Radicado desde hace años en Puerto Madryn, el arquitecto esquelense Mauricio Oporto se convirtió en uno de los impulsores de una propuesta arquitectónica innovadora que transforma juegos como el Cubo Rubik, Tetris, Jenga y Dominó en edificios reales. Junto a su estudio, logró desarrollar un concepto propio, reconocido por su creatividad, funcionalidad y creciente repercusión nacional e internacional.
Hay quienes diseñan edificios y quienes buscan, además, que esos edificios cuenten una historia. En el caso del arquitecto esquelense Mauricio Oporto, la arquitectura encontró una fuente de inspiración poco habitual; los juegos.
El Cubo Rubik, el Tetris, el Jenga y próximamente el Dominó dejaron de ser simples objetos de entretenimiento para convertirse en edificios de gran escala que hoy forman parte del paisaje urbano de Puerto Madryn.
Detrás de esas obras se encuentra el arquitecto nacido en Esquel, quien desde hace años reside y desarrolla su actividad profesional en la ciudad costera, donde junto a la arquitecta Josefina Diez consolidó el estudio Oporto Diez Arquitectos.
Con alrededor de dos décadas de trayectoria profesional, el estudio logró construir en los últimos años una identidad propia dentro de la arquitectura patagónica, apostando por diseños que buscan romper con la monotonía de los edificios tradicionales.

Mauricio Oporto es oriundo de Esquel, aunque su carrera profesional quedó estrechamente vinculada a Puerto Madryn. Recién recibido como arquitecto, decidió radicarse en la ciudad costera, atraído por el crecimiento urbano y las posibilidades de desarrollo que comenzaba a ofrecer una de las localidades de mayor expansión de la Patagonia.
Durante los primeros años trabajaron desarrollando proyectos para terceros. Sin embargo, aproximadamente una década atrás decidieron dar un paso más: dejar de ser solamente proyectistas para involucrarse integralmente en sus propios desarrollos.
La decisión implicó asumir todas las etapas de un emprendimiento: desde la idea y el diseño arquitectónico hasta la construcción y comercialización. Con el tiempo, aquel estudio inicial comenzó a crecer y a incorporar nuevos profesionales, arquitectos jóvenes y colaboradores especializados en distintas áreas técnicas.
La gran particularidad de la obra de Oporto surgió a partir de una búsqueda creativa; encontrar un lenguaje arquitectónico que pudiera diferenciar sus proyectos. Así nació el concepto que hoy define gran parte de su trabajo: Arquitectura Lúdica.

La idea consiste en tomar juegos universalmente conocidos y trasladar su lógica visual y estructural a edificios reales. El primer gran proyecto fue QUBE, una construcción residencial de ocho pisos inspirada en el Cubo Rubik. A partir de allí surgió una pregunta que terminaría impulsando toda una serie de obras: ¿qué otros juegos podían transformarse en arquitectura?
La respuesta llegó con TETRIS. El edificio reproduce la lógica de las piezas geométricas del histórico videojuego, utilizando volúmenes que parecen encastrarse y desplazarse entre sí. Pero para Oporto, el desafío nunca fue únicamente estético. La intención era demostrar que una arquitectura disruptiva también podía ser funcional.
Uno de los principios que sostiene la propuesta del arquitecto es que la innovación formal debe tener un sentido práctico. Los desplazamientos de los volúmenes no son solamente un recurso visual; en muchos casos permiten generar terrazas, espacios exteriores, mayor ingreso de luz natural y departamentos con características diferentes entre sí.
Oporto ha sostenido que la arquitectura debe estar al servicio de las personas y que un diseño pierde sentido si no logra mejorar la forma de habitar un espacio. Esa idea se convirtió en uno de los pilares de su trabajo: utilizar la creatividad para generar edificios visualmente diferentes, pero sin resignar funcionalidad.

