miércoles, 29 de mayo de 2024

La célebre cultura araucana (la palabra araucano fue impuesta por los españoles al referirse a los integrantes de la Nación Mapuche), había demostrado su brava estirpe de guerreros, resistiendo a los conquistadores españoles hasta vencerlos y hacerlos abandonar sus territorios. Estas tierras estaban comprendidas entre el Archipiélago de Chiloé y hasta el Río Maule, río cercano a la ciudad de Talca, territorio chileno. Sus pueblos principales constituían una sola unidad lingüística y cultural, se dividían esta “gente de la tierra” en Picunches (al norte) y Huilliches (al sur) este término se aplicaba a nativos ubicados al sur de los llamados Reches, o Araucanos, según los españoles. La penetración Araucana hacia este lado de la cordillera, había comenzado en tiempos prehispánicos, al principio eran pequeños grupos aislados que en forma esporádica incursionaban hacia el interior de la cordillera. Al permanecer en guerra de resistencia durante mucho tiempo con los españoles, un conflicto que duraría 3 siglos, luego de la instalación en 1.550 del Fuerte de la Concepción a orillas del Río Bio Bio, los grupos Araucanos comenzaron a ver en esos valles y lagos de este lado de la cordillera un espacio geográfico que les permitía la posibilidad de vivir sin el desgaste que significaba la guerra continua con el invasor.

Pese a que estas sociedades indígenas habían logrado ciertos reconocimientos de sus territorios de parte de las autoridades españolas, ya que estas se vieron obligadas a reconocer en  ellos el poder desplegado en las batallas, pronto debieron los españoles establecer tratados de paz, y hasta ceder el otorgamiento de rangos militares para los Caciques Mapuches por parte de las autoridades Borbónicas, en las últimas etapas de las guerras de independencia latinoamericanas.

Este reconocimiento, que muchas veces era utilizado para lograr beneficios propios entre las mismas tribus que lo celebraban y las autoridades, luego de la independencia de 1810 fue desconocido y no tomado en cuenta políticamente por los gobiernos nacionales. Esta situación derivó en conflictos y nuevos ataques a los pueblos de frontera con el objeto de presionar por el cumplimiento de lo pactado y en resistencia y no reconocimiento de parte de los pueblos originarios a las nuevas autoridades Republicanas.

Esta situación histórica no reconocida ni tratada por los historiadores tradicionales liberales, movimiento o rebelión cuya dimensión traspasaba las fronteras, ya que tanto Chile como Argentina se vieron envueltos en nuevos conflictos de magnitud y características poco analizadas, en la historiografía tradicional, usualmente se trató de minimizarlo imponiendo la idea de que se trataba de “grupos de delincuentes”, o “bandas de forajidos”, cuando en realidad se constituyeron en grupos de poder desplazados que defendían lo que creían usurpado. Según las historiadoras Gladis Varela y Carla Manara, mientras se sucedían las derrotas de los ejércitos realistas en las batallas de las guerras de independencia, en 1818 Araucanos y Pehuenches se aliaron a grupos de guerrilla realista comandados por Vicente Benavides y los cuatro hermanos Pincheira. Luego de la derrota definitiva de los españoles, muerto Benavides y quedando solamente dos de los hermanos Pincheira, éstos últimos se refugiaron en el hoy territorio argentino del área del Neuquén, más precisamente estableciéndose en la zona del Lago Epulafquen, en un paraje conocido como Varvaco. Este lugar se transformó al poco tiempo en un núcleo poblacional de 6000 personas. En esa Aldea encontraron refugio desertores y perseguidos por causas políticas. En 1828 el Cacique Cochorí, junto a Antical y otros capitanejos, formaron parte de las huestes rebeldes. Estas montoneras formada por españoles, criollos perseguidos, araucanos y pehuenches, comenzaron a operar con estrategias muy exitosas hasta pasado 1830, convirtiendo al Paraje y sus áreas de influencia en un centro político cuyo máximo alcance puede reconocerse cuando, en 1829, las tropas federales abandonan Mendoza estableciendo sus cuarteles y fortines en el sur de Córdoba para participar de las guerras entre Unitarios y Federales. En ese momento José Pincheira logra imponerse y negociar ante el gobierno de Mendoza, que debe ceder y reconocer ante este supuesto bandido a un aliado, otorgándole el grado de Comandante General de la Frontera Sur. Imposible no incluir, en una aunque sea breve historia de Neuquén, a este importante personaje, y a Varvaco como centro de reconocido poder político. Este emplazamiento definitivo de los Clanes Araucanos, también llamados Mapuches, desplazará para siempre a los Tehuelches septentrionales a pesar de la resistencia que éstos ofrecen, proceso conocido en la historia como “araucanización de La Pampa”. El dominio del caballo y de armas, como las boleadoras, que los Mapuches disponen, y que los Tehuelches más tardíamente adoptan, definen a menudo las contiendas a favor de los primeros.

La incorporación del caballo, primero en estos Mapuches, luego en Tehuelches septentrionales, y más tardíamente en los grupos Tehuelches meridionales, pero en definitiva en las culturas nativas durante el transcurso del siglo XVII transformará para siempre la organización social y la posibilidad de desplazarse. Esto les permitirá extender las zonas de caza y organizarse más complejamente. Los caciques que tradicionalmente debían limitar su autoridad a los grupos familiares cercanos, imponen a partir de allí su poder a las tribus vecinas. Según Sarasola cambia el rol de la mujer volviéndose más domestica mientras el hombre se desplaza en pos de la guerra y la caza. Algunas fotos tomadas por Germán Koslowsky, o los grabados de N. Brown (1853) para ilustrar el libro de Benjamín Bourne y su cautiverio en la Patagonia, muestra a las mujeres haciéndose cargo del tradicional traslado de toldos, ensillando caballos, y asegurando las cunas ecuestres sobre el lomo de los equinos.

