jueves, 2 de julio de 2026

Canadá es, de lejos, el país organizador de este Mundial con menos peso en la gran fiesta del fútbol. Solo acoge tres partidos de eliminatorias, pero el primero de ellos, en dieciseisavos, es un duelo de gran interés: un Portugal-Croacia, dos potencias europeas. Y será de forma irremediable una cita con la historia: la última vez que una leyenda del fútbol vista la camiseta de su selección en un Mundial. Solo hace falta saber quién será el sacrificado, si Cristiano Ronaldo o Luka Modric. En Toronto será la despedida del gran escenario del fútbol de uno de los dos.

Porque nadie cuenta con que Ronaldo ni Modric puedan volver a disputar un Mundial, por mucho que hayan desafiado las leyes de la longevidad futbolística. El portugués tiene 41 años y el croata, 40. Una edad en la que la gran mayoría de los futbolistas solo se visten de corto para partidos benéficos. Será, de hecho, la primera vez en la que dos jugadores de campo cuarentones se midan en un Mundial.

El duelo será el fin de una era, tanto para sus selecciones como para la asociación de Ronaldo y Modric, que hicieron época en el Real Madrid. De eso ya hace muchos años, pero el recuerdo es imborrable. El croata fue el enganche ofensivo de ese mediocentro de ensueño, el triángulo que se sabía todo el mundo de memoria, el Casemiro-Kroos-Modric. Y Ronaldo, el gran goleador de ese Madrid intratable en Europa. Juntos levantaron cuatro Champions League, además de otros trofeos, y compartieron el terreno de juego en 222 ocasiones.

Aquella sociedad se rompió en 2018, tras levantar una Champions. Ronaldo, que se creía despreciado, se marchó a la Juventus. Y vio cómo Modric levantó un Balón de Oro, con el mundo del fútbol rendido a este croata bajito, que él creía -en su ego irrefrenable- que le pertenecía a él.

«Yo merezco el Balón de Oro todos los años», dijo entonces el portugués, ya en Italia. «Los números no mienten». Y boicoteó la gala que celebró al que fue su socio y elemento clave de sus éxitos.

Ronaldo y Modric son figuras antagónicas que se complementaron a la perfección en el Madrid. El portugués es físico, ambición, voracidad. El croata es clase, tempo, conducción. Es el gran individualista frente al gran jugador colectivo. El mejor rematador de esta época frente al mayor engrasador del juego. Uno es mediático, el otro discreto.

 

Fuente: ABC

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