La calera era un buen negocio

Mientras trabajaba en el ferrocarril, empecé a trabajar en la calera. Para el 55 o el 56 empecé con la calera. Había un horno de cal abandonado cerca de la estación, que estaba en la propiedad de don Tomás Lacunza. Entonces a este hombre le alquilé y le pagaba. Extraía la piedra caliza de la cantera que estaba cerca, y la colocaba dentro del horno. Tenía como doce personas trabajando que vivían en la zona; había cambio de turno cada cuatro horas y si se quemaba bien no quedaban residuos, sólo la cal viva. La cal era transportada en el ferrocarril y la vendía en Trelew directamente a las obras porque tenía muy buena cal. Era un buen negocio, pero después en la época de Frondizi se acabó: YPF no pagaba las regalías a la provincia, la provincia no podía pagar a los contratistas, y los contratistas no podían pagar a los proveedores y yo que era un proveedor no le podía pagar a nadie. También tuve un camión para transportar la cal.
Texto de “Los Ferroviarios que perdimos el tren”
