Lecturas para el fin de semana: «El matadero de lobos marinos al sur de Comodoro»

Lecturas - Noticias |


Walter vive en la estancia de sus padres. Al sur de Comodoro Rivadavia, a unas cuantas leguas al oeste de la playa que la gente del 2000 conocerá como La Lobería. El campo está en una zona alta, desde ahí observa la línea azul del mar y, cuando es la temporada, ve cientos de chorritos de agua. Son las ballenas que llegan en la primavera. Desde su casa escucha el bramido de unos 60 mil lobos que forman la colonia que ocupa seis, siete kilómetros en la costa; no se espantan, tampoco agreden al hombre, y eso es fatal.

Ahí, en la playa, hay un próspero matadero. Están matando lobos.

La faena empieza en 1923 y se realiza en dos temporadas, quince días o un mes, según la disposición de la mano de obra. El capataz es el único que puede cargar los rifles. Apunta a la cabeza de los machos, son grandes y agresivos, por eso toma distancia; en cambio las hembras, más pequeñas y menos peligrosas, los dejan acercarse con un palo, estallan los cráneos y ahí quedan… tendidas. Las crías huyen, a nadie le interesa… son pequeñas. Otros hombres se acercan a sacarles el cuero, el papá de Walter que tiene su propio caballo, aprovecha la temporada y deja por unos días las tareas del campo, es uno de los encargados de llevar los cueros al galpón, ahí hay otros hombres “en una mesa inclinada, con un cuchillo, se sacaba la grasa -una capa de 5 cm-; el cuero se salaba y se formaban pilas en tanques australianos. La grasa se refinaba y almacenaba en un tanque, después se envasaban en barriles de 200 litros que tiraba un barco, y se los cargaba después, no sé a dónde iban. El resto del animal quedaba ahí hasta que venía una marejada y se llevaba todo».

Unos 10 mil lobos son faenados por año.
Walter es pequeño y sabe que es un trabajo que ocupa mano de obra, la empresa es CAPAC y aprovecha el recurso natural que exporta a Europa. Nadie piensa más que en esto, la inquietud por la protección de la fauna será después.

Los lobos se van
El instinto de supervivencia obliga a los lobos a buscar otro lugar, de pronto el matadero no es rentable. Para 1928 “la colonia terminó porque el ser humano los molestó, los mató, el resto se ausentó… se fue; después hicieron la ruta 3, los autos iban y venían, los tipos se bajaban para jugar tiro al blanco. A veces el mar estaba rojo de la sangre de los lobos, los mataban sólo por diversión”.

Ballenas a la vista
En la primavera llegan por cientos, retozan, juegan con las crías recién nacidas. Walter ve los chorritos de agua desde su casa. Sí. Desde la playa de la Lobería el espectáculo es grandioso, como grande la posibilidad de un nuevo negocio: la ballenera.

La empresa Vaigel y Vonen tiene el permiso del gobierno argentino para la caza de ballenas, “la instalación de la ballenera fue en 1931, era bastante grande y la construcción demoró un año, empezaron a faenar, pero mientras se instalaban ellos, otros barcos factorías, que tenían permiso del gobierno para cazar, las terminaron; la ballenera alcanzó a trabajar medio año, estos eran noruegos y alemanes”.

Para entonces, Walter está de regreso de los cortos estudios en Alemania. Lo contratan para trabajar en el desarme de las instalaciones, “se iba vendiendo el material a distintasempresas -las casas a uno, los galpones a otro, la maquinaria, así…, demoró un año o más y quedó todo como está ahora, menos el boliche que lo pusieron después».

Setenta años después, Walter reflexiona, “la matanza era un negocio como cualquier otro, como el negocio de los pescados, pero no se ve como una matanza, pero es lo mismo; el aceite se utilizaba para cocinar y con el cuero hacían calzado, ya no están más, el hombre abusó como pasa siempre”.

Sobre la costa de piedras aparece un campanario… o un naufragio de muerte ausente.

El rumor de las olas es un oleaje frío y cortantes mejillones. Se está ahogando el cielo y siento subir una marea…, despeinados coirones llamando al viento… sube la marea, sube una marea, sube a borbotones…

A mazazos la noche y el altar sigue en pie… sangrando… sus ladrillos, la espuma y los golpes de las olas… los golpes… los golpes.

Los cimientos llamando a muerte. Es La Lobería…

Alguien prende fuego para un asado.

Fragmento del libro «Crónicas del Centenario», 2001



Últimas Noticias