sábado, 20 de julio de 2024

Apenas comenzado, el invierno de 1936 hace sentir con más rigor que otros lo que significa vivir en estas tierras. La nieve llega en las partes llanas a entre 2 y 3 metros de altura, con el coincidente aislamiento de los pobladores.

La tragedia se hace presente, ya que, el 23 de junio de 1936, fallecen Próspero Palazzo y Enrique Brugo. Estaban cumpliendo un vuelo de carga de la Aeroposta Argentina entre Trelew y Comodoro Rivadavia.

El avión cae en la zona de Pampa Salamanca debido a las malas condiciones climáticas. Era el primer vuelo en la zona de Brugo. También fue el último. Antonio Torres es un guardahilos del Telégrafo. Está en medio de la Pampa junto a su familia y es testigo de los primeros momentos tras el accidente.

“Fue hora de la fatalidad ese desastre. Venía a cargo del aparato del aviador Palazzo y el otro piloto que hacía su primer viaje al sur para conocer la línea. En Trelew recibieron el parte meteorológico que anunciaba un frente de tormenta viniendo del sur. Estos muchachos dejaron los pasajeros en ese lugar y siguieron viaje. La tormenta abatió el avión cerca de Puerto Visser, a ocho leguas de mi oficina. Por los rastros se ve que intentaron aterrizar a ciegas, pero chocaron contra un cerro y se incendió. El cuerpo de uno de ellos fue hallado a unos 30 metros de los restos del avión y el otro completamente carbonizado dentro de la carlinga. ¿Qué deber ineludible habría obligado a este hombre a desafiar a la tempestad tratando de llegar a Comodoro? No lo supe.

Salió del kilómetro 3 una patrulla bien montada en su búsqueda. Llegaron hasta Puerto Visser por la costa y de acuerdo con los datos suministrados por el vecino se manifestó que sobre su campo había pasado un avión muy bajo. Según el ruido del motor que había oído desde su rancho. Esta patrulla se dirigió entonces hacia el lugar indicado pero a la altura de la nieve le impidió desarrollar su labor. Creyéndose cerca de la picada rumbearon hacia arriba y les pasó lo que a mí. Sufrieron todas las penalidades imaginables pues no salieron bien equipados. Abandonaron los caballos luego de desensillarlos y continuaron hacia arriba. A una legua escasa de la picada tuvieron que dejar un hombre que ya no podía caminar. Le arreglaron un reparito y ellos siguieron subiendo en busca de socorro. Llegaron al boliche de La Pampa y fabricaron una camilla con un elástico de cama y regresaron con otros hombres a buscar al compañero.

Tuvieron que cortarle las botas pues se le habían ajustado tanto que el pobre hombre no se las pudo sacar. Sufrieron los tormentos del invierno durante dos días. Al regresar al boliche en su ignorancia le lavaron los pies con agua caliente en lugar de haberle dado un masaje con nieve desde el momento en que lo hallaron. El resultado fue que tuvo que sufrir la amputación de su pie. Muchos días después fueron hallados los restos del avión y los dos pilotos. Ambos murieron quemados.

Dos años más tarde, la comunidad descubrirá un monolito recordatorio en la entrada de Comodoro Rivadavia. El mármol es fiel recuerdo de ese invierno al expresar el homenaje del pueblo de la Costa Patagónica a la memoria de los aviadores Próspero Palazo y César Brugo, que perdieron su vida en el cumplimiento de su deber el 23 de junio de 1936. El accidente ocurrió a 60 kilómetros hacia el norte y a 200 metros de la costa. Estando señalado en el lugar exacto con una cruz y una placa indicatoria.

Extraído del libro “Crónicas del Centenario” editado por Diario Crónica en 2001

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