jueves, 29 de febrero de 2024

Según consta en las actas fue fundado el 25 de noviembre de 1944, existiendo el Decreto N° 6439 firmado por el general Juan Domingo Perón, autorizando el funcionamiento de esta institución. Nació en una de las tantas reuniones y conversaciones que tenían en distintos lugares de la ciudad, principalmente en el Bar Español, donde diariamente se juntaban los entusiastas Antonio Rodríguez, Matías y Rafael Jiménez, José María Gómez, Euclides Moré, Agustín y Miguel Galleastegui, Sebastián “Chano” Garagarza, Enrique Oreste, “Mimo” Trespaihile, Alberto Garate y Federico Rojas.

Las tierras para la “cancha de aterrizaje”, como se la denominaba anteriormente a los aeródromos, fueron cedidas por don Antonio Gallastegui el 14 de enero de 1946. Y el 22 de febrero de 1947 se obtiene la habilitación del Aeródromo Público de Cuarta Categoría.

Con un avión modelo 1928, bipolar, motor radial, el Aeroclub inicia el primer curso de aviadores a principio de 1948, obteniendo desde allí hasta 1954 la licencia de los siguientes pilotos: Matías Giménez, Sebastián Garagarza, Enzo Gianonni, Luis María Gómez, Antonio Rodríguez Ríos, Miguel Galleastegui, Rafael Giménez, Enrique O. Trespailhie, Gino Ghirardelli, Miguel Rodríguez, Euclides Moré, Agustín Galleastegui, Juan Meisen Ebene, Roberto Fraile, Manuel Rodríguez Ríos, Luis M. Feijoo, Antonio Pedro Garagarza, Francisco Zanabra y Antonio Caddeo.

Los instructores que recuerdo fueron Leopoldo B. Alcayaga, Norberto Altamirano, Juan Jorge Boelter, Agustín Brebbia y José Valente. Y los mecánicos “Papo” de Marchi, Ventoso y Adino Fratessi.

La actividad llegó a ser muy importante en el pueblo donde se organizaban festivales con acróbatas invitados y se realizaban los bautismos en forma gratuita para quienes deseaban volar por primera vez.

También cumplía una tarea humanitaria dentro de la comunidad porque a los pocos años de estar funcionando disponía de un avión especial sanitario que trasladaba a los enfermos a Capital Federal.

Yo tuve la suerte de hacer el curso y obtener el brevet de aviador en 1954 junto a “Tono” Gagarza y Antonio Caddeo. El instructor de vuelo fue Norberto Altamirano, suboficial retirado de la Fuerza Aérea.

Anécdotas de esa época sobran, por ejemplo, cuando como alguien de los pocos que tenían vehículos nos llevaba hasta el aeródromo y luego no podían, o se olvidaban de ir a buscarnos y teníamos que regresar caminando o girar con el avión sobre el pueblo para que alguien nos fuera a buscar, que generalmente era “Chano” Garagarza, uno de los primeros pilotos a quien su madre, Doña María, le recomendaba: “tené cuidado, no andes muy alto”. A veces antes de la actividad había que sacar los caballos que estaban en la pista o tapar los hormigueros o colaborar en la construcción de los hangares y limpiarlos. Y aquel primer vuelo sólo cuando la cabecera de la pista se bajó el instructor y dijo “bueno dale nomás”, confieso que uno no sabe si es la emoción, miedo o alegría, pero sí puedo asegurar que dentro del Piper PA-11 llegué a transpirar en ese despegue de vuelta de pista y posterior aterrizaje. Los demás muchachos contentos cuando bajé de la máquina, porque al que realizaba el primer vuelo sin el instructor le correspondía pagar el asado.

Fragmento del libro “Puerto Madryn 1940 y tanto…”, de Pancho Sanabra

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