Lecturas para el fin de semana: «A propósito de Napalpi»

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LA FORESTAL

La revuelta y masacre de Napalpi se desarrollo en los dominios de la famoso Compañía La Forestal. La Forestal, una compañía británica con capitales alemanes y franceses, llegó a ocupar más de dos millones de hectáreas en el norte de la Provincia de Santa Fe y los Territorios Nacionales de Chaco y de Formosa. Su especialidad era la explotación del quebracho colorado en los montes, del que se extraía el tanino, sustancia útil para las curtiembres en el tratamiento del cuero, y que también servía para producir durmientes de las vías férreas. El monopolio impedía que los pueblos se desarrollaran por fuera de su producción económica concentrada. La empresa, además, defraudaba al fisco provincial. Los hacheros de La Forestal, con jornadas de hasta 16 horas, recibían la paga con vales que podían cambiar en los ramos generales de la compañía. En un mes de trabajo, un hachero podía ganar el equivalente a 10 kilos de carne.

Cuando los trabajadores iniciaron una huelga en 1919 y reclamaron mejoras salariales y turnos de 8 horas, la compañía creó un cuerpo armado con Gendarmes de la fuerza pública y se hizo cargo de sus salarios. Lo reforzó con un cuerpo policial privado. La Liga Patriótica no permaneció ajena a la violencia patronal. Contrató mercenarios, denominados “penachos colorados”, para acompañar a la policía privada de La Forestal.

Un miembro de la Liga, Lorenzo Anadon, era Vicepresidente de esa compañía. En la huelga de 1920 y 1921, la empresa hizo listas negras de trabajadores, saqueo e incendió sus casas, desplazó hacheros de un enclave a otro, vedó la provisión de agua, que llegaba en tren a los obrajes, cerro establecimientos y despidió personal. Provocó el vaciamiento de pueblos y utilizó su policía privada para reprimir a los que persistieron en la resistencia.

En febrero de 1921, en distintas poblaciones de Santa Fe –Villa Guillermina, Villa Ana, Golondrinas, Villa Ocampo-, los cuerpos armados dispararon contra obreros en las estación es ferroviarias y salieron a cazarlos por los bosques, luego de que en Villa Guillermina un  Comisario que registraba obreros a la salida de la fabrica resultara muerto, en apariencia por un policía no uniformado de la empresa, hecho que fue utilizado para desencadenar la represión.

Fragmento del libro «Argentina, un siglo de violencia política», de Marcelo Larraquy



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