una calzada a fin de hacer transitable la colonia en la época de lluvias”. En marzo de 1768 se terminó una precaria capilla.

Por su parte, el establecimiento que los ingleses habían levantado era más “una estación o puerto que una colonia”.

 

 

 

Texto de “Crónica documental de Las Malvinas”

 

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