domingo, 18 de enero de 2026
Antiguo edificio de la estación Retiro. Circa 1900

Los ferrocarriles fueron uno de los emprendimientos en los que el Estado nacional hizo inversiones, para compensar el desgano de los capitales privados. Juárez Celman había enajenado líneas ferroviarias de propiedad pública, pero a pesar de ello en la década del 90 se siguieron construyendo rieles por cuenta del Estado. Se unieron de esta manera las capitales provinciales de Jujuy y La Rioja, se siguió con el trazado del Ferrocarril Central desde el Norte hasta Bolivia por La Quiaca y pudo avanzarse hasta Orán por el Chaco. En la Patagonia comenzaron a realizarse estudios para extender nuevos ramales, algunos de los cuales se concretaron años más tarde. Al terminar la segunda presidencia de Roca, la red del Estado se extendía a lo largo de 2.000 kilómetros y había 1.500 más en construcción.

La presidencia de Figueroa Alcorta dio apoyo a los ferrocarriles públicos; esta acción de integración del territorio no se contraponía con el liberalismo imperante en lo económico. Estas realizaciones fueron institucionalizadas cuando en 1909 se sancionó la ley 6757, por la cual se creó la Administración General de Ferrocarriles del Estado. Los directivos del organismo fueron designados por el Poder Ejecutivo, que lo dotó de autonomía financiera, de modo que pudiera adquirir materiales, expropiar terrenos y proyectar, construir y explotar líneas ferroviarias.

La capacidad exportadora argentina se incrementó con el mejoramiento del transporte, especialmente el ferroviario, que concentraba las cosechas en los puertos al modo de un gran embudo. Al finalizar el siglo, el 80 por ciento de la producción triguera y el 50 por ciento de la maicera se trasladaban por ferrocarril. Las principales vías troncales estaban diseñadas ya hacia fines de la década anterior, y una simple ojeada al mapa permitía advertir la relación entre transportes y exportaciones. En 1900, la red ferroviaria argentina llegaba a más de 16.000 kilómetros y era la décima del mundo: sólo la superaban las redes de los Estados Unidos, las principales potencias europeas, Canadá, Australia y la India. Más aún: en 1892, cuando todavía se vivían las consecuencias de la crisis que había estallado dos años antes, en nuestro país se tendieron 2.400 kilómetros de vías, una cifra pocas veces alcanzada, no sólo en la Argentina sino en casi cualquier nación del mundo.

 

Fragmento del libro “La época de Roca”, de Félix Luna

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