viernes, 1 de mayo de 2026
Manuel Dorrego

La política de “mano dura” con los indígenas que sostenían los sectores más violentos de Buenos Aires a través de la intervención del coronel Rauch, pasa a segundo plano a partir de la renuncia de Rivadavia y la asunción en agosto de 1827 del coronel Manuel Dorrego, quien designa a J. M. de Rosas como interlocutor ante las distintas comunidades tribales. Ambos tenían coincidencias frente a la cuestión indígena. El primero, es fundamentalmente integracionista y lo demuestra con la incorporación al ejército de caciques aliados como el borogano Venancio Coyhuepán, que luego de su ingreso desde Chile, se había instalado en las proximidades de Tandil. A este cacique, en octubre de 1827 le otorga el cargo de Teniente Coronel con el objeto de atraer a otras tribus rebeldes. Coyhuepán, junto con el cacique tehuelche Cachul, “constituyeron una dupla invalorable de aliados con la cual Rosas llevó adelante la fundación de fuertes entre 1827 y 1828 afianzando la frontera. Por su parte Rosas, ya venía poniendo en práctica la convivencia pacífica con diferentes caciques tehuelches mediante la incorporación, como se dijo, de mano de obra en sus establecimientos ganaderos.

Se puede afirmar entonces que la política que llevará adelante Dorrego a partir de 1827 con la colaboración de J. M. de Rosas hasta su derrocamiento e injusto fusilamiento por parte del unitario impío de Juan Lavalle -triste episodio de nuestra historia ocurrido el 13 de diciembre de 1828-, antes que a la eliminación del indio de la zona tribal, apuntaba a un plan de colonización indígena, es decir, a la progresiva incorporación de esas tribus al naciente proceso de producción capitalista.

Dentro de ese marco político, se llevó adelante un plan de fundación de fuertes con la intención de afianzar la frontera. Fue así que ” (…) En los primeros días de 1827, Rosas funda el fuerte “Federación”, antecedente de lo que hoy es la ciudad de Junín, y que por ese entonces contribuyó a reforzar las defensas de Luján, Salto y rojas. En 1828 funda el fuerte “25 de mayo”, base de la actual ciudad homónima a unos 20 kilómetros al sudoeste de la laguna Cruz de Guerra; y el fuerte “Laguna Blanca, a medio camino entre “25 de mayo” y la “Fortaleza Independencia”. Con la fundación de la “Fortaleza Protectora Argentina” en abril de 1827 culmina, por parte de la gestión Dorrego, el proceso de penetración en el “Pais del Diablo”, esa zona misteriosa más allá del río Salado”

Obviamente, los caciques como Cachul y el borogano Coyhuepán se habían puesto a disposición de Dorrego, pero fueron derrotados y dispersos luego de la batalla de Navarro del 9 de diciembre de 1828 con el derrocamiento y posterior fusilamiento del gobernador. No obstante, parte de los boroganos atacaron sorpresivamente un campamento del coronel Morel (que era leal a Lavalle) y le dieron muerte a él y a cincuenta de sus “Coraceros” en febrero de 1829.

Por su parte, el coronel Rauch, aquel “joven terrible, rayo de la guerra, espanto del desierto”, de acuerdo a los versos del poeta unitario Juan Cruz Varela”, corrió la misma suerte que Morel. Fue perseguido y derrotado el 28 de marzo de 1829 por un grupo indígena ranquel a cargo del cacique Nicasio Maciel, cuyo apodo era “arbolito”. En venganza por los horrores cometidos contra los indios, éstos le cortaron la cabeza y luego de exhibirla en distintos lugares, finalmente la arrojaron en alguna calle de Buenos Aires como para que les sirva a los porteños como desafío.

 

Fragmento del libro “Sobre la ocupación del norte patagónico”, de Miguel Contissa

 

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