En la memoria: a 27 años de la “Nevada del Siglo”

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Para algunos, la nieve comenzó a las 21 horas, otros la registran a partir de las 23 horas. Lo cierto es que la “Nevada del Siglo” marcó a una generación entera que vivió ese día como nunca se ha vuelto a vivir en Río Gallegos.

La noche del 26 de julio de 1995 nada hacía parecer que ese sería un episodio histórico para los santacruceños que, desde donde estaban, nunca olvidarán cómo fue esa jornada.
Fueron muchos inconvenientes en medio de un temporal que tuvo una sensación térmica que alcanzó los 22 grados bajo cero. Voladeros de nieve cubrieron autos, bloqueando calles de la ciudad y el tránsito de vehículos se tornó complicado.

No funcionaron bancos y la mayoría de los vecinos permaneció en su domicilio, mientras los pequeños de la familia construían muñecos de nieve.
“Los habitantes comenzaron preocuparse cuando, en las primeras horas de la mañana de ayer, quienes debían concurrir a sus tareas habituales advirtieron las dificultades a poco de salir de sus domicilios”,

Nicolás Chaile trabajaba como operario en las locomotoras que traían carbón desde Río Turbio.
No estaba en los pronósticos previos, ni del miércoles 26 ni del jueves 27 de julio, pero, junto a la erupción del volcán Hudson en 1991, fue uno de los acontecimientos más importantes de esa década en la provincia.
No por nada se la conoce como la “Nevada del Siglo” y si bien algunos llegaron a decir que hubo épocas en que nevaba mucho más, lo cierto es que fue una de las que más terminó afectando a la provincia desde que dejó de ser territorio.
El impacto fue tal que se sintió en el ámbito comunal y provincial, cuyos gobiernos llegaron a solicitar ayuda a Nación.
Es así que, prácticamente, no existe santacruceño que no sonría o recuerde con añoranza aquel día cuando se escucha la frase “la nevada del 95”.
Nicolás Chaile conoce de primera mano lo que fue estar en la nieve y pudo ver que, a kilómetros de la capital provincial, las paredes de hielo llegaban a pasar los cuatro metros de altura.

Por aquellos años trabajaba en YCF, cuando las locomotoras iban hacia Río Turbio a buscar carbón y lo traían a la capital provincial. Tamara, su hija, tenía apenas 12 años y también recuerda cómo fue vivenciar esa época. Sus recuerdos, por el contrario, son borrosos, pero sí tiene vívidas las sensaciones de aquel momento.
La familia estaba preocupada por el padre, que debía viajar a la Cuenca Carbonífera constantemente. Aquel día la nieve tapó todas las vías y, junto al equipo de trabajo, estuvieron días removiendo la nieve para poder hacer el camino que usualmente hacían.

En ese momento sólo lograban divisar el techo de las casas y el tren se descarrilaba los días posteriores a la nevada por los planchones de hielo que se habían acumulado tras el deshielo de los días posteriores.

Ese día no funcionaron bancos y la mayoría de los vecinos permaneció en sus domicilios.
En imágenes queda retratada la época donde se puede ver a Nicolás, junto a su equipo, en la subida del Roble, km. 87 del ramal ferroviario, entre la estación Capitán Eyroa y la estación Gobernador Moyano.
La Capitán Eyroa era una estación ferroviaria del ramal ferroviario que unía la mina de carbón de Río Turbio con el puerto de Punta Loyola.

“En esa época yo era inspector de locomotora, andábamos haciendo el operativo de limpieza de vías para poder circular con los trenes, incluso nos quedamos varados un mes en la falda del cerro, incluso en algunas partes tenía cuatro metros de altura”, contó Nicolás a La Opinión Austral. A la nieve “la tuvimos que despejar con máquinas topadoras”, describió.
Cuando se quedaron varados, recuerda, les tuvieron que acercar comida con helicópteros.

“Yo no me acuerdo tanto, siempre recuerdo estar adentro, salir un poco y entrar al perro que estaba enterrado en la nieve, sin darnos cuenta, pero por suerte vivió”, agregó Tamara, la hija de Nicolás.

Su papá trabajaba en campamentos cercanos a Río Gallegos, y recuerda que su hermano también trabajaba en el tren: “Lo que nos pasó era estar muy preocupados porque no sabíamos cómo estaban ellos”, agregó.
Nicolás es salteño, pero llegó al sur cuando era muy pequeño. “La verdad es que hacía años que no se veía tanta nieve en Río Gallegos y tanto frío, fue tan de repente la nevada que uno quedó como medio descolocado porque costaba demasiado ir a trabajar, creo que para muchos que la vivimos fue y es difícil olvidarlo”, relató Nicolás.

En las vías, un camino se hacía limpiando para despejar la nieve con la ayuda de las máquinas topadoras y la otra llevaba vagones vacíos para traer carbón desde Río Turbio.

Ese día
“Desgraciadamente nos agarró la tormenta y quedaron tres locomotoras enterradas, tapadas de nieve, donde no se pudo avanzar, quedamos ahí porque ya era de noche y volvimos con una sola locomotora. Quedaron prácticamente cubiertas con la nieve y cuando intentamos volver al otro día, nos costó varios días llegar a la locomotora”, rememoró Nicolás.

Intentaban ir limpiando la vía para sacar la locomotora, prender nuevamente el fuego, que era a combustión a carbón: “Se enciende fuego, como son calderas a carbón, las teníamos que llevar a cierta temperatura para poder hacerlas trabajar con 14 kilos a 400 grados para que pudieran funcionar y produjeran vapor”, detalló.
“Pero tuvimos que abrir sí o sí el camino con las máquinas, era la única forma con topadoras para poder sacarlas. Después empezó a deshelar, por ejemplo, así que corría agua y se escarchaba y quedaban planchones de hielo que nos hacían descarrillar”, mencionó.

Así, estuvieron cerca de un mes con el operativo. “Empezó a mejorar el clima para ir trabajando con la gente y máquinas que se tenían, así se pudo limpiar y empezábamos a circular de vuelta los trenes como corresponde”, recordó.

De esa manera, lograron traer un tren con carbón con 20 vagones hasta Río Gallegos para repartir a familias vulnerables de los barrios periféricos. Lo cierto es que, a 27 años de ese día histórico, nadie olvidó lo que se sintió.



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