
En una moto Jawa, con la sotana al viento, anda el cura Juan Corti de arriba para abajo, va de un lado a otro desde que decidió, en 1952, establecerse definitivamente en Comodoro Rivadavia para cumplir con el mandato de San Juan Bosco: evangelizar en la Patagonia.
Habla con los canillitas y los chicos que andan en la calle, hace correr la voz entre las familias pobres de que, además de los encuentros en el oratorio, dará clases para los niños. Primero en los cursos de verano. En 1957, preocupado por la cantidad de chicos de barrio Pietrobelli que no tienen asiento en las escuelas, habla con la comisión del club Tiro Federal y en un salón las chicas de 5º año del colegio María Auxiliadora, hacen sus prácticas docentes con 40 chicos; al año siguiente la inscripción supera los 350 alumnos.
El salesiano necesita un edificio propio y comienza a construir el colegio Santo Domingo Savio, para dar educación a los niños pobres de la zona Oeste, con 34 presos hace la obra, que se inaugura el 9 de agosto de 1970.
Por cuestiones de salud, Juan Corti se retira de la Dirección del colegio y cuando regresa la realidad es otra, diferencias con los superiores de la Orden Salesiana en Comodoro Rivadavia, lo alejan de la institución.
El cura no afloja y, aunque deja el colegio, sueña con otras obras y así surgen las escuelas Ceferino Namuncurá, Juan XXIII, Don Bosco y la escuela de artes y oficios San José Obrero, en un lapso de 45 años.
Planifica la ubicación de cada escuela con otros objetivos. “Ponerlas más allá de la línea de casas porque hasta la escuela tenían que llevar agua y luz… y así los vecinos también iban a tener el servicio”¹.
Las actividades que realiza Juan Corti para lograr sus obras tienen grandes colaboradores, aun que un sector de la comunidad realiza serios cuestionamientos por las metodologías que emplea en algunos casos, de todos modos el cura avanza con sus proyectos, a pesar de los problemas que tiene.
En 1989, está involucrado con una estafa a la Dirección General Impositiva por cien millones de dólares. Juan Corti está detenido por orden de un juez y el Obispado, “tratándose de un sacerdote que está al servicio de la Diócesis, ha ofrecido una caución real para apoyar el pedido de eximición de prisión” y el terreno de la ex Casa del Niño se pone a disposición de la Justicia como garantía para lograr la libertad del sacerdote. Por esa causa se realizan más de 100 allanamientos y están involucrados el presidente de la inexistente fundación Juan XXIII y el director de la D.G.I. “Fue un período muy triste porque perdió todo lo que había hecho”.
No es ésta la única dificultad que debe superar, nuevos problemas de salud intentan doblegarlo, pero el cura resiste y avanza. Otro duro golpe recibe en 1995 cuando un incendio destruye parte del colegio Juan XXIII y la capilla Cristo Trabajador, edificios que logra reconstruir y es más, avanza con la obra de la escuela de Artes y Oficios gracias al grupo de colaboradores que tiene en Comodoro Rivadavia y en Galbiate, el pueblo italiano donde nació.
Fragmento del libro “Crónicas del centenario”
