La senadora Segre, superviviente de Auschwitz, traspasa la presidencia del Senado italiano al postfascista La Russa

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Presidenta del Senado italiano. Segre en su último día en el cargo

Con cierta tensión en las derechas por sus diferencias en el reparto del poder, se inició este jueves la XIX legislatura del Parlamento italiano. La noticia más relevante ha sido la elección como presidente del Senado del posfascistsa Ignacio La Russa, 75 años, cofundador junto a Giorgia Meloni en el 2012. La elección de La Russa como presidente del Senado, la segunda autoridad del Estado después del presidente de la República, es la consecuencia de la clara victoria política y cultural del bloque de la derecha en las elecciones del 25 de septiembre.

La primera sesión del Senado estuvo presidida por Liliana Segre (92 años), papel que le ha correspondido al ser la senadora más anciana. Segre, senadora vitalicia, superviviente del campo de concentración de Auschwitz, traspasó la presidencia del Senado al fan del Duce, Ignazio La Russa, que ofreció a la senadora vitalicia un ramo de rosas blancas, prometiendo en su discurso ser el presidente de todos.

Al inicio de la sesión parlamentaria, Liliana Segre pronunció un discurso de gran valor moral e institucional. En primer lugar, destacado el valor simbólico de su presidencia del Senado, justo en el mes de octubre, cuando se cumple el centenario de la marcha sobre Roma, que marcó el inicio de la dictadura de Mussolini. La senadora vitalicia recordó tres fechas que en Italia han sido a veces motivo de divisiones: el 25 de abril, fiesta de la liberación de Italia del nazi fascismo; el 1 de mayo, fiesta del trabajo, y el 2 de junio, fiesta de la República. «Las grandes naciones demuestran ser tales -dijo Liliana Segre- al reconocerse unánimemente en las fiestas civiles, encontrándose hermanados en torno a las efemérides grabadas en el gran libro de la historia de su patria».

Todos los senadores puestos en pie aplaudieron el discurso de la emocionada senadora Segre, que aún lleva tatuado en su antebrazo el número 75190, la matrícula que le grabaron al llegar al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en 1943, con 13 años.

Fan del Duce
Ignazio La Russa, abogado, un personaje exuberante y polémico, comenzó hace más de cincuenta años su carrera política en el Movimiento Social Italiano (MSI), neofascista. Este partido fue disuelto para crear Alianza Nacional, bajo la dirección de Gianfranco Fini, que en 1995 en la llamada «Svolta di Fiuggi» (el cambio de Fiuggi), eliminó definitivamente las referencias del fascismo, llegando después incluso a abjurar y considerarlo como «el mal absoluto». La Russa, cuyo segundo nombre es Benito, ha dicho siempre: «No soy fascista, soy mussoliniano». En su casa tiene una colección de recuerdos del Duce Benito Mussolini. Hace solo un mes decía: «Todos somos herederos del Duce».

División de la derecha
Aunque la elección de Ignazio La Russa como presidente del Senado supone una clara victoria de Giorgia Meloni, cabe destacar que, diecisiete días después del triunfo electoral del bloque de derechas el 25 de septiembre, son notables las dificultades en la negociación para la formación del futuro gobierno, que encabezará la líder de Hermanos de Italia. En su primera prueba importante, la elección del presidente del Senado se ha reflejado su falta de unidad a la hora de votar. En principio, los tres partidos de la mayoría -Hermanos de Italia, Liga y Forza Italia- se habían puesto de acuerdo para elegir presidente del Senado a Ignazio La Russa, pero el partido de Silvio Berlusconi voto.

En una votación secreta, con la sorprendente ayuda de unos 20 votos de la oposición, La Russa fue elegido presidente del Senado. Obtuvo 116 papeletas a su favor, superando los 115 votos que tienen las derechas, en un Senado con 200 escaños.

