
En Argentina, 32 años después, todavía se siguen preguntando qué vida llevará Sue Ellen Carpenter, aquella joven que se hizo tristemente célebre en el país un 25 de junio de 1994. Rubia y vestida de blanco, apareció en el césped del estadio de Boston después de la segunda victoria de la Albiceleste en ese Mundial, contra Nigeria (2-1), para buscar a Diego Armando Maradona. “¡Viva Argentina y viva Maradona!”, le gritó cuando llegó a su altura. El Pelusa la cogió de la mano y le pasó un brazo por la espalda. Como dos novios. De camino a los vestuarios, el genio atendió exultante a una televisión. “Gracias a Dios, me dieron las piernas. Me sentí importante, como que el equipo necesitaba que yo tuviera la pelota. Los quiero mucho, argentinos”, exclamó. Detrás seguía Sue Ellen Carpenter, inseparable. Ya en los pasillos, Maradona se encontró con un rival que le había metido alguna patada y le soltó una broma de las suyas: “Sos un perro, sos un guau, guau, guau”. Estaban en el control antidoping. Hasta esa fatídica sala le había llevado de la mano esta enfermera de 36 años.
Poco antes de terminar el choque, la californiana se había acercado al banquillo para comunicar al médico que Maradona debía someterse a un análisis, según había salido en el sorteo. Y aprovechó el viaje para contarle que había tenido una pareja argentina que siempre le hablaba del país. Al doctor le cayó bien esa joven y la animó a saltar al campo para buscar al Diez. “Vení conmigo, que vas a salir en todos los diarios con Maradona”, le dijo. Imposible imaginarse hasta qué punto eso iba a ser cierto. Desde el palco había seguido toda la escena el presidente de la federación argentina (AFA), Julio Grondona, que se santiguó e imploró: “Que Dios nos proteja”, según se desvela en el documental La caída de Maradona.
Los rezos fueron inútiles. Cinco días después, el astro fue expulsado del Mundial por positivo por efedrina, un compuesto que activa el sistema nervioso. Aquel fue su último partido con la selección y uno de los momentos más tensos en una Copa del Mundo. “Me cortaron las piernas”, lloró Maradona cuando se enteró de que Grondona había decidido retirarlo del torneo. El dirigente, vicepresidente también de la FIFA, fue señalado por muchos en su país como el hombre que entregó al mito al gran organismo internacional, a cuya cúpula también pertenecía, en una decisión que una parte de la población la calificó como política. Nadie, en todo caso, pudo negar el positivo y la FIFA sancionó a Diego con 15 meses. “No caiga en el abatimiento, son infinitos los que le admiran”, le pidió por carta el escritor Ernesto Sábato. El Pelusa todavía volvió a jugar y entrenar (“¿Qué podía hacer, administrar una cadena de supermercados?”, justificó su representante, Marcos Franchi); pero aquello marcó su final. Tenía 33 años y 84 partidos internacionales.
“¡Gardel está vivo!”
La decisión final de su salida se tomó y se comunicó en Dallas, donde se encontraba Argentina para el tercer encuentro, ante Bulgaria, y donde la FIFA había instalado su sede. La ciudad también donde la Albiceleste disputará en la madrugada del sábado al domingo (4.00, Dazn) su tercer choque de este Mundial, frente a Jordania. Un argentino decía estos días en Dallas que aquí asesinaron a John F. Kennedy en 1963 y a Maradona en 1994. Entre el hotel de la selección en el que el Diez vivió su drama y el punto donde mataron al presidente estadounidense hay 15 manzanas.
Maradona había vuelto a la Albiceleste unos meses antes por aclamación popular, tras un sonrojante 0-5 de Colombia. Apenas había disputado dos encuentros con la selección desde la derrota en la final de Italia 90 (en medio cumplió un castigo de 15 meses por cocaína), pero había que salvar la repesca mundialista ante Australia, una eliminatoria que, justo, no tuvo control antidopaje. Con 14 kilos de sobrepeso y un problema de adicción, barrilete cósmico inició un acelerado plan físico que incluyó una concentración en una finca perdida de La Pampa. Y llegó y arrancó radiante la Copa del Mundo. “¡Gardel está vivo!”, gritó el narrador Víctor Hugo Morales cuando Maradona le marcó a Grecia en el estreno. “No hay túneles sin salida”, proclamó el futbolista. Cuatro días más tarde, asistió a Claudio Caniggia en la remontada a Nigeria. Fue el éxtasis… y su abrupto final.

Cuando Franchi entró en su habitación de Dallas, ya el día 28 de junio, y le comunicó el positivo, el jugador empezó a dar golpes en la pared, como poseído, según se cuenta en el libro El último Maradona. Cuando a Diego le cortaron las piernas, de Andrés Burgo y Alejandro Wall. Sin embargo, no se lo dijo a nadie en la plantilla. La noticia quedó encapsulada entre 15 y 20 personas, hasta que el mundo entero la conoció la jornada del 30. El presidente de la comisión de Medicina Deportiva de la FIFA, Michel D’Hooghe, pronunció la frase con la que Maradona fue condenado desde las alturas: había tomado “un cóctel casero” de sustancias.
La teoría oficial de lo que había ocurrido con el positivo, tal como se explica en el libro de Burgo y Wall, incluye la participación de un personaje clave en la historia: Daniel Cerrini, un exfisicoculturista que empezó a trabajar con Maradona el año anterior. Este le daba un suplemento alimenticio llamado Ripped Fast, pastillas de venta libre que no tenían efedrina. Pero en Boston, al parecer, se quedó sin ellas y, como no encontró las mismas, compró otras que creyó similares, Ripped Fuel, también de venta libre, aunque sí llevaban efedrina. Si Grondona quedó señalado, también Cerrini, una persona que llegó con el Diez y cuyas prácticas ya habían generado desconfianza en la AFA, precisa la obra El último Maradona.
El contraanálisis de Los Ángeles
La última oportunidad de salvar al mito fue apelar a un defecto de forma en el contraanálisis de Los Ángeles, según Maradona, rebelde con causa (Sergio Levinsky). El doctor Peidro alegó que el frasco, que debía estar cerrado y sin ninguna inscripción, tenía pegada una lista con las sustancias encontradas. Sin embargo, cuando se lo contaron a Grondona, este descartó dar esa batalla. “Por un papelito no se podía hacer tanto”, les contestó, según se afirma en este libro. El presidente de la AFA, que siguió siendo vicepresidente de la FIFA hasta 2014, ya había decidido retirar a la estrella para, según él, evitar males peores. “Esperaban a un Maradona gordo y me presenté en gran forma en EE UU”, denunció el futbolista, abrazado a las teorías de la conspiración y que disparó, sobre todo, contra la FIFA.
En los 20 años anteriores, la Albiceleste, que cayó en octavos contra Rumania, había ganado dos Mundiales y dos Copas Américas. Después de aquello, tardó 27 en levantar otro título.
Fuente: El País
