
La crisis es clara y castiga especialmente en el plano social. Los chicos que duermen en la calle, la prostitución y el alcoholismo proyectan sus imágenes claras sobre un escenario conocido para los comodorenses. Una apurada visita de Onganía no permite conceder una audiencia a un grupo de instituciones preocupadas por esta problemática, en 1969.
La ola de violencia que se ha hecho notoria desde la segunda mitad de la década, es otro indicador de que Comodoro Rivadavia paga el precio de haber dejado de ser un pueblito, para convertirse en una ciudad con amplios espacios marginales.
Muchos crímenes de la época se vinculan con situaciones de promiscuidad: un padrastro que asesina a los pequeños hijos de su concubina, un hijo que apuñala al amante de su madre y otras situaciones similares muestran que mientras el costo de vida ha ido en alza por estas tierras, la vida misma se ha depreciado a límites intolerables
Así, la palabra “postergación” es una de las que más suena en la ciudad al final de este período, ante decepciones como las políticas de promoción industrial, que han logrado atraer radicaciones siempre hacia Trelew, pero en Comodoro “el Parque Industrial continúa siendo una piedra fundamental”. Proyectos como el puerto, más allá de esporádicos avances de obra, siguen sin detenidos, mientras la ciudad sigue asomándose con interrogantes hacia el porvenir.
Además, ha comenzado un cambio que por entonces no se hace tan notorio, pero que tendrá profundas implicancias en la ciudad de los últimos 30 años del siglo: Y.P.F. ha adoptado una nueva postura y se inicia la transferencia en venta de las casas a muchos empleados, preparándose el terreno para la incorporación de los campamentos petroleros al Municipio, a principios de la próxima década.
Comodoro ha pasado de la euforia de los contratos y el consumismo del paralelo 42 a la decepción por los beneficios pasajeros, más propicios para oportunistas que para la creación de oportunidades de crecimiento.
Fragmento del libro “Crónicas del centenario”