Los grandes voladizos y piezas desplazadas requieren un trabajo técnico mucho más complejo que el de un edificio convencional, obligando al estudio a desarrollar modelos tridimensionales y soluciones estructurales específicas para cada proyecto.
Si QUBE fue el inicio de la búsqueda, TETRIS se convirtió en uno de los proyectos que mayor repercusión generó. Ubicado en Puerto Madryn, el edificio llamó rápidamente la atención por su diseño inspirado en las piezas del popular videojuego.
La propuesta trascendió la arquitectura tradicional cuando su fachada fue utilizada como escenario para intervenciones de video mapping. Durante diferentes jornadas, imágenes, luces y animaciones tridimensionales transformaron el edificio en una enorme pantalla urbana. La experiencia incluyó además música y artistas realizando intervenciones sobre la fachada, generando un espectáculo abierto que llamó la atención de vecinos y turistas.
El proyecto fue desarrollado junto a especialistas en arte digital y producción visual, mientras que Oporto participó desde la logística y la articulación general de la propuesta arquitectónica.
La intervención realizada sobre TETRIS logró trascender las fronteras de la Patagonia. Según publicaciones recientes, el mapping desarrollado sobre el edificio obtuvo un reconocimiento internacional al ser premiado como Mejor Intervención Artística en un concurso digital realizado en China.
Además, la propuesta fue seleccionada en el concurso de Arte y Tecnología 2025 del Fondo Nacional de las Artes. Si bien el reconocimiento corresponde específicamente a la intervención artística y audiovisual desarrollada sobre el edificio, la arquitectura de TETRIS fue el soporte central que permitió concretar aquella experiencia.
De esta manera, una obra nacida de la imaginación de un arquitecto esquelense terminó vinculando arquitectura, tecnología, arte digital y espectáculos urbanos con proyección internacional.

JENGA, un edificio residencial en barrio sur que juega con los desplazamientos, las terrazas abiertas, los vacíos y los volúmenes, ofreciendo una experiencia visual y residencial completamente disruptiva.
Luego del Cubo Rubik y el Tetris, el siguiente desafío fue trasladar la lógica del juego Jenga a un edificio. El resultado fue JENGA, una construcción que utiliza grandes bloques desplazados y volúmenes que parecen desafiar la gravedad. El edificio propone una composición basada en piezas que se apilan y sostienen en equilibrio, pero detrás de esa imagen existe un importante trabajo funcional.
Cada desplazamiento responde a la búsqueda de mejores visuales, terrazas, iluminación y espacios de expansión para quienes habiten el edificio. Algunos de sus volúmenes presentan importantes voladizos, convirtiendo al proyecto en uno de los desafíos técnicos más importantes de la saga arquitectónica.
Paralelamente al desarrollo de los edificios inspirados en juegos, Oporto y su equipo también trabajan en otros proyectos. Uno de ellos es RESTINGA, un edificio residencial de diez pisos ubicado sobre avenida Gales, en Puerto Madryn. A diferencia de QUBE, TETRIS y JENGA, esta obra no forma parte estrictamente de la saga de Arquitectura Lúdica. Sin embargo, representa otra de las apuestas importantes del estudio y demuestra que el trabajo de Oporto no se limita exclusivamente a los conceptos inspirados en juegos.
El próximo proyecto anunciado por Mauricio Oporto es DOMINÓ, un edificio que combinará locales comerciales y oficinas. La intención será continuar con la idea de llevar juegos tradicionales a una escala arquitectónica. Para el arquitecto esquelense, el desafío consiste en seguir demostrando que lo disruptivo puede convivir con la funcionalidad.
La propuesta ya despertó interés en medios nacionales y especializados en arquitectura y desarrollos inmobiliarios.
Uno de los conceptos que Mauricio Oporto ha repetido en distintas entrevistas es su intención de que “la arquitectura hable por sí sola”. La frase resume buena parte de su filosofía profesional. Sus edificios buscan ser reconocibles sin necesidad de grandes explicaciones.

La arquitectura se transforma así en parte del paisaje urbano, pero también en una experiencia cultural. Las personas no solamente habitan o trabajan dentro de los edificios: los observan, los fotografían, los reconocen y los incorporan como referencias de la ciudad. En ese sentido, el impacto de la propuesta trasciende el mercado inmobiliario.
“Lo que hacemos tiene un plus tratando de mostrar una impronta distinta”, explicó Oporto en una entrevista, destacando también la posibilidad de utilizar la arquitectura como escenario para expresiones artísticas y culturales.
Desde Esquel hasta Puerto Madryn, Mauricio Oporto construyó una carrera marcada por la búsqueda de una identidad propia. Su recorrido pasó de los proyectos tradicionales al desarrollo de emprendimientos propios y, finalmente, a la creación de un concepto arquitectónico que hoy comienza a trascender la región.
Junto a Josefina Diez y el equipo de Oporto Diez Arquitectos, logró convertir una idea aparentemente simple —llevar los juegos a la arquitectura— en una serie de edificios reconocibles y técnicamente complejos.
QUBE, TETRIS, JENGA y próximamente DOMINÓ forman parte de un camino que continúa creciendo. Y detrás de esa propuesta se encuentra un profesional nacido en Esquel que decidió radicarse en Puerto Madryn y encontró allí el escenario para desarrollar una arquitectura diferente.

