A través de sus rogativas: Camaruco y Ngillatun, de sus canciones sagradas, de su lengua, de sus profundos mitos y relatos y el legado a través de cientos de sitios arqueológicos con miles de años de historia se está reconociendo la trayectoria de estos pueblos que hoy en nuestra provincia se autodenominan Mapuche-Tehuelche. Sus identidades siguen tejiendo su trama con todos los cambios, complejidad y riqueza de todas las sociedades humanas.
A continuación, brindaremos dos ejemplos de cómo se educaba y se transmitían sus conocimientos. Elegimos para ello dos artes tradicionales que condensan siglos de aprendizaje de mujeres; el de las caperas y el de las tejedoras. Son dos artes relacionadas con el abrigo y el cobijo, sus tradiciones ancestrales están estrechamente relacionadas con la cosmovisión y mitos de cada pueblo. Aquí las separamos solamente por un tema de claridad en el relato, pero desde el S. XVIII, ambos pueblos comparten el arte textil.
Las caperas tehuelche
Elal’ les enseñó a los paisanos a hacer capitas de guanaco para taparse; les decía así: “saquen el cuero del chulengo y hagan capitas para taparse el cuerpo”. Ana Montenegro de Yebes
Las mujeres tehuelches que se dedicaban al arte de la preparación, la confección y el pintado de las capas se llamaban caperas. Esta labor usualmente la hacían entre varias que compartían el trabajo que luego se iba armando como un rompecabezas (en el sentido del patchwork o ensamblado) hasta lograr la capa terminada”.
Los motivos pintados transmiten una estética y una labor de mujeres que refleja patrones cosmovisionales muy profundos y manifiestan una gran riqueza interior. Los cueros pintados, tanto de los Aónik’enk (Tehuelches Meridionales) y Gününa Küna (Tehuelches Septentrionales), estaban muy difundidos en los últimos siglos y son mencionados por la mayoría de los viajeros. Las capas o mantos son los cueros pintados más espectaculares. También están aquellos que utilizaban para envolver enseres diversos, para los toldos y hacer divisiones en su interior, para el armado de la Casa Bonita en la iniciación de las jóvenes, mantas, cofres, bolsitas, tabaqueras, naipes, monturas y cojinillos, y las armaduras con sus sombreros. Hay también mantos sin decoración pintada y mantos de pieles de gato montés, zorrino, ñandú, puma, mara, tucu-tucu, con una confección muy elaborada en la que se combinaban los dibujos del pelo del animal para formar motivos.
En el trabajo compartido, las mujeres iban armando las partes de las capas, como en el pat- chwork, cada una aportando su parte y luego pintando los motivos. Esta costura es tan precisa, que el orgullo de la capera es que no se filtre un rayo de luz por sus costuras.
Este arte surge del cultivo de una intimidad con la vida, un acercamiento de compenetración con todas las cosas de la tierra, con lo sagrado, como el arte de comprender la unidad fundamental de todos los aspectos que conforman la existencia. El ritual del arte es un sentimiento vital, no exilia al sujeto, no concibe al mundo como espectador, sino como una realidad comprometida en la que es necesario estar y actuar constantemente:
A través de los motivos que pintaban en las capas, contaban las historias de cada persona y, como estas historias iban cambiando, también cambiaban las capas.
El toldo pintado también era obra de mujeres. Era una reproducción del cielo, era la casa, lo que cobija; la capa era lo que abriga. Ambos estaban pintados y eran su responsabilidad. Ellas cosían, pintaban, armaban y trasladaban los toldos. Esto las convertía en dadoras de capas y casas, de abrigo y de cobijo.
Recién cuando conocían a la persona que iba a portar la capa que ellas realizarían, las caperas definían el diseño. Estos diseños se mantuvieron durante por lo menos cinco siglos en las prendas y algo más en las pinturas hechas en paredones y cuevas.

A través de los mitos es Élal mismo quien entrega al tehuelche este arte y la vida terrestre siempre acompaña a la celeste. Al nacer un niño es envuelto en un cuero de guanaco y se le impone el nombre y su canción sobre un cuero pintado, al morir el tehuelche es también envuelto en una capa pintada.
La guanaca y/o chulengo tiene que ser sacrificado -por los varones- de forma muy cruenta para extraer su preciada piel. Las mujeres toman la piel del animal y hacen lo opuesto. Al cazar se mata, se rasga y se desmembra, las mujeres en cambio, le dan forma, ensamblan y unen.
Los tipos de capa para cada uno de los momentos importantes de la vida nos ayudan a comprender la importancia de las mismas en la vida cotidiana
Hay dibujos para el cacique, para el anciano, el varón y la mujer. También hay dibujos para las mujeres que quedan viudas. Yo no me puedo poner la capa de otro, no se podía cambiar. Hay muchos dibujos para la gente joven, para los casados también había una capa toda roja y para los solterones una toda verde. Hay muchos dibujos porque hay que distinguirlos a los caciques, a los jóvenes, la mujer, la primera mujer. Otros son para los chicos que todavía no tenían ninguna hazaña. Hacia los 15 años, los padres de los varones decidían el cambio de color de la capa. A los dibujos los tenían todo en la cabeza’. El quillango pintado se usaba para andar por la casa o de paseo. La capa de trabajo era sin pintar y pelo hacia afuera, era de barbucho, un chulengo que ha dejado de mamar.
Cada capera tenía la costumbre de hacer las cosas de una forma, y en esto se diferenciaba de las otras. Cada familia además tiene sus dibujos (aunque todos eran diferentes), uno sabía si alguien venía de otro lugar y cuál era ese lugar por los dibujos. Si tienen capa con dibujo era tehuelche, cuando llegaba un tehuelche uno lo distinguía por los dibujos. Las de otros lugares eran las mismas, pero con otras combinaciones de dibujos. La cruz y la flecha es un dibujo de una persona que ha sido guerrera, que ha peleado con otros y se salvó. El quillango Potro era para el Cacique. También había capas de luto y capas para acompañar a las personas en el más allá. Cada persona de lo que ha sido tiene su dibujo.
La capa es, entonces, un nombre-dibujo que simboliza los logros de la vida de la persona. Hay capas que prácticamente representaban nombres propios, pero que cambiaban en el curso de la vida de quien las portaba a partir de sus logros, sus iniciaciones, etc. Así se ven los nombres de cada uno.
Las caperas cosen-restituyen, pintan-nombran, dan cobijo, dan dibujos, dicen quién es cada uno. En suma, cada persona de lo que ha sido tiene su dibujo; y ese motivo es el que pintan las mujeres en las capas.
Texto de “La educación en el Chubut 1810-1916” – Sergio E. Caviglia. Biblioteca Sarmiento, Puerto Madryn

