domingo, 19 de abril de 2026
La unidad militar con mayor armamento del país ubicada en la localidad bonaerense de Azul.

La Razón salió a la calle el 20 de enero de 1974  anunciando un “Cruento golpe extremista en una unidad militar de Azul”, con la información a toda página en tres columnas. A las 10.40 Perón presidió una reunión a la que asistieron la vicepresidente y los ministros de Interior (Llambi), Economía (Gelbard), Defensa (Robledo) y de Bienestar Social (López Rega). También participaron los tres comandantes generales: Anava, Massera y Fautario; el jefe de la SIDE (general Morillo), el jefe de la Casa Militar (coronel Corral) y el secretario Militar de la presidencia (coronel Damasco). Allí se analizaron todas las informaciones disponibles y se convino que Perón hable a las 21 en cadena nacional desde la residencia de Olivos. Luego, el teniente general Leandro Anaya viajó al lugar de los hechos. Mientras tanto, en la sede del Ejército los altos oficiales del Estado Mayor y demás dependencias entre otros los generales Jorge Rafael Videla, Alberto Numa Laplane y Roberto Eduardo Viola- realizaron reuniones de evaluación que duraron toda la jornada. De esas reuniones, más específicamente de la Secretaria General de Ejército, partió un mensaje telefónico para el coronel Damasco: “Vicente, sería importante si el presidente de la Nación puede lucir el uniforme esta noche cuando pronuncie su discurso”.

El domingo 20 por la noche se levantó una tarima en uno de los grandes salones de la residencia presidencial a la que se le puso una mesa de firma estilo francés con adornos de bronce dorados, más dos sillones. En uno se sentó Perón con uniforme de diario de teniente general y en el otro, un poco más atrás, María Estela Martínez de Perón. Completaban la escena el edecán militar, teniente coronel Alfredo Díaz, y dos soldados del Regimiento de Granaderos a Caballo con uniforme de época. Fuera de cámara, acompañaban los ministros Llambí, Robledo, Gelbard y López Rega y, con claro sentido político, los titulares de la CGT, Adelino Romero, las 62 Organizaciones, Lorenzo Miguel, y el Consejo Superior Justicialista, José Humberto Martiarena. Juan Domingo Perón habló como presidente de la Nación y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas. Más que una simple arenga fue una fijación de órdenes, directivas y prioridades frente a la emergencia del momento. El discurso de novecientas palabras, que Perón no improvisó, comenzó a las 21.08. Esperado con mucha expectación, el mensaje presidencial fue el siguiente:

Me dirijo a todos los argentinos frente al bochornoso hecho que acaba de ocurrir en la provincia de Buenos Aires, en la localidad de Azul, donde una partida de asaltantes terroristas realizó un golpe de mano, mediante el cual asesinaron al jefe de la unidad, coronel don Camilo Gay, y a su señora esposa, y luego de matar alevosamente a soldados y herir un oficial y suboficial, huyeron llevando como rehén al teniente coronel Jorge Ibarzábal.

Hacía un mes que el teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal había sido destinado a Azul; el jefe de la unidad era el coronel Camilo Arturo Gay. El primero fue secuestrado y el segundo murió en el enfrentamiento con los guerrilleros

Hechos de esta naturaleza evidencian elocuentemente el grado de peligrosidad y audacia de los grupos terroristas que vienen operando en la provincia de Buenos Aires, ante una evidente desaprensión de sus autoridades. El gobierno del pueblo, respetuoso de la Constitución y la ley, hasta hoy ha venido observando una conducta retenida frente a estos desbordes que -reitero- nada pueden justificar en la situación que vive la República.

Tampoco, desde nuestro Movimiento, hemos querido producir un enfrentamiento, desde que anhelamos la paz y propendemos a la unión y solidaridad de todos los argentinos, hoy ocupados en la reconstrucción y liberación nacional. Pero todo tiene un límite: tolerar por más tiempo hechos como el ocurrido en Azul, donde se ataca a una institución nacional con los más aleves procedimientos, está demostrando palmariamente que estamos en presencia de verdaderos enemigos de la Patria, organizados para luchar contra el Estado, al que a la vez se infiltran con aviesos fines insurreccionales.

Nuestro ejército, como el resto de nuestras Fuerzas Armadas que han demostrado su acatamiento a la Constitución y a la ley, en provecho de una constitucionalización, no merecen sino el agradecimiento del pueblo argentino, que frente a lo ocurrido debe sentirse herido en lo más profundo de su sentimiento patriótico. Ya no se trata sólo de grupos de delincuentes sino de una organización que, actuando con objetivos y dirección foránea, atacan al Estado y a sus instituciones, como medio de quebrantar la unidad del pueblo argentino y provocar un caos que impida la reconstrucción y la liberación en que estamos empeñados. Es la delincuencia asociada a un grupo de mercenarios que actúa mediante la simulación de móviles políticos tan inconfesables como inexplicables.

En consecuencia, ni el gobierno que ha recibido un mandato popular, claro y plebiscitario, ni el pueblo argentino, que ha demostrado con creces su deseo de pacificación y liberación, pueden permanecer inermes ante estos ataques, abiertos a su decisión soberana, y tolerar el abierto desafío a su autoridad, que pone en peligro la seguridad de la ciudadanía, cada día expuesta a la acción criminal de estas bandas de asaltantes”.

No es por casualidad que estas acciones se produzcan en determinadas jurisdicciones; es indudable que ello obedece a una impunidad en que la desaprensión e incapacidad lo hacen posible. Por lo que sería aún peor si mediara como se sospecha una tolerancia culposa.

En consecuencia, el gobierno nacional en cumplimiento de su deber indeclinable, tomará de hoy en más las medidas pertinentes para atacar el mal en sus raíces echando mano a todo el poder de su autoridad y movilizando todos los medios necesarios.

Aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que pretendemos una Patria justa, libre y soberana, lo que nos obliga perentoriamente a movilizarnos en su defensa y empeñarnos decididamente en la lucha a que dé lugar. Sin ello, ni la reconstrucción nacional ni la liberación serán posibles.

Yo he aceptado el gobierno como un sacrificio patriótico y porque he pensado que podría ser útil a la República; si un día llegara a persuadirme que el pueblo argentino no me acompaña en ese sacrificio no permanecería un solo día en el gobierno. Entre las pruebas que he de imponer al pueblo es esta lucha.

Será, pues, la actitud de todos la que me impondrá mi futura conducta; ha pasado la hora de gritar “Perón”, ha llegado la hora de defenderlo.

El discurso fue muy claro. Así hablaba Perón, y de sus palabras se desprenden críticas al PRT-ERP, Montoneros (simuladores) y al gobierno de la provincia de Buenos Aires que comandaba Oscar Bidegain. Homenajea a las Fuerzas Armadas, habla del magnífico funcionamiento de la organización sindical y, sin nombrarla, roza a Cuba cuando menciona los “objetivos y dirección foránea” de los terroristas. Perón sabía de qué hablaba.

 

Fragmento del libro “El Escarmiento”, de Juan B. Jofre

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