Desde julio se detecta una mortandad inusual tanto de ballenatos como de ejemplares adultos en las aguas patagónicas. Estudian los efectos de una bacteria y de la “marea roja”

Cada año, más de 1.000 ballenas francas australes llegan desde aguas frías próximas a la Antártida a los golfos de Península Valdés, en la provincia argentina de Chubut, donde encuentran condiciones más amables para reproducirse y criar a sus ballenatos. Entre mayo y diciembre conforman el paisaje de la costa patagónica, dando saltos o haciendo emerger la cola del agua, muy cerca de la orilla. Si bien cada año unos pocos ejemplares aparecen muertos en la costa, la multiplicación de los casos ha generado alerta entre los científicos, que anticipan que este será un año de mortandad récord.
Aunque tanto los científicos como las autoridades de la provincia de Chubut evitarán dar una cifra de ballenas muertas hasta que termine la temporada —extraoficialmente se habla de más de 300—, ya anticipan que en número podría superar los registros más altos disponibles hasta el momento. El Monitoreo Sanitario Ballena Franca Austral en Península Valdés, que realiza el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) desde 2003, muestra el pico de mortandad de crías en 2012, cuando se registraron 113 ballenatos muertos y el pico de ejemplares adultos varados en la costa en 2022, cuando fueron 28 adultos.
Según explica Mariano Coscarella, investigador del Laboratorio de Mamíferos Marinos del Centro para el Estudio de Sistemas Marinos, este año se han encontrado tanto cuerpos de crías como de ejemplares juveniles o adultos, algo que ocurre con menos frecuencia. El biólogo precisa que esto responde a dos fenómenos distintos.
En el caso de los ballenatos, está comprobado que las muertes se relacionan con una bacteria llamada Erysipelothrix rhusiopathiae, asociada a casos de erisipela, una infección que puede provocar una enfermedad sistémica grave. “Es una bacteria que vive en la piel de la ballena y puede ingresar por heridas, como picaduras de gaviotas, o por la ingesta de alimentos. No sabemos en esta ocasión cuál fue la vía de entrada, pero sabemos que fue altamente patógena para los cachorros”, apunta el biólogo.

En el caso de los ejemplares adultos, la causa de las muertes permanece bajo estudio, aunque se sospecha que podría tratarse de una floración algal nociva, conocida habitualmente como “marea roja”, que produce toxinas que, en ciertas condiciones, pueden causar la muerte de ballenas y otras especies de la fauna marina. Es un fenómeno habitual, que responde a una combinación de factores climáticos y ambientales y que ya estuvo detrás del pico de mortalidad de 2022.
Según informó el gobierno provincial, en el marco del Programa de Monitoreo Sanitario liderado por la veterinaria Marcela Uhart, de la Universidad de California en Davis (UC Davis), se están realizando necropsias y tomas de muestras para análisis científicos y microbiológicos. “A las muestras tomadas en los ejemplares hallados, se sumará de manera progresiva y por etapas un esquema de muestreo de agua y moluscos en ambos golfos (Nuevo y San José)”, precisó.
“Son todas situaciones que ya hemos visto”, apunta Víctor Fratto, licenciado en gestión ambiental y uno de los profesionales a cargo de las necropsias en el Programa de Monitoreo Sanitario. “En 2016 la doctora Carla Fiorito ya había identificado la muerte en un ballenato por esta bacteria acá mismo y han muerto de erisipela cetáceos en Países Bajos, Reino Unido, California”, detalla Fratto, que explica que afecta más a los jóvenes que a los adultos por el menor desarrollo de sus sistema inmune.
Los científicos comenzaron a registrar la mortandad inusual ya en julio, incluso antes de que empezara a ser un tema de conversación entre vecinos y turistas. Analizaron la posibilidad de que se hubiera producido un cambio en el método de producción de alguna empresa de la zona o de que se hubiera instalado una nueva fábrica, pero, según precisa Coscarella, no encontraron evidencias directas de que alguna acción humana haya provocado la mortalidad. “Esto no significa que cuestiones globales como el cambio climático o el propio fenómeno meteorológico de El Niño no hayan afectado las condiciones oceanográficas que permiten que la bacteria se haya desarrollado así”, completa.
Cuando una ballena aparece varada en la costa, el protocolo de la Red de Fauna Costera, dependiente de la Dirección de Flora y Fauna de Chubut, establece cómo actuar. Si el cuerpo está en una zona alejada o sin acceso, se deja en el lugar. Si, en cambio, aparece en una playa concurrida, se lo retira con maquinaria pesada lo más rápido posible para evitar los problemas sanitarios que podrían generar 50 toneladas de carne en descomposición y se lo entierra.
De acuerdo con el relevamiento que realiza desde 1999 el Laboratorio de Mamíferos Marinos, que funciona en la ciudad de Puerto Madryn dentro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), la población de ballenas que visita la Península Valdés, el mayor santuario de la ballena franca austral en Sudamérica, ha ido en permanente aumento. De las alrededor de 500 ballenas que se registraban a fines de los noventa (incluidas unas 100 crías), la cifra ha crecido hasta alcanzar este año los 1.375 ejemplares (409 crías). El pico máximo se registró en la temporada de 2025, con 2.110 ballenas (816 crías). Esta especie, que un siglo atrás estuvo al borde de la extinción por la caza comercial, hoy está protegida como Monumento Natural Nacional y atrae a decenas de miles de turistas de todo el mundo cada año.
“La ballena franca austral es una especie longeva, cuyos individuos alcanzan la madurez reproductiva en su mayoría a los nueve años de vida. Por eso, las consecuencias para la población de un evento de mortalidad en un sitio no son inmediatas ni pueden dimensionarse a partir de cifras aisladas, sino que deben analizarse a escalas temporales y espaciales amplias”, indicó en un comunicado el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB). Del mismo modo que las autoridades gubernamentales, llamaron a respetar los tiempos científicos para lograr comprender el problema y sus posibles efectos en el tiempo.
Fuente: El País
