jueves, 29 de febrero de 2024
Estación del ferrocarril de Dolavon. Foto Celso Rey García

Marcelo Lubik nació en Koluel Kayke, provincia de Santa Cruz, el 9 de mayo de 1923. Trabajó en el ferrocarril desde el año 1944, en Puerto Deseado, donde ingresó como peón. En 1947 se trastada a Punta Rieles (Alto Las Plumas) donde realiza diversas tareas hasta el año 1951, que se va a Las Chapas Viejas como jefe de estación y en septiembre de ese mismo año pasa a desempeñarse como jefe de la estación de Dolavon.

Vivía en las casas de chapa que estaban cerca de la estación, donde nació su hija Yolanda.

El tren venía de Puerto Madryn y cambiaba de maquinista e iba hasta Las Plumas, allí esperaban hasta el otro día que salía nuevamente.

En Punta Rieles vivían 7 u 8 familias. En Las Chapas Viejas había más movimiento porque se estaba construyendo el dique Florentino Ameghino y se llevaban y traían obreros.

La gente que trabajaba en el ferrocarril era: Jesús García; Scandroglio; Enrique y Alberto Davies; Molina; Aneiryn Williams; Carlos Weise y tantos otros.

El tren transportaba desde Las Plumas leña, estaban los carreros que traían palos de molle y generalmente también se cargaba de lana. En la Laguna Grande levantaban algarrobo y en Villegas piedra caliza. Caolín y cal viva en tambores (el caolín se mandaba de Villa Luro a la fábrica Losadur de Villa Adelina)

Se sacaba agua de la Boca de la Zanja y desde allí se llevaba a distintas paradas hasta llegar a Altos Las Plumas.

De Dolavon se despachaba pasto (familia Blanco y Hughes) papas, semillas de alfalfa, garbanzo, carne (familias Mac Karthy y Hompanera) leche (familia de Cynlas Davies), manteca, queso y verduras que compraba Bonavía a los chacareros para luego despacharlo.

Todo venía en vagones grandes hasta el tren y luego desde Madryn a través del puerto a todos lados. En aquel entonces, en Dolavon y Las Chapas se despachaba nafta en surtidor, pero en el Dique era a través de tanques que eran llevados por el tren.

“En 1961 se levantó definitivamente el ferrocarril y yo abrí una carnicería”, cuenta Máximo Lubik.

Entre las anécdotas del entrevistado en sus años de trabajo como empleado del ferrocarril, hay una por demás interesante: “En la Boca de la Zanja, había escaso movimiento de trenes y mi antecesor en el cargo, Don Enrique Spencer Davies, jamás habilitaba la ventanilla para vender boletos”.

“Cuando yo me hice cargo, traté de cumplir con el reglamento ferroviario y 35 minutos antes de la llegada del tren, abría la ventanilla. En una oportunidad un pasajero (peón de una calera cercana) solicitó un boleto para Trelew. Yo le dije que debía pasar por ventanilla y seguí haciendo mis tareas. Al rato escucho un jadeo, una respiración agitada, al ver qué pasaba encuentro al pasajero con medio cuerpo metido en la ventanilla. Le pregunté qué estaba haciendo y el tipo me retruca: “¿Cómo, no me dijo que pasara por la ventanilla? Como tenía el cuero atascado lo ayudé a salir”, recordó Lubik.

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2 comentarios

  1. Carlos José d'Hiriart on

    Mi abuelo paterno, José María d’Hiriart, fue Jefe de Vías y Obras, trabajó en Dolavon en el ferrocarril, en los años 20. Allí conoció a mi abuela, María Luisa Labat y se casaron. Después de recorrer varias provincias, terminaron en Tucuman.

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