martes, 29 de septiembre de 2026
Pingüinos que vuelven a sus nidos, ballenas que se acercan a la costa, elefantes marinos, orcas, toninas y fauna de la estepa. Madryn junto a Península Valdés viven una de las épocas más intensas del año.

Cada primavera, los pingüinos vuelven a Punta Tombo como quien regresa a casa. Los primeros en llegar son los machos, que desde principios de septiembre comienzan a preparar los nidos donde volverán a criar, mientras esperan el regreso de sus parejas. La escena se repite año tras año en este rincón de la Patagonia, entre la estepa, las rocas rojizas y el mar turquesa, donde miles de pingüinos van y vienen entre sus nidos y el océano, acompañados por guanacos, zorros y cuises que también recorren el paisaje en libertad.

Punta Tombo, a unos 180 kilómetros de Puerto Madryn, es uno de los grandes escenarios para encontrarse con los pingüinos de Magallanes durante su temporada reproductiva, que se extiende aproximadamente hasta abril. También pueden verse en distintos sectores de Península Valdés, como Punta Cantor, Punta Norte y las proximidades de Punta Ninfas. Los senderos permiten caminar entre las colonias y observar cómo los animales se mueven entre sus nidos y el mar, siempre respetando las distancias y las indicaciones de conservación.

Pero los pingüinos son apenas una parte de lo que empieza a suceder en la costa cuando llega la primavera. Puerto Madryn se convierte en una puerta de entrada a un territorio donde el mar y la estepa comparten protagonismo y donde, en pocos días, es posible encontrarse con ballenas, lobos y elefantes marinos, toninas overas, orcas y una enorme variedad de aves y animales terrestres.

Ballenas a pocos metros
Mientras los pingüinos ocupan sus nidos, las ballenas francas australes siguen llegando a Península Valdés para reproducirse, dar a luz y amamantar a sus crías. Entre junio y diciembre, la costa se convierte en uno de los mejores lugares para observarlas y, en Puerto Madryn, El Doradillo ofrece una experiencia particular: desde la playa, las ballenas pueden acercarse a pocos metros de la costa.

Las ballenas francas australes en las playas de El Doradillo.

La extensa franja entre Punta Arco y Cerro Prismático reúne distintos sectores desde donde contemplarlas en libertad. No hace falta embarcarse para verlas. A veces alcanza con caminar hasta la costa, quedarse en silencio y esperar. El movimiento de una cola, un lomo que aparece entre las olas o una cría que nada junto a su madre pueden transformar una mañana de playa en uno de esos recuerdos que quedan asociados para siempre a un lugar.

Para quienes quieren internarse en el mar, los avistajes embarcados parten desde Puerto Pirámides, dentro de Península Valdés y a unos 100 kilómetros de Puerto Madryn. Allí las embarcaciones se acercan a las ballenas en su ambiente natural y permiten observar de cerca sus movimientos y comportamientos.

Lobos y elefantes marinos: la vida en la costa
La vida marina tampoco termina con las ballenas. En Punta Loma, a unos 17 kilómetros de Puerto Madryn, una colonia permanente de lobos marinos de un pelo ocupa la costa durante todo el año. Es uno de los lugares más cercanos a la ciudad para encontrarse con estos animales sin necesidad de hacer grandes distancias.

Elefantes marinos, con machos, hembras y crías reunidos en la costa.

Más adentro de Península Valdés aparecen también los elefantes marinos del sur. La primavera coincide con su temporada reproductiva y las playas empiezan a llenarse de machos, hembras y crías. Los machos llegan a las costas y se forman los harenes, mientras las hembras dan a luz y permanecen junto a sus cachorros. Es una escena intensa y ruidosa, muy distinta de la calma que transmiten las ballenas desde el agua.

Cuando las orcas esperan
En Península Valdés también existe otro encuentro mucho más difícil de predecir: el de las orcas. La población que habita estas aguas es conocida por una estrategia de caza extraordinaria, el varamiento intencional, mediante la cual algunas orcas se acercan deliberadamente a la costa para capturar a sus presas.

Es una conducta aprendida y transmitida dentro de los grupos familiares. Durante la primavera, Punta Norte y Caleta Valdés vuelven a concentrar la atención de quienes buscan observarlas, aunque aquí la naturaleza impone sus propias reglas: la presencia de los animales depende de su comportamiento y de las condiciones del momento.

Las orcas y sus particulares técnicas de caza.

Antes de salir a buscar fauna
Para entender todo lo que sucede en este territorio, también vale la pena empezar el viaje en Puerto Madryn. Frente al mar, el Ecocentro propone una aproximación al ecosistema marino desde la ciencia, la educación y el arte.

La visita funciona casi como una introducción a lo que después ocurre afuera. Permite conocer cómo viven las especies, qué relación tienen con el océano y por qué Península Valdés reúne semejante diversidad. Después, cuando aparecen las ballenas, los pingüinos o los lobos marinos en libertad, el paisaje empieza a leerse de otra manera.

La fauna también camina por la estepa
Y cuando termina la costa, comienza otro viaje. La estepa patagónica está habitada por guanacos, maras, choiques, zorros, piches y una gran variedad de aves que forman parte del mismo ecosistema.

La mara, también conocida como liebre patagónica, es uno de los animales más característicos de la región. Puede alcanzar unos 70 centímetros de longitud y es una especie propia de la Patagonia. En determinadas épocas del año también pueden observarse ejemplares jóvenes recorriendo distintos sectores de la Península.

Por eso, recorrer Puerto Madryn y Península Valdés en primavera no significa solamente salir a buscar una especie determinada. Es avanzar entre ambientes diferentes y dejar que el paisaje vaya cambiando: primero el mar, después los acantilados, las colonias, la estepa y, entre medio, animales que aparecen cuando menos se los espera.

Península Valdés, declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, tiene justamente esa particularidad. Su calendario permite organizar el viaje según las especies que se quieran conocer, pero también ofrece algo menos programable: la posibilidad de que en una misma jornada convivan pingüinos que regresan a sus nidos, ballenas que asoman junto a la costa, lobos marinos descansando sobre las rocas y guanacos cruzando la estepa.

 

Fuente: Diario Río Negro

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