sábado, 28 de febrero de 2026
“La Casa Blanca”, dependencias habilitadas para la Familia Perón, por Don Emilio Grether. Se pueden observar en la fotografía además, ovejas de cabaña con corderos frente a la casa. Fotografía V. Heinken

En la Maciega vivió cuando niño, el ex Presidente Juan Domingo Perón, hijo de Doña Juana Sosa y Mario Tomás Perón.

El matrimonio tuvo dos hijos, el mayor Mario Avelino, nació en el año 1891 y Juan Domingo, el 8 de Octubre de 1895, ambos en Lobos, Provincia de Buenos Aires.

En el año 1886 Mario Tomás Perón se asoció a Don Eulogio del Mármol, fundando “La Estanzuela”, en Lobos. También había trabajado en campos de Juan Atucha y en Roque Pérez arrendó una chacra y campos de pastoreo. Apasionado por las ciencias naturales, nunca olvidó a su profesor de la Universidad, Cristóbal Hickens, por eso cuando estaba en el campo le envió la primera colección de plantas autóctonas de la Patagonia, y tuvo una interesante corresponsalía con el sabio Doctor Homberg, también su profesor.

Cuando atendía el campo familiar en Lobos, nacen los hijos de Mario Tomás y Doña Juana Sosa Toledo, con quien se había casado, a fines de siglo pasado. En la casa paterna en Lobos, trató a los Hermanos Maupas, dueños de “La Maciega”, que estaban interesados en mejorar la explotación de sus haciendas en Chubut.

No tardaron mucho en concretar un acuerdo e inmediatamente se hizo cargo de la estancia, en la zona de Cabo Raso a 200 Km de Puerto Madryn. Allí criaría sus propias ovejas, dividiendo las ganancias. En el año 1900 emprendió el viaje hacia el Sur, arreando una majada de 500 cabezas. En el trayecto lo acompañaba Francisco Villafañe, “Pancho”, cuyo verdadero nombre era Francisco Santillán, quien actuaba de caballerizo y mayoral. Fiel servidor lo acompañará hasta Sierra Cuadrada, donde el día de hoy tienen campo los descendientes de Santillán, junto a los de Mario Avelino.

Trajo gente del norte que lo acompañó y se afincaron en la zona: Cipriano Torga, Andrés Vera, Germán Balladares, que pobló el campo que hoy es Santa María del Mar.

En 1901, Don Mario Tomás regresó a Buenos Aires a buscar a su familia, y viajaron en el transporte “Santa Cruz” a la Patagonia. Desembarcaron en Puerto Madryn, continuaron en tren hasta Trelew y, en coche de caballos, de este pueblo a Rawson, hospedándose en la casa de Don Justo Alzúa varios días, como se acostumbraba en aquella época. Los Perón iniciaron una amistad con los Alzúa quienes guardan en la casa familiar fotografías del matrimonio en postales, luciendo ambos su gallardía. En Rawson consiguieron una carreta y durante una semana fueron abriendo huellas entre médanos y piedras, hasta llegar a la estancia de Maupas.

El campo tenía en ese entonces casi 15 leguas, con 9 o 10 mil ovinos y la mejor casa de la región, ya era conocida como “La Maciega”.

Cuando llegaron a Cabo Raso conocieron a Don Fernando Robert y familia, francés de origen, quien ya estaba poblando en Santa Elena. Su hijo Alberto, nacido en Patagones, y dos años mayor que Juan Domingo, se hizo amigo inseparable del futuro Presidente.

Los Robert se habían afincado en Camarones, que en ese entonces era un villorrio con pocas casas de chapa forradas de madera, como eran las primitivas construcciones. Había almacén, correo, y estaban construyendo un hotel. Por esos años Camarones tenía el movimiento de pasajeros y tropa, que transitaban los caminos de la costa.

Juan Domingo llegó a la estancia La Maciega con 6 años, y vivió y disfrutó del campo por 4 años, edad para hacer inolvidables esa etapa de la infancia.

