Desde su inauguración en noviembre de 2017 se convirtió en una referencia para las artes escénicas de la ciudad, con espectáculos, talleres, seminarios y propuestas que vincularon a artistas locales con elencos de distintos puntos del país.
En noviembre de 2017, Esquel sumó un espacio que con el paso del tiempo se transformaría en mucho más que una sala teatral. El Teatro La Juntadera, ubicado en Urquiza 254, nació con el propósito de generar un lugar permanente para el desarrollo de las artes escénicas y, desde entonces, construyó una relación estrecha con artistas y espectadores de la ciudad.
Su historia comenzó a gestarse un año antes de la inauguración. El proyecto surgió del trabajo conjunto de los grupos Cambia la Papa y Efectos Colaterales, dos compañías vinculadas al teatro independiente de la región que decidieron dar un paso más: crear una sala propia.
La iniciativa terminó convirtiéndose en la Asociación Civil La Juntadera, integrada originalmente por Nené Guitart, Cristina Zuppa, Elda Griffith, Carlos Cancio, Martín Carrique, Nuria Etchegno, Nelda Scoltore, Graciela Bonancea, Marta Golletti, Sebastián Pellegrini, Giovanna Toneguzzo, Marina Feldman y Malena De Vita.
La creación de La Juntadera estuvo vinculada a una convocatoria del Instituto Nacional del Teatro (INT) destinada a facilitar la adquisición de inmuebles que pudieran convertirse en salas teatrales.

En diciembre de 2016 se conocieron los resultados de aquella convocatoria y el proyecto presentado por la Asociación Civil La Juntadera obtuvo 9,5 puntos, la calificación más alta. El apoyo del INT fue fundamental para concretar la adquisición del inmueble. En marzo de 2017, comenzaron los trabajos de refacción del edificio ubicado sobre calle Urquiza.
La comunidad también tuvo un papel fundamental. Vecinos, organizaciones y comercios de Esquel, Trevelin y otras ciudades del país acompañaron el proyecto mediante una campaña de colaboración y financiamiento colectivo.
Después de meses de trabajo, el 3 de noviembre de 2017 La Juntadera abrió oficialmente sus puertas. La inauguración se extendió durante tres jornadas —3, 4 y 5 de noviembre— con la denominada “Noche de Inauguración”, protagonizada por los grupos Cambia la Papa y Efectos Colaterales.
La respuesta del público fue inmediata. Las funciones inaugurales generaron una importante expectativa y el nuevo espacio comenzó a instalarse rápidamente dentro del circuito cultural de Esquel.

El objetivo planteado desde el comienzo era amplio; recibir espectáculos locales, nacionales e internacionales, funcionar como espacio de ensayo y creación, y ofrecer talleres, seminarios y clínicas vinculadas con las artes escénicas. También se proyectaron actividades de formación para quienes quisieran acercarse al teatro desde una perspectiva vocacional o recreativa.
Con el correr de los años, La Juntadera fue ampliando su propuesta. Además de las obras teatrales, por su escenario pasaron música, títeres, clown, talleres, seminarios, clínicas y distintas experiencias vinculadas con las artes escénicas.
Ya durante su primer año aparecieron propuestas provenientes de otras localidades de la Patagonia. En diciembre de 2017, por ejemplo, el espacio recibió al grupo Los Otegui, de Lago Puelo, mientras que también se presentaron espectáculos de clown y títeres.
La programación también permitió que artistas de otros lugares encontraran en Esquel una sala donde mostrar sus producciones. Ese intercambio fue uno de los rasgos que comenzó a diferenciar al espacio: La Juntadera no solamente produjo teatro local, sino que ayudó a conectar a Esquel con circuitos teatrales de otras ciudades.
El crecimiento del espacio también implicó asumir el desafío cotidiano de sostener una sala independiente. En 2019, al cumplir dos años, desde La Juntadera destacaban que el teatro había incorporado equipamiento, una nueva consola de sonido y mejoras en sus servicios.
Pero también habían aparecido algo todavía más importante; un público propio y una comunidad de artistas y talleristas que comenzaron a apropiarse del espacio. La propia idea de “juntadera” terminó adquiriendo sentido en la práctica.

