La costosa vida de un Mundial desde el mar: 16 euros la cerveza y 50 el bufet

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Dos qataríes fotografían con su móvil uno de los cruceros

Unas farolas negras con forma de anzuelo de pesca, de las que cuelgan cuatro farolillos, acompañan la ruta rumbo al puerto de Doha. El paseo obliga a dejar atrás la célebre bahía conocida como Corniche. De repente, ante los ojos, aparecen tres enormes barcos. Por el día pueden distinguirse con claridad desde las últimas plantas de algunos de los hoteles del moderno barrio de Musherib, a apenas cinco minutos de ese zoco con aroma a pasado que es el Souq Waqif. Desde los muelles, donde los tres cruceros estarán atracados hasta el 19 de diciembre, es decir, hasta el día después de la final del Mundial, se puede ver con nitidez el estadio 974, construido a golpe de contenedores portuarios. Parece que está cerca, pero no hay manera de llegar a pie si no es dando una buena vuelta. Al lado de los barcos, un ejército de taxis de color celeste aguardan para hacer su agosto, sólo que ya en diciembre.

La vida en el puerto de Doha es diferente desde que arrancó el Mundial. Desde que tres hoteles flotan sobre estas aguas del Golfo Pérsico. Unas 10.000 camas para dar soporte a aficionados que necesitan un lugar donde reposar entre partido y partido. Y no a cualquier precio. Son algo más de 400 euros por noche y persona durante la fase de grupos, en torno a los 300 en octavos y cuartos, y por encima de los 200 en la última semana. Hablamos de las tarifas más básicas, con camarotes más asequibles. Es lo que ofrece el MSC Ópera, gestionado directamente por la propia naviera italiana. El Ópera, con 1.075 camarotes, fue el último en llegar. Unos cuantos días antes lo habían hecho el World Europa y el Poesía. «Es poco operativo por el espacio», aseguran quienes están por motivos de trabajo.

Porque la infraestructura hotelera con la que contaba la capital qatarí, a pesar de las 32.000 camas que se levantaron a la carrera para responder a la demanda prevista, no han sido suficientes. Por eso han tenido que buscar la solución en el mar. Primero con el acuerdo del Comité Supremo para la Organización y el Legado (SC) de Qatar con MSC y, días antes del inicio del campeonato, con la llegada de ese último navío que es el Ópera. Esa embarcación es una de las soluciones que proponen a cualquiera de los usuarios descontentos con las condiciones de su hotel. Ahora mismo no hay mucho más donde elegir

Pero vivir durante unos días como en la serie de Vacaciones en el Mar, sólo que sin moverse del sitio, no resulta nada asequible. Al precio del alojamiento hay que añadir el de las consumiciones. El capricho (o necesidad) de una cerveza se traduce en unos 16 euros, seis más que en algunos de los hoteles de Doha. Y apostar por el bufet, te comas una ensalada o siete platos, aumenta la broma hasta los 50. Esa misma cantidad hay que desembolsar si uno quiere adentrarse en el crucero echar un vistazo sin estar hospedado.

SI RESTRICCIONES DE ALCOHOL
«Está algo lejos de la ciudad, pero tienes tu piscinita y tus cosas para disfrutar», dice un aficionado mexicano, que saca pecho por haber asistido a 15 partidos, incluidos los tres de su selección. «La plata siempre es importante en cualquier lugar del planeta», bromea. Unos 80.000 aztecas han tomado estos días las calles de Doha. Son la nacionalidad con mayor presencia. Él se sube a uno de los incesantes autobuses de la organización, rumbo a Souq Waqif, a un cuarto de hora más o menos de esos hoteles flotantes. El paseo hacia cualquiera de los estadios es una opción inviable.

La piscina de uno de los cruceros

Detrás de él, un señor con una camiseta del FC Barcelona. No una cualquiera, sino de la época del Dream Team de Cruyff. El tipo, según afirma orgulloso, tras el pase de su equipo, viene de Inglaterra y disfruta de los placeres que esconde su barco. «¡Mucha fiesta!», asegura con una sonrisa. Porque dentro, claro, hay discotecas y zonas de ocio y, por supuesto, allí no hay ningún tipo de restricciones con el alcohol. El crucero tiene sus propias leyes. Por eso hay quienes lo han visto como un toque exótico añadido para disfrutar de este Mundial ya atípico de por sí.



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