
Nacido en Mendoza en 1835, el coronel Manuel José Olascoaga fue la típica personalidad polifacética del siglo XIX en la que se conjugaban las armas, las letras y un espíritu de aventura propio de su época. De formación militar, Olascoaga se dedica por igual a los estudios topográficos, la plástica, el periodismo y también a la crónica histórica. Tal vez por ello -esgrimen sus biógrafos-, casi a modo de defensa habría destacado en las “guerras indias” más por la pluma que por el Remington.
Y en la pluma vaya si destacó. En 1862 fue el encargado de elaborar, por encargo del gobierno argentino, una memoria y un plan de defensa “frente a los indios” y sus “veinte mil leguas” de territorio independiente, así como estudios topográficos de la línea de fortines, desde Melincue a San Rafael. El año 1864, en tanto, sería nombrado jefe de la Frontera Sur con asiento en Mendoza.
Como habrán de suponer, Olascoaga participaba de los ideales de la generación del 80. Es decir, confiaba en el desarrollo de la civilización y el progreso en oposición a lo que entonces se entendía como la barbarie, fueran estos los “indios” o caudillos políticos con aires autoritarios.
Esto último lo involucró en cuanto entrevero político vivió Argentina, llegando Colorados que en 1867 enfrentó a los federales contra el presidente Bartolomé Mitre.
En Santiago, y como forma de sobrevivir, fundó un periódico de humor gráfico con ilustraciones llamado La Linterna del Diablo y prestó servicios de imprenta y litografía. Por la misma época concluyó un mapa de Chile que con la aprobación del historiador Diego Barros Arana, entonces director del Instituto Nacional, fue adoptado por las escuelas de todo el país.
Fue en 1869 -y atendiendo su prestigio como militar y topógrafo- cuando Cornelio Saavedra lo invitó a ser parte de las campañas militares al sur del río Biobío, prestando servicios hasta 1871. El célebre grabado del Parlamento de Hipinco de 1869, entre Cornelio Saavedra y lonkos nagche-lafkenche a cuatro leguas de Purén, es obra de Olascoaga. Busquen la imagen en Google.
Allí, sentado como todo un “señor”, figura el cerebro de la invasión del país mapuche occidental. Y a su lado varios actores de aquella trama: el coronel Gregorio Urrutia, de sombrero y poncho claro; el teniente coronel Mauricio Muñoz, detrás de Urrutia y con su chaqueta abierta; el teniente coronel Estanislao del Canto, extremo izquierdo y detrás de Muñoz; el padre Buenaventura Ortega, sentado en el margen izquierdo del grabado; el lenguaraz Barra, parado y con la gorra en la mano; y de Die, detrás de Saavedra, el propio Olascoaga.
En los años siguientes Olascoaga se transformará en el principal promotor de una alianza militar entre Chile y Argentina contra los mapuches. Es una idea que expone en círculos políticos y castrenses, pero también en tribunas públicas, una de ellas el influyente periódico El Ferrocarril.
Tras servir junto a Cornelio Saavedra los años 1869, 1870 y 1871, Olascoaga regresó a Buenos Aires en 1873, estableciéndose más tarde en la ciudad de Rosario, donde ejerció labores periodísticas y rurales.
Fue en junio de 1877 cuando se reintegró al ejército, sirviendo en Río Cuarto bajo las órdenes del general Julio Roca, quien al ser nombrado ministro de Guerra y Marina lo designó de inmediato como su secretario personal. Juntos se abocaron a organizar y ejecutar entre 1878 y 1879 la mal llamada Campaña del Desierto, esto es, el avance definitivo sobre la línea del río Negro.
Por su conocimiento de las jefaturas mapuche Olascoaga se transformó en un asesor clave de Roca. Lo asombra con la gran cantidad de datos que posee de Wallmapu, de las tácticas militares mapuche, así como detallados perfiles de los principales linajes y sus alianzas en ambos lados de la cordillera.
Hacia 1878 la oportunidad para ambos Estados para dar el golpe final a los mapuche no podía ser más propicia: aquel año Saavedra y Roca coincidieron como ministros de Guerra de Chile y Argentina. respectivamente. Y las voces públicas que clamaban por una acción militar conjunta también eran coincidentes en uno y otro lado de la cordillera.
Esa coordinación existió tal cual añoraba Zeballos. Y si bien Roca se adelantó con las operaciones militares, marchando al sur el 16 de abril de 1879 (Chile a comienzos de mes había declarado la guerra a Perú y Bolivia), una vez concluida la ocupación de Lima el plan conjunto marchó sobre ruedas. Así lo prueba la nutrida correspondencia entre Olascoaga, Saavedra, Roca y el general Villegas, coordinando las operaciones militares en el sur.
Pero Olascoaga no solo actuó como enlace o hábil “espía” en esta guerra conjunta contra los mapuche. También le correspondió escribir el diario de marcha de la expedición militar comandada por el general Roca en 1879. Sus apuntes constituyen hoy una valiosa fuente para estudiar aquel período.
Estos comprenden el itinerario de las cinco columnas de operaciones, diversos documentos relativos a la campaña, tales como correspondencia y ordenanzas, así como detallados mapas del territorio mapuche ya conquistado y aquel todavía por conquistar. Serían publicados como libro el año 1880 bajo el título Estudio topográfico de la Pampa y Río Negro, logrando incluso su autor un premio en el Congreso Internacional de Geografía de Venecia de 1881.
Pero los verdaderos honores llegarían para Olascoaga una vez que Roca, su jefe, asume la presidencia de Argentina.
De inmediato fue nombrado jefe de la Comisión Científica de Exploración, Relevamiento y Estudios Militares de la Región de los Andes del Sud, de la que participaron empleados de la Oficina Topográfica Militar, el actual Instituto Geográfico Militar de Argentina. Por si no bastara, tras la ley del año 1884 que creó los llamados Territorios Nacionales, fue nombrado primer gobernador de Neuquén.
En 1887 Olascoaga fundó Chos Malal (‘corral amarillo’, en lengua mapuche), ciudad que sería hasta 1904 la primera capital provincial neuquina.
Según sus biógrafos, más allá de la guerra y sus vicisitudes, llegó a ser un gran admirador del pueblo araucano. Hasta publicó tres novelas bajo el seudónimo Mapuche. Una de ellas es Juan Cuello: Historia de un argentino, donde aborda la marginalidad social que afectaba a los gauchos.
Escrita en 1873 y publicada en los folletines de El Nacional de Buenos Aires, está inspirada en el célebre y enamoradizo bandido rural trasandino fusilado en 1851 y su rebeldía frente a las injusticias del poder. Si bien la mayor parte de la historia transcurre en San Luis, la acción también se extiende hacia la pampa bonaerense, donde el bandolero llega escapando de la policía después de vengar el asesinato de su familia.
Es entonces cuando Juan Cuello se refugia en territorio indio y es acogido en la toldería de un lonko mapuche. Olascoaga aprovecha este episodio, basado en hechos reales, para describir las costumbres de nuestro pueblo, mostrar sus conocimientos del mapuzugún y manifestar, indirectamente, su opinión contra la política de exterminio que abrigaban algunos jefes militares.
Fragmento del libro “Historia secreta Mapuche”, de Pedro Cayuqueo