Artistas que llegaban para presentar una obra, personas que participaban de un taller, estudiantes que se acercaban a formarse y vecinos que asistían como espectadores comenzaron a formar parte de una misma red.
Uno de los capítulos más importantes de la historia del teatro tiene que ver justamente con el vínculo que logró establecer con la comunidad. En sus primeros años, la sala recibió el respaldo económico y afectivo de vecinos que colaboraron para que el proyecto pudiera concretarse.
Durante la pandemia, cuando las salas teatrales debieron permanecer cerradas, La Juntadera recurrió nuevamente a la comunidad mediante una campaña solidaria para recaudar fondos y poder sostener sus gastos.
La situación puso de manifiesto una de las dificultades estructurales del teatro independiente: mantener una sala abierta no significa solamente programar espectáculos. También implica afrontar servicios, mantenimiento, equipamiento y todos los gastos que hacen posible que el espacio siga funcionando.
Con el paso del tiempo, La Juntadera también comenzó a ser parte de iniciativas culturales de mayor escala. En 2018, por ejemplo, Esquel fue sede del XXXI Encuentro Provincial de Teatro, y La Juntadera formó parte del circuito de salas donde se desarrollaron algunas de las actividades.
Años después, también fue una de las sedes del Jardín Teatro Fest, festival destinado a visibilizar el trabajo de artistas escénicos de Chubut. La propuesta reunió obras y talleres en distintos espacios culturales de la ciudad.
En 2023, el espacio celebró sus seis años con una programación que incluyó espectáculos teatrales, conciertos y talleres, con artistas provenientes de Rosario, Puerto Madryn, Trevelin y Esquel.
Y esa vocación de intercambio continúa vigente; en 2026 La Juntadera fue una de las sedes del primer festival de teatro independiente organizado durante las vacaciones de invierno, con participación de compañías de Esquel, Trevelin y Paso del Sapo, además de artistas invitados.
Encontrar una única obra que pueda ser considerada “la más importante” de La Juntadera resulta difícil, porque la relevancia de una función puede medirse por distintos factores; convocatoria, trascendencia artística, procedencia del elenco o impacto en la comunidad.

Uno de los primeros espectáculos que dejó una señal concreta fue “Dos pícaras pianistas”, protagonizado por Alicia Ferrari y Nelly Calle.
En abril de 2018, apenas unos meses después de la inauguración de la sala, el espectáculo agotó las localidades y debió agregar una nueva función. La propuesta combinaba música, humor e interpretación y consiguió una respuesta particularmente importante del público.
Otro de los aportes centrales de La Juntadera fue el desarrollo de espacios de formación. Desde 2018 comenzaron a ofrecerse talleres relacionados con creación literaria, iniciación al clown, exploración de la voz y teatro, entre otras disciplinas.
La propuesta permitió que el espacio no quedara limitado a quienes ya eran actores o artistas profesionales. También se convirtió en una puerta de entrada para personas que simplemente querían acercarse al teatro, explorar otras formas de expresión o desarrollar herramientas vinculadas con el cuerpo, la voz y la creatividad.
En 2019, al cumplirse dos años, desde el propio teatro resumían esa identidad bajo una frase: “El teatro nos junta”. Y quizás allí esté la mejor explicación de lo que La Juntadera representa para Esquel. No es solamente el edificio de Urquiza 254 ni un escenario donde se presentan obras. Es un punto de encuentro para artistas, espectadores, estudiantes, talleristas y productores culturales.
Es también una pieza importante dentro de una ciudad que durante las últimas décadas fue construyendo una escena cultural propia. A casi nueve años de aquella primera función de noviembre de 2017, La Juntadera continúa formando parte del mapa cultural de Esquel.
Su recorrido muestra que un proyecto nacido de dos grupos teatrales puede transformarse, con el acompañamiento de una comunidad, en una institución cultural con identidad propia.