Además de no acudir a la urna los senadores de Forza Italia, durante la votación se registró un episodio que refleja la tensión que existe en la mayoría parlamentaria de las derechas. Cuando La Russa se acercó a Silvio Berlusconi en plan conciliador, el líder de Forza Italia, con evidente malhumor, dio un puñetazo en su escaño y lo despachó rápidamente mandándolo a hacer puñetas con un «vaffanc.» (vete a la m.), como recogieron las cámaras de televisión de la RAI y Sky.

El veto de Meloni a una fiel de Berlusconi
Ante el revuelo informativo que adquirió la ofensa de Berlusconi hacia el que minutos después sería elegido presidente del Senado, el líder de Forza Italia explicó los motivos del disgusto de su partido contra Giorgia Meloni, sin citarla expresamente: «En Forza Italia surgió un fuerte malestar por los vetos expresados en los últimos días en la formación de gobierno. Esperamos que estos vetos sean superados, dando paso a una colaboración leal y eficaz con las demás fuerzas de la mayoría, para ofrecer rápidamente un gobierno al país», afirmó en su nota Berlusconi.

Los vetos a los que alude el líder de Forza Italia se centr sobre todo contra una fidelísima de «Il Cavaliere»: la senadora Licia Ronzulli, 47 años, exenfermera, brazo derecho de Silvio Berlusconi en los últimos años. El viejo líder (86 años), que hoy volvió al Senado después de su expulsión de la Cámara en el 2013, tras ser condenado por fraude fiscal, pidió a Giorgia Meloni un ministerio de peso, como Sanidad o Educación, para Licia Ronzulli. Pero Meloni no considera oportuno, por razones personales y de competencia, ofrecerle un ministerio importante. En las negociaciones en curso para la formación de gobierno, Berlusconi pretende otros ministerios que considera fundamentales para la defensa de sus intereses, personales y económicos, como son los de Justicia, Infraestructuras y Desarrollo Económico. Al abandonar el Senado, Berlusconi tuvo que reconocer que su fiel Licia Ronzulli no tendrá un cargo ministerial. En el ajuste de cuentas que intentó Forza Italia en el Senado, sale debilitado el partido de Berlusconi.

En definitiva, la votación del Senado, con Forza Italia sin acudir a la urna (solamente votó Silvio Berlusconi, como fundador del centroderecha, para dar una señal de apertura), es una indicación de que falta cohesión y unidad en las derechas, lo que no es una buena señal con vistas a la formación del nuevo gobierno y de la futura gestión de los graves problemas a los que se enfrenta el país. Tampoco en la izquierda reina la unidad, como se demostró en el sorprendente apoyo que dieron algunos senadores al nuevo presidente La Russa.

Meloni, orgullosa
«Nos enorgullece que los senadores hayan elegido como presidente a un patriota, un servidor del Estado», ha manifestado Giorgia Meloni. Mientras tanto, se ha procedido a la elección del presidente de la Cámara de diputados, que se elige por un sistema diverso al del Senado. Las votaciones concluirán este viernes, siendo favorito Lorenzo Fontana, vicesecretario de la Liga, exministro de Asuntos Europeos.

La cuenta atrás para la formación del gobierno ya ha comenzado. La líder de Hermanos de Italia tiene ahora prisa para llegar a un acuerdo con sus socios de coalición, con el fin de superar cuanto antes la mala imagen que, por sus diferencias internas, dieron este jueves en el Senado, Al ser preguntada Giorgia Meloni si estaba disgustada por el hecho de que Forza Italia no hubiera votado en el Senado, respondió: «No quiero detenerme ante cuestiones que son secundarias. Para mí lo que importa son los resultados. Tengo la intención de darle a esta nación un gobierno con autoridad».

El presidente de la República, Sergio Mattarella, podría iniciar el próximo día 19 las consultas que, según la Constitución, debe realizar con los grupos parlamentarios, antes de designar un candidato como primer ministro, que será Giorgia Meloni al contar con una clara mayoría parlamentaria. La decisión de Mattarella seguramente se produzca el 21 o 22 de octubre.



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