Arcioni ya tiene el traje nuevo del emperador

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Mariano Arcioni busca mostrarse como un líder de masas (o de Massa) al que la población lo sigue por su carisma, convicciones y capacidad para sacar a la provincia de la quiebra y convertirla en una región pujante y productiva.

Con miles de millones de pesos destinados a la publicidad oficial y mediante gacetillas de prensa mentirosas, difundidas y amplificadas con entusiasmo, el gobierno presenta a Arcioni como un Marco Antonio Solis chubutense, al que las mujeres aclaman y siguen de a miles.

La información oficial publicada este lunes por la mayoría de los medios pagos de la provincia destacan que Arcioni realizó un acto para más de una 1800 mujeres comodorenses , quienes coparon el Parque Saavedra para gritar por el gobernador.

Para analizar este acto multitudinario primero debemos analizar el aforo del lugar donde estalló el delirio de las chicas arcionistas. Según la página oficial de Parque Saavedra, en el salón caben un máximo de 1000 personas aunque el gobierno asegura que hubo al menos 800 más. Evidentemente hubo en la gacetilla un ataque  inflacionario o unas 1000 mujeres siguieron los acontecimientos fuera del salón, desde el hermoso parque que tiene el lugar.

 

Según la gacetilla oficial, el gobernador, ante ese público fervoroso, afirmó que «estamos de pie y lo hemos demostrado todo este tiempo». A decir verdad, las aproximadamente 800 mujeres que asistieron en un evento gastronómico, organizado con buena comida y bebida, tuvieron la posibilidad también de participar en sorteos de regalos (televisores, cocina a gas, hornos eléctricos y lavarropas), atenciones y shows de destacados artistas locales. En definitiva, las invitadas y seleccionadas al acto comieron, bebieron, disfrutaron de buenos cantantes y recibieron interesantes y generosos regalos.

Algunas fuentes consultadas por La Voz de Chubut confirman que detrás de la organización del evento estuvieron los inefables Rafael, Fernando y Fabio Cambarieri,  experimentados y hábiles operadores que buscan subirle la autoestima a Don Mariano y convencerlo de que es un líder único al que las multitudes lo aclaman. Al parecer Arcioni quedó temeroso de participar de actos públicos luego de los insultos y silbidos recibidos durante el aniversario de Puerto Madryn, motivo por el cual no asistió a los aniversarios de Gaiman, Rawson, Camarones ni Trelew.

El gobernador Mariano Arcioni está rodeado de un séquito de aduladores que le cuentan y muestran una realidad que él desea escuchar pero que está muy apartada de la que vive la sociedad a diario. Esta situación se asemeja mucho a la que ocurre en el magistral cuento “El traje nuevo del emperador”, del escritor danés Hans Christian Andersen, que compartimos a continuación:

Había una vez un emperador al que le encantaban los trajes. Destinaba toda su fortuna a comprar y comprar trajes de todo tipo de telas y colores. Tanto que a veces llegaba a desatender a su reino, pero no lo podía evitar, le encantaba verse vestido con un traje nuevo y vistoso a todas horas. Un día llegaron al reino unos impostores que se hacían pasar por tejedores y se presentaron delante del emperador diciendo que eran capaces de tejer la tela más extraordinaria del mundo.

– ¿La tela más extraordinaria del mundo? ¿Y qué tiene esa tela de especial?

– Así es majestad. Es especial porque se vuelve invisible a ojos de los necios y de quienes no merecen su cargo.

– Interesante… ¡entonces hacedme un traje con esa tela, rápido! Os pagaré lo que me pidáis.

Así que los tejedores se pusieron manos a la obra.

Pasado un tiempo el emperador tenía curiosidad por saber cómo iba su traje pero tenía miedo de ir y no ser capaz de verlo, por lo que prefirió mandar a uno de sus ministros. Cuando el hombre llegó al telar se dio cuenta de que no había nada y que lo que los tejedores eran en realidad unos farsantes pero le dio tanto miedo decirlo y que todo el reino pensara que era estúpido o que no merecía su cargo, que permaneció callado y fingió ver la tela.

– ¡Qué tela más maravillosa! ¡Qué colores! ¡Y qué bordados! Iré corriendo a contarle al emperador que su traje marcha estupendamente.

Los tejedores siguieron trabajando en el telar vacío y pidieron al emperador más oro para continuar. El emperador se lo dio sin reparos y al cabo de unos días mandó a otro de sus hombres a comprobar cómo iba el trabajo.

Cuando llegó le ocurrió como al primero, que no vio nada, pero pensó que si lo decía todo el mundo se reiría de él y el emperador lo destituiría de su cargo por no merecerlo así que elogió la tela.

– ¡Deslumbrante! ¡Un trabajo único!

Tras recibir las noticias de su segundo enviado el emperador no pudo esperar más y decidió ir con su séquito a comprobar el trabajo de los tejedores. Pero al llegar se dio cuenta de que no veía nada por ningún lado y antes de que alguien se diera cuenta de que no lo veía se apresuró a decir:

– ¡Magnífico! ¡Soberbio! ¡Digno de un emperador como yo!

Su séquito comenzó a aplaudir y comentar lo extraordinario de la tela. Tanto, que aconsejaron al emperador que estrenara un traje con aquella tela en el próximo desfile. El emperador estuvo de acuerdo y pasados unos días tuvo ante sí a los tejedores con el supuesto traje en sus manos.

Comenzaron a vestirlo y como si se tratara de un traje de verdad iban poniéndole cada una de las partes que lo componían.

– Aquí tiene las calzas, tenga cuidado con la casaca, permítame que le ayude con el manto…

El emperador se miraba ante el espejo y fingía contemplar cada una de las partes de su traje, pero en realidad, seguía sin ver nada.

Cuando estuvo vestido salió a la calle y comenzó el desfile y todo el mundo lo contemplaba aclamando la grandiosidad de su traje.

– ¡Qué traje tan magnífico!

– ¡Qué bordados tan exquisitos!

Hasta que en medio de los elogios se oyó a un niño que dijo:

– ¡Pero si está desnudo!

Y todo el pueblo comenzó a gritar lo mismo pero aunque el emperador estaba seguro de que tenían razón, continuó su desfile orgulloso.

 



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