Esta posibilidad de extender el dominio del territorio, llevado adelante por esta parcialidad de la cultura araucana al cruzar la cordillera, al principio estableciéndose en los valles comprendidos entre los Ríos Colorado y Negro, en el actual territorio de Neuquén, y más adelante instalándose ya en Salinas Grandes. Invasión que produce enfrentamientos por las tradicionales zonas de caza y comercio. Impondrá rasgos de esta cultura a los Tehuelches septentrionales modificándolos para siempre. A pesar de la resistencia Tehuelche logran los Mapuches imponerse.

Los Tehuelches meridionales, del otro lado del Río Chubut, son vencidos definitivamente en las batalles de Tellien, Laguiñeo y Pietrochofel. La batalla de Laguiñeo tiene una gran importancia histórica porque no solamente pierden éstos Tehuelches el territorio de caza que ocupaban históricamente sino que señala también el comienzo de la fusión de las dos razas nativas en esa zona de Chubut. Como resultado de esas derrotas se produce la mestización y fusión de las etnias, fruto de la unión entre los vencedores Mapuches o Manzaneros y las cautivas Tehuelches.

Esta batalla ocurre en las postrimerías del siglo XVIII, los testimonios que se conocen fueron orales. En Laguiñeo tenía sus tolderías los Caciques Chaeye Chacayo y Plan Chicon. Estos Tehuelches meridionales eran pacíficos, pero debieron combatir en defensa de sus áreas de caza continuamente, debido a las ambiciones de sus belicosos vecinos manzaneros que comenzaban a apropiarse de sus territorios.

Estos grupos Tehuelches esporádicamente vencían a los Mapuches o manzaneros, lograban repeler sus ataques por el conocimiento que tenían del terreno. La zona de Laguiñeo, habitada por estas tribus, se encontraba en un paraje rodeado de serranías cavernosas, lo cual hacía del lugar un espacio apto para atacar por sorpresa a sus habitantes. Pronto esto se transformó en un objetivo de guerra para los manzaneros al mando del Cacique Chocorí (padre de Valentin Sayhueque). Hacia allí mandó emisarios para avisar que se trasladarían con el propósito de comerciar pacíficamente. Pero este cacique ya tenía planeado caer sobre los Tehuelches, antes había pedido ayuda al Cacique Churepan de Chile, con este jefe vendrían los capitanejos Jacinto Agüero y Pancho Mero aumentando su poder de lanzas, contaban además, con arma todavía poco utilizada para la guerra por los Tehuelches, las boleadoras y las bolas arrojadizas. Los Tehuelches esperaron, desprevenidos y confiados, se dejaron rodear por los bravos guerreros manzaneros. Cuando comenzó el ataque y se desató la batalla ya era tarde, los Tehuelches se batieron heroicamente durante tres días a pesar de las pocas posibilidad de salir vencedores. Luego de esos fatídicos tres días, la Pampa de Laguiñeo quedó cubierta de cadáveres, y los vencedores, por derecho del triunfo, se apoderaron de mujeres y niños.

Cuenta que el único que trata de salvarse fue Plan Chicon, que huyó a caballo pero a 3 o 4 leguas del lugar, precisamente en el Pasaje llamado Colan Conhué, los manzaneros que lo perseguían logran bolearle el caballo dándole muerte inmediatamente.

Según algunas crónicas, fueron los Tehuelches quienes llamaron a esa pampa Laguiñeo, que en su idioma quiere decir: “lugar de los muertos”. Pero algunos historiadores piensan que es un nombre en lengua mapudungun, más que Tehuelche.

El terreno parecía un cementerio descubierto, sembrado de huesos humanos, éste teatro de batalla permaneció como lugar de dolor en la memoria Tehuelche. Nadie quedó para vivir allí, valle inhóspito y frio. Contaban los descendientes vencidos, que se alguien se aventuraba por esos parajes en las noches de luna se veían brillar los huesos, y se escuchaban los gritos de dolor.

Otra batalla, a la que antes hacíamos referencia y que Sarasola llamara Pietrochofel, y de la que por primera vez hiciera referencia Federico Escalada, es Shotel Káike, hoy conocido como Piedra Shotel. En ese momento las huestes Pehuenches estaban dirigidas por el Cacique Paillacan, allí se libró un sangriento combate cuerpo a cuerpo con los Tehuelches. En la batalla Guetchanoche, hijo mayor de una familia Chehuache – Kénk, es tomado prisionero junto a sus hermanos y su madre. Entre los familiares cautivos estaban sus cuatro hermanas. Trasladados luego todos hasta las tolderías de Paillacán cerca del Limay, dos de sus hermanas son tomadas como esposas por el Cacique. Esta costumbre y tradición hacia que el trato de los prisioneros fuera de mucho más respeto a partir de allí. De ellas el Cacique tuvo hijos: Foyel es uno de ellos. A su vez Guetchanoche es el Bisabuelo de doña Agustina Quilchaman de Makel, informante de Martinetti y Escalado. Una de estas mujeres: Aunakar, fue capturada junto a su pequeño hijo por los indios cordilleranos a quienes solían llamar Huilliches; sobrevivió cautiva pero el niño fue salvajemente asesinado. Según las crónicas habrían pasado 40 años y el viejo Paillacan soñaba con recuperarla.

Gobernador Costa – Historias del Valle de Genoa – Ernesto Mangiori

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