El mayor secreto de Ghamin de Qatar, el muchacho sin piernas que protagonizó el show de la inauguración del Mundial

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Sin su madre, el presentador del Mundial no habría llegado tan lejos. «Yo seré su pierna izquierda y tu serás su pierna derecha», dijo al saber cómo venía al mundo su hijo


Avanza el joven Ghanim a través del escenario en medio del estadio al Bayt, en la ciudad Al Khor. A su alrededor, un ‘mar’ de 60.000 almas y de luces azuladas que parpadean. Se mueve solo con sus brazos y manos, ya acostumbradas al tacto con el suelo. Hasta que el reconocido actor Morgan Freeman llega a su encuentro desde el lado opuesto. Si se tratara de una película (la vida de Ghanim bien podría serlo), un ‘flashback’ llevaría a los espectadores al instante mismo en que su madre, Eman Obaidly, le dijo a su esposo estas palabras: «Yo seré su pierna izquierda y tú serás su pierna derecha».

Ghanim Al Muftah, la ‘pareja’ en Qatar de Morgan Freeman, fue una de las estrellas de la ceremonia de inauguración del Mundial. Pero antes de convertirse en embajador de la FIFA en el país de Medio Oriente, el joven de 20 años ya era muy famoso por su presencia en redes sociales -en Instagram le falta poco para llegar a los 4 millones de seguidores-, sus labores filantrópicas y sus ya incontables proezas.

«Nada es imposible», es su mantra de vida. Cuando él y su hermano gemelo, Ahmed, aún estaban en el vientre de su madre a Ghanim le diagnosticaron con el Síndrome de Regresión Caudal, una condición que impidió el normal desarrollo de sus piernas.

Su historia, como si se tratara de la trama de un filme (y bien podría serlo), empieza con una decisión. La de su madre, protagonista invisible de los logros de su hijo. Con esas palabras que pronunció poco antes de los 4 meses de gestación tras el diagnóstico que entró en su vida como una sentencia de muerte.

Con Morgan Freeman en la presentación de Qatar 2022

Es que en Qatar el aborto está permitido hasta los cuatro meses de embarazo, únicamente bajo dos condiciones: si se arraiga la vida de la madre o cuando hay evidencias de malformaciones, deficiencias mentales y otros trastornos del tipo. Aunque Ghanim entraba en la segunda categoría, Eman -sin siquiera dudarlo- le daba a su hijo la oportunidad de vivir. Y desde entonces ninguna adversidad ha conseguido doblegar su espíritu.

Ghanim no para. Nada, bucea, juega al fútbol, hace skate, surf y tiene su propia (y exitosa) marca de helados, Gharissa Ice Cream. También estudia Ciencias Políticas y conduce su propio auto. Todo queda registrado en sus perfiles en redes sociales.

Todo, menos el rostro de su madre. La prueba de cómo la mujer (en la sociedad qatarí) está relegada a ni aparecer. Pese a que siempre está allí. Cuando decide probar qué se siente volar en un ‘paratrike’ y pone en la descripción: «Mamá, mi próxima misión es ser el piloto de este vuelo y obtener mis licencias, ¿me dejarías?». Cuando tiene que pasar por una nueva intervención médica y una mano le acaricia dulcemente la cabeza mientras está recostado en la cama del hospital.

Uno de los pocos registros que hay de ella data de junio del 2010, fecha en la que, junto a Ghanim, recibió el Premio al Héroe Anónimo en los 21st Century Leaders Awards. En esa ocasión reconocieron su labor por concienciar a la sociedad qatarí sobre los niños con discapacidades físicas. En el escenario para recibir el premio apareció vestida de negro de pies a cabeza y acompañado de su hijo. En un breve discurso de menos de 30 segundos agradece el apoyo de amigos y familiares. Luego solo silencio.

De niño con Eman, su madre, en una de las pocas fotos que se conoce de ella.

Eman y su esposo Mohammed más que ser las piernas para su hijo fueron sus alas. En lugar de postrarle en una silla de ruedas lo incentivaron a buscar nuevas formas de moverse. Así Ghanim, que nunca pierde la sonrisa del rostro, ha llegado lejos. Si un día logra nadar 18 metros mar adentro, al otro quiere escalar una pared de roca. Ha sido catalogado como el empresario más joven del mundo árabe y tras acabar su carrera quiere ejercer como diplomático.

Parte de las ganancias de sus negocios las destina a proyectos humanitarios y durante su adolescencia fundó la asociación Ghanim Wheelchair -para ayudar a las personas con discapacidad- y un club benéfico en su propio hogar con entrenadores voluntarios para atender a niños con problemas de movilidad.

Dice el joven qatarí que en lugar de centrarse en lo que le falta (sus piernas) prefiere centrarse en lo que tiene (la fuerza de sus brazos). Y eso que este amante de los deportes extremos tuvo una infancia con baches.



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