La elección entre Lula y Bolsonaro será decisiva para el futuro institucional y democrático del país y para una América donde avanza el trumpismo

Lo que está en juego este domingo en Brasil va más allá de unas elecciones en tiempos normales y su impacto se notará fuera de sus fronteras, en todo el continente y parte del mundo. Los 159 millones de brasileños llamados a las urnas afrontan una elección nítida entre dos modelos y visiones antagónicas: la que representan Luiz Inácio Lula da Silva, símbolo del progresismo global, y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, hoy en prisión domiciliaria por el intento de golpe de Estado de 2023.
El 25 de octubre, en la segunda vuelta, se decide entre dos personalidades y herencias políticas: la del clan Bolsonaro, que arrastra como legado un desprecio desacomplejado por las reglas y las instituciones democráticas, y la del presidente Lula, que en su campaña para un cuarto mandato se presenta como el dique contra el bolsonarismo. El contraste no puede ser más claro en estas elecciones cuyas consecuencias no solo afectan a este país, sino a toda América, donde los líderes afines a Trump encadenan victorias o buscan consolidarse en el poder, de Argentina a Colombia, de Chile a El Salvador. Una victoria de Bolsonaro dejaría a México como uno de los grandes países americanos fuera de la órbita ultraconservadora.
Aunque Bolsonaro ha intentado presentarse como un líder moderado y aceptable para la mayoría de electores, ya ha prometido que, si gana, su primera medida consistirá en indultar a su padre. Su indudable fuerza electoral quedó reflejada en su victoria en la primera vuelta el pasado día 4, con un 47% de los votos frente al 45% de Lula, una ventaja que le ha situado como favorito para la presidencia. Las tres semanas entre ambas vueltas han servido al presidente para recuperarse en los sondeos hasta llegar al empate técnico, en gran parte por una movilización de la izquierda espoleada por el miedo a Bolsonaro.
El tramo final de la campaña se ha visto enturbiado por las acusaciones a la compañía estadounidense Meta, propietaria de WhatsApp y Facebook, de dar más difusión a la campaña de Bolsonaro que a la de Lula. La compañía ha prometido explicaciones a la Justicia Electoral, pero estas no llegarán previsiblemente hasta después de los comicios. El caso es una pieza más del debate global sobre el papel de las redes en los procesos democráticos. Y es la prueba de que lo que se dirime en Brasil no solo concierne en Brasil, país que desde hace tiempo se ha convertido en uno de los campos de batalla de la internacional trumpista.
Las fuerzas de extrema derecha avanzan y se afianzan, desde Europa a América Latina, y en las elecciones brasileñas podrían lograr una victoria decisiva, por la radicalidad autoritaria de los Bolsonaro y por la proyección internacional e histórica de la figura de Lula. Y, sin embargo, ambos candidatos llegan al final con la elección abierta. Nada está escrito.
Fuente: El País
