viernes, 1 de mayo de 2026
Juan Domingo Perón de pie junto a su hermano Mario Avelino

Mario Tomas Perón y doña Juana Sosa tuvieron dos hijos, el mayor Mario Avelino y Juan Domingo.

Juan Domingo Perón vivió en ‘La Maciega’ cuando niño.

En 1901, don Mario Tomas regresa a Buenos Aires a buscar a su familia. Viajan en el transporte Santa Cruz a Puerto Madryn, en tren hasta Trelew y, en coche de caballos a Rawson. En Rawson consiguieron una carreta y durante una semana fueron abriendo huellas entre médanos y piedras, hasta llegar a La Maciega.

Juan Domingo llego a la estancia La Maciega con 6 años, y allí vivió 4 años.

En 1904 parten para Santa Cruz, mientras envían a los hijos a Buenos Aires a estudiar en casa de su abuela, Dominga Dutey. En 1907 la familia volvió y se asentó a 15 Km de Camarones, en Punta Thompson, en El Porvenir.

En diciembre de 1908, Juan Domingo llega en la Fragata Quintana a Camarones, de vacaciones. Se sabe que, al terminar las clases, Juan Domingo se acercaba a los muelles en Bue nos Aires hasta encontrar algún transporte o pesquero que lo aceptara a bordo y lo trajera a Camarones.

En 1911, ingresa con 15 años al Colegio Militar de la Nación.

Hacia 1916, la familia Perón se trasladó a la zona de Sierra Cuadrada a un campo que denomino La Porteña, a 195 Km de Camarones.

Cuando los padres estaban asentados en Sierra Cuadrada, llegaba Juan Domingo a Camarones desde Buenos Aires en barco, con algún amigo porteño; solía llegar al campo de Sierra Cuadrada de a caballo.

Estancia La Maciega – Álbum de Foresti

Juan Domingo Perón en sus memorias nos cuenta algunos aspectos de su educación. Allí menciona a un maestro que tenían en La Maciega.

Cuando llegamos con mi madre, ya todo estaba funcionando en “La Maciega”, que era el nombre del campo. En el campo crecimos con libertad absoluta, sometidos tan solo a la dirección de un viejo maestro que se encargaba de nuestros estudios primarios. Era un hombre de ciudad que se defendía malamente en el campo, mi verdadero mentor fue Sixto Magallanes, un paisano a quién llamábamos Chino, había sido uno de los mejores domadores de Lobos. Con él hice mi primer paseo en un redomon gateado, porque aprendí a montar antes que a caminar.[…]

 

En marzo de 1904 me enviaron a Buenos Aires para continuar los estudios.[…] Mi abuela paterna se encargaría de completar mi educación. Aprobé como estudiante libre los primeros grados de la escuela primaria, y enseguida me puse al día. El cambio fue tremendo, el gauchito curtido y duro fue transformándose en uno de los tantos mozos de la capital. A los diez años yo pensaba como un hombre, pretendía ser una persona mayor y procedía como tal. Cuando años más tarde ingresé al Colegio Internacional de Olivos, me aficioné bastante al fútbol, era un Instituto para hijos de familias ricas, con grandes comodidades, en Olivos cursé hasta tercer año inclusive, con un régimen de estudios nada común por la libertad y responsabilidad que nos concedían.

Como todo “ragazzo qualunque” aprendía lo que no me gustaba de memoria; en lo demás, aplicaba el criterio. La enseñanza ordinaria se dedica más a la memoria, y al final de la vida el hombre sabe tanto como recuerda. Cuando terminé el segundo año del secundario de Olivos tenía que ir tomando una decisión sobre el futuro. Pensé aceptar el consejo de mi padre y seguir la carrera de medicina, profesión dominante en la familia Perón, y en tercer año empecé a darle duro a la Anatomía. Por entonces me visitaron unos compañeros que acababan de incorporarse al Colegio Militar Me hablaron con entusiasmo de lo formidable que era esa vida y cuanto empeño ponían los profesores en templar el carácter de los muchachos. Dije: esto es lo que quiero. Y descubrí en mí el militar que nunca he dejado de ser. Rendí en 1910 mi examen de ingreso y al año siguiente me incorporé como cadete.

 

Texto de “La educación en el Chubut 1810-1916” – Sergio E. Caviglia. Biblioteca Sarmiento, Puerto Madryn

 

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