Aprenderá y tendrá devoción hacia Don Pancho Villafañe. El manejo del caballo y la libertad de galopar al viento serán las sensaciones más fuertes de su vida, que le harán recordar por siempre estas tierras. Las visitas entre las dos familias duraban varios días, porque viajar nueve leguas no era para volver en el día. Se sabe que iban a Camarones desde la estancia en un carruaje, tirado por 3 caballos, precedidos por el domador Pancho Villafañe, en ese entonces un joven de 16 o 17 años, quien entraba a Camarones a todo galope, soplando una trompeta como los postillones, según recordaría Don Alberto Robert.in

A los 7 años Juan Domingo había completado su aprendizaje de los caballos. Su pasión era cazar guanacos, se apostaba en los mangrullos de “La Maciega”, observando los movimientos de las cuadrillas y trazaba su estrategia. Según dijera más tarde, eran sus ensayos generales de guerra, y nada lo regocijaba más que desconcertarlos. Aunque Juan Domingo era diestro en la caza del guanaco, debía admitir que Alberto Robert lo superaba.

También eran del grupo los Albertella, según me contó don Juan a los 91 años, aunque en ese entonces ellos eran menores, las familias mantenían una relación amigable. Don Albertella recordaba cuando tomaron la comunión sus hermanas y las hijas de Verdeau. Fueron por la tarde a “El Porvenir”, a festejar el acontecimiento y tomar chocolate.

4) Don Juan Albertella me mostró fotografías o daguerrotipos, en auge a mediados del siglo XIX, del matrimonio Perón, anterior al nacimiento de los hijos, conservadas en muy buen estado. La educación de los hijos de la familia Perón era austera, rígida, casi espartana, muy propia de principio de siglo, pero rodeada de amor y ejercitados en la solidaridad a la vecindad y con la naturaleza y la práctica de los deportes.

En la primavera de 1903, las lluvias y el invierno habían demorado la correspondencia de los dueños de la estancia, señores Maupas, en la que les informaban que la estancia ya no les pertenecía, pues en mayo la habían vendido a la firma Mitau y Grether, quienes impondrían nuevo personal. A Don Mario lo autorizaban a quedarse como auxiliar con derecho a que pastaran sus ovejas, pero ya no podrían repartir las ganancias. Al recibir esta noticia sobre las nuevas condiciones laborales, escribe varias cartas al ejército de línea, y entre los estancieros de la vecindad averigua si quedaban tierras fiscales libres que pudiera poblar por cuenta propia.

Quedaron un año más en Maciega, y en 1904 parten para Santa Cruz, mientras envían a los hijos a Buenos Aires a estudiar en casa de su abuela, Dominga Dutey.

A instancias del juez de Camarones, señor Romero, fue a trabajar a estancia Chankaike, en Santa Cruz, con su esposa Juana, como encargado de dicha estancia. Este campo tenía 12 leguas y ocupaba el vértice sur del Río Coyle. El paisaje era hermoso, pero debieron trabajar duro para poner todo en orden. En 1905 registró su marca.

En 1907 volvió a Camarones, tal vez ahuyentado por los hielos de Santa Cruz o por desacuerdos con Don Luis Link, dueño de Chankaike, y se asentó a 15 Km de Camarones, Punta Thompson, lugar al que llaman EL PORVENIR. Al estar más cerca de Camarones, Don Mario Tomás Perón, realizaba visitas semanales, sobre todo al amigo Juez de Paz, Señor Romero, a quien secunda en su trabajo del juzgado, prestando su hermosa letra para inscribir en los registros oficiales los títulos de propiedad, ventas de hacienda, nacimientos y muertes de personas. “Voy aprendiendo el oficio de Juez”, escribirá en un almanaque. El Juez, señor Romero, le promete dejarle el puesto cuando se vaya de Camarones.

 

Texto de “Pioneros de la costa del Chubut” – Isabel Caminoa de Heinken

 

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