martes, 29 de septiembre de 2026

La campaña de restauración avanza en distintos puntos de la Comarca Andina luego de los incendios que afectaron grandes superficies de bosque nativo. La meta para esta etapa es plantar 109.100 ejemplares nativos en 127 hectáreas.

Hay lugares de la cordillera donde el paisaje todavía conserva las marcas de los grandes incendios forestales que atravesaron Chubut durante los últimos años. Donde alguna vez hubo bosque, en algunos sectores quedaron troncos quemados, claros abiertos y superficies en las que la recuperación natural avanza lentamente.

Frente a esa realidad, un grupo de instituciones, organizaciones, técnicos, trabajadores, pobladores y voluntarios lleva adelante una tarea que exige paciencia y continuidad; volver a plantar bosque nativo donde el fuego modificó profundamente el paisaje.

La campaña provincial de restauración comenzó durante septiembre y, hasta el momento, ya permitió plantar 32.000 árboles nativos en unas 40 hectáreas de la Reserva Forestal de Uso Múltiple Lago Epuyén.

Pero esa cifra es solamente una parte de un objetivo mucho mayor. Durante septiembre y octubre está prevista la plantación de 109.100 ejemplares nativos en 127 hectáreas distribuidas en diferentes áreas protegidas de la Comarca Andina. El desafío es que más de 100.000 pequeños árboles que hoy necesitan cuidados puedan convertirse, con el paso de los años, en parte nuevamente de los bosques de la región.

Está prevista la plantación de 109.100 ejemplares nativos en 127 hectáreas distribuidas en diferentes áreas protegidas de la Comarca Andina.

Antes de que una planta llegue al suelo existe un trabajo técnico que determina dónde y cómo será plantada. La selección de los sitios no se realiza de manera uniforme. Los equipos analizan el grado de afectación provocado por los incendios, la presencia de especies nativas, la existencia de especies exóticas invasoras y la capacidad que tiene cada ambiente para regenerarse naturalmente.

En algunos lugares la naturaleza puede avanzar por sus propios medios y la intervención humana busca acompañar ese proceso. En otros, en cambio, es necesario intervenir de manera más directa.

Incluso hay sectores donde antes de plantar se deben abrir claros y retirar renovales de pino que aparecieron después de los incendios, para generar condiciones más adecuadas para las especies nativas.

La campaña utiliza especies nativas adaptadas a las condiciones de la cordillera. Entre los ejemplares adquiridos para esta etapa se encuentran aproximadamente 73.000 cipreses de la cordillera, 35.000 coihues y 1.100 alerces, producidos en viveros forestales de la provincia.

La propia Secretaría de Bosques cuenta además desde 2025 con el Vivero Lemú, ubicado en El Maitén, creado con el objetivo de abastecer al Programa de Restauración y alcanzar una producción de hasta 70.000 plantas nativas.

Es decir que detrás de una jornada de plantación hay también una cadena mucho más extensa: producción de plantas, recolección y manejo de semillas, cuidados en vivero, traslado, planificación territorial y finalmente trabajo en el terreno.

El desafío es que más de 100.000 pequeños árboles que hoy necesitan cuidados puedan convertirse, con el paso de los años, en parte nuevamente de los bosques de la región.

Una de las cuestiones más importantes del programa es que la restauración no termina cuando el plantín queda enterrado. La propuesta contempla monitorear las plantaciones a largo plazo, para conocer cómo evolucionan los ejemplares y ajustar las estrategias cuando sea necesario. Esto permite evaluar cuestiones como la supervivencia de las plantas, su crecimiento y los daños que puedan sufrir.

Uno de los problemas que deben contemplarse es el ramoneo producido por animales, motivo por el cual en determinados lugares se utilizan protectores para resguardar los ejemplares jóvenes. La Secretaría de Bosques también trabaja con sistemas de clausura para evitar que el ganado afecte sectores donde existe regeneración natural.

Hay otro aspecto que diferencia a esta campaña; las personas que habitan esos lugares forman parte del proceso. En las Reservas de Uso Múltiple Lago Epuyén y Río Turbio se generaron instancias de participación con comunidades y pobladores que viven o desarrollan actividades en esos territorios.

Esos intercambios permitieron incorporar conocimientos y aportes locales a la planificación de la restauración. En las tareas realizadas recientemente también participaron integrantes de las comunidades Cárdenas-Caucaman y Pulgar-Huentuquidel, además de voluntarios.

Los especialistas determinan qué especies y qué sitios son adecuados, mientras que quienes viven allí conocen de cerca los cambios que atravesó cada lugar, sus características y las necesidades del territorio.

La importancia de recuperar estos bosques no está solamente en volver a ver árboles donde antes había vegetación. Los bosques nativos cumplen funciones fundamentales para los ecosistemas: regulan el agua, protegen los suelos, contribuyen a conservar la calidad del agua, sostienen biodiversidad y permiten la fijación de gases de efecto invernadero.

Por eso, cuando se restaura un área afectada por un incendio, también se intenta recuperar una parte de todos esos servicios ambientales. Y existe una dimensión social que tampoco aparece en las estadísticas.

Las intervenciones abarcan sectores de Cholila, El Maitén, Epuyén, El Hoyo, Lago Puelo y Río Turbio.

Las áreas donde se está trabajando no son territorios vacíos. Son lugares donde viven familias, comunidades y pobladores, donde se desarrollan actividades productivas y turísticas y donde el bosque forma parte de la identidad cotidiana.

La actual campaña forma parte del Programa de Restauración de la Provincia, destinado a recuperar sectores afectados por grandes incendios forestales. El programa trabaja sobre áreas afectadas por incendios de 2015 y 2021, que en conjunto alcanzaron más de 60.000 hectáreas de bosque. Las intervenciones abarcan sectores de Cholila, El Maitén, Epuyén, El Hoyo, Lago Puelo y Río Turbio.

En esta etapa, el trabajo cuenta con el acompañamiento de Fundación Vida Silvestre Argentina y ReforestArg, dentro del proyecto ProCLIM-AR, una iniciativa de cooperación entre Argentina y Alemania orientada al desarrollo de estrategias bajas en carbono y resilientes al clima. También participan otros organismos e instituciones vinculados a la investigación, el ambiente y la producción forestal.

La participación de ReforestArg incorpora además una metodología que busca distribuir los árboles en “bosquetes” o pequeños grupos, intentando reproducir patrones de regeneración que se observan naturalmente en el bosque. Para evaluar los resultados se instalarán parcelas de seguimiento que permitirán conocer cuánto sobreviven y crecen las plantas y qué factores afectan su desarrollo.

Un árbol plantado hoy no significa un bosque recuperado mañana. Entre una planta pequeña y un árbol capaz de formar parte nuevamente de un bosque pueden pasar muchos años. Por eso, la restauración exige continuidad, seguimiento y compromiso de distintas generaciones.

Los 32.000 árboles ya plantados representan una fotografía de lo que se hizo hasta ahora. Los 109.100 ejemplares previstos representan la próxima meta.

Pero el verdadero resultado se medirá mucho más adelante: cuando esos pequeños cipreses, coihues y alerces hayan crecido, cuando sus raíces vuelvan a afirmar el suelo, cuando sus copas comiencen a generar refugio para otras especies y cuando el paisaje empiece, lentamente, a recuperar algo de aquello que perdió frente al fuego.

En la Comarca Andina, la restauración está empezando con miles de árboles. Pero el objetivo final es bastante más grande; volver a construir bosque, recuperar territorio y dejar para las próximas generaciones un paisaje que todavía tiene la posibilidad de renacer.

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