jueves, 5 de octubre de 2023

Los tres premios Nobel científicos argentinos (2 de medicina y uno de química) más uno que se lo merecía como nadie, fueron hijos o nietos de inmigrantes, con una mayoría provenientes de hogares sin recursos económicos. Todos estudiaron en universidades públicas. Todos comenzaron su formación después de recibidos en institutos públicos.

Bernardo Houssay -Nobel de Medicina en 1947- era hijo de inmigrantes franceses y se recibió de médico en la Universidad Nacional de Buenos Aires -UBA-. Se formó en el Instituto Público Malbrán.

Federico Leloir -Nobel de Química en 1970- era nieto de españoles. Se recibió de Médico y bioquímico en la UBA. Comenzó su carrera científica como investigador en dicha universidad pública.

César Milstein -Nobel de Medicina en 1984- era hijo de inmigrantes rusos judíos. Se recibió de Químico en la UBA. Fue Director de la División de Biología Molecular del Instituto Nacional de Microbiología.

René Favaloro -creador de la Fundación Favaloro- era hijo de inmigrantes italianos. Se recibió de Médico en la Universidad Nacional de La Plata y fue médico rural en un pueblo de La Pampa.

De estos cuatro grandes nombres de la ciencia argentina del siglo XX, todos estudiaron en universidades públicas y salvo Leloir, los otros tres eran de familias de inmigrantes de escasos recursos.

Pero todos comenzaron su carrera científica en universidades públicas y la continuaron en institutos públicos.

Si tomamos como ejemplos a estos grandes argentinos, y si suponemos que en su época estas universidades hubieran estado aranceladas y que no hubieran existido institutos científicos públicos, nos estaríamos haciendo estas grandes preguntas:

¿Argentina hubiera tenido tres premios noveles científicos?

¿Argentina hubiera tenido una Fundación Favaloro?

¿Argentina hubiera logrado el desarrollo de tecnologías de punta como la nuclear o la satelital?

Sobre los logros científicos-tecnológicos del Siglo XX

Argentina ha tenido logros en el siglo pasado comparables a los de las grandes potencias mundiales. Veamos particularmente dos.

Con la inauguración de la planta de enriquecimiento de uranio en Pilcaniyeu (en la provincia de Río Negro), Argentina logró cerrar el ciclo del átomo, hazaña que solo unos pocos países del mundo lograron.

Esto fue el equivalente en el campo científico lo que se logró en el campo tecnológico: la materialización de tres grandes centrales nucleares (Atucha I y II y Embalse) y la ejecución y exportación de tecnología nuclear.

Todo esto no podría haber existido sin la Comisión Nacional de Energía Atómica -CNEAmilagrosamente mantenida como Política de Estado durante varias décadas. Y junto con la CNEA diversas empresas e instituciones científicas y tecnológicas de primer nivel mundial: el Instituto Balseiro, INVAP y otros, con desarrollo en campos tan disímiles como la medicina nuclear, la descontaminación de residuos sólidos, el manejo de plagas y de microrganismos de enfermedades, la industria farmacéutica, como asimismo lograr exportar reactores nucleares de menor tamaño para producción de energía e investigación.

Y en el campo de la ingeniería satelital, Argentina ha logrado otra hazaña como es la decolocar satélites en las orbitas llamadas geoestacionarias a 36.000 km de altura. Lo que nos coloca en el selecto círculo de países con desarrollo de estas tecnologías, que son los que a su vez definen quienes van a utilizar las mencionadas órbitas.

Y quiénes son? Los EEUU con la conocidísima NASA, la Unión Europea, los chinos, los rusos y … ¡nosotros!

Pero no podría haber reactores nucleares, satélites, radares ni otras lindezas tecnológicas sin antes haber capacitado científicos y técnicos de eximia formación en institutos, universidades y academias desde el Estado Nacional. Quiénes luchando contra vientos y mareas, con tesón, patriotismo y gran soledad, impulsaron estas actividades durante largas décadas.

Nuestro homenaje a las universidades públicas y sus institutos de investigación, y a los científicos que batallaron por una ciencia y una tecnología de índole nacional, verdaderos y anónimos héroes que cumplieron y cumplen un rol clave en el desarrollo de este, nuestro gran país.

Por Juan Luis Gardes, Ingeniero Civil – Universidad Nacional del Sur, para El diario de Río Negro

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