La selección que dirige Lionel Scaloni desde 2018 se ha mostrado siempre reacia a estrechar vínculos con dirigentes políticos. Tal vez porque encontró en esa actitud una forma de protegerse y de evitar dividir un sentimiento de admiración que se extiende por todo el territorio o porque esa es la marca de su referente indiscutido, Lionel Messi: un futbolista de perfil discreto y nulo interés por la política, muy distinto al personaje público que encarnó Diego Maradona.
No es una novedad, sin embargo, que los distintos gobiernos intenten apropiarse simbólicamente del éxito deportivo, independientemente del signo político. Un caso paradigmático en Argentina fue el de la última dictadura militar, que en 1978 intentó tapar con la fiesta popular los secuestros, torturas y asesinatos cometidos por sus fuerzas. Algo que no resultó del todo: periodistas extranjeros que llegaron al país a cubrir el evento deportivo terminaron por mostrar al mundo el reclamo de las Madres de Plaza de Mayo.
La selección fue recibida por las autoridades de facto ese año y también por Raúl Alfonsín en 1986, cuando Maradona alzó la copa en el balcón de la Casa Rosada. En 2014 Cristina Fernández de Kirchner recibió a la Albiceleste, que regresó al país tras caer ante Alemania en la final de Brasil. En 2022, ya como campeones del mundo, los jugadores decidieron no ir a la Casa de Gobierno y circularon por las calles montados en un ómnibus descapotable. No solo eso: Messi sorteó con una caminata recta a un grupo de funcionarios de Alberto Fernández que lo esperaba al pie del avión en Ezeiza. Atrás, Tapia se desvió a estrecharle la mano uno a uno.

En un intento por despegarse de aquella secuencia, todavía fresca en el recuerdo de los argentinos, el presidente Javier Milei se apuró a poner a disposición la Casa Rosada para recibir a la Scaloneta a su regreso, sea cual sea el resultado, pero excluyendo su presencia y la de sus colaboradores equipo. “Está garantizado que no habrá ninguna figura política ni persona vinculada a la política que empañe o intente apropiarse de un logro que es de este grupo extraordinario de jugadores”, dijo.
Milei también pareció leer el fervor popular que generó el despliegue de una bandera con el reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, exhibida por los jugadores tras derrotar a Inglaterra. Pese a que el propio Gobierno había acordado la prohibición del ingreso al estadio con mensajes de ese tipo, el presidente dijo después que se trató de la expresión “válida” de un sentimiento nacional. Poco después de la semifinal, difundió una queja formal que le había presentado días antes al Reino Unido por la presencia de un buque militar británico en el mar austral argentino.
Para Romero, aunque quisiera, el Gobierno no tiene mucho margen para aprovechar los laureles de la selección. Pero sí es posible que registre un beneficio “de segunda vuelta”. Que la sociedad esté animada por un triunfo deportivo ayuda: descomprime contextos de angustia, relaja las tensiones y permite suavizar disgustos que provienen de otros ámbitos, como el económico. Al menos por unos días.
Fuente: El País

