Adiós a las nieves del Kilimanjaro

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Elefantes en el Parque de Amboseli, con el Kilimanjaro al fond.

Un informe de la Unesco advierte de que los últimos glaciares de África desaparecerán en menos de tres décadas por causa del aumento global de las temperaturas

La visión más sorprendente que descubren los cientos de personas que todos los años suben a la cima del Kilimanjaro sucede a pocos metros del pico Kibo, su punto culminante, a 5.895 metros sobre el nivel del mar. Para alcanzarlo hay que recorrer un largo trecho por el borde del gigantesco volcán. Es cerca del final de la tirada, cuando se descubren las nieves del Kilimanjaro. Mejor dicho, sus glaciares o, mejor dicho aún, los restos que quedan de ellos.

Unas decenas de metros apartado de la cresta, el frente superior de los hielos es una muralla inmaculada que en algunos puntos alcanza 20 metros verticales de altura. Antes del 2000, esa masa de hielo cubría la cima de la montaña. Hoy cada día que pasa su borde está más abajo. Durante la ascensión, a lo largo de seis jornadas, la nieve y el hielo brillan por su ausencia, a pesar de la altitud por la que transita la ruta. No se vislumbran hasta lo más alto. Sólo allí, donde las temperaturas son más bajas y los vientos más fríos, resisten los últimos hielos de la montaña más alta de África.

Dentro de menos de tres décadas, en 2050, no quedará el menor rastro de ellos. Es lo que aseguran los datos ofrecidos por la UNESCO en su último informe, Glaciares del Patrimonio Mundial. Centinelas del cambio climático, elaborado en colaboración con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, UICN.

El informe destaca un derretimiento acelerado de los glaciares presentes en 50 lugares del Patrimonio Mundial. Un total de 18.600 ríos de hielo que cubren un área de 66.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente el 10% del área glaciar total actual del planeta.

Entre ellos, por su posición bajo el Ecuador, los glaciares africanos y andinos están a la cabeza de esta extinción anunciada. También se verán afectados monumentos naturales como el Everest, la montaña más elevada del planeta, los glaciares de Alaska y las masas de hielo antárticas, bajo las que acaba de constatarse la existencia de grandes ríos de agua en constante aumento, debido al aumento de las temperaturas.

El informe denuncia que, desde el año 2000 y debido a las emisiones de CO2, cada año se derriten 58.000 millones de toneladas de hielo. La cantidad es equivalente al gasto anual de agua conjunto de las poblaciones de España y Francia. Semejante volumen es responsable de que el aumento global del nivel de los océanos haya subido poco menos del 5 por ciento desde entonces.

La mitad de la población mundial depende directa o indirectamente de los glaciares. Proveedores de agua para uso doméstico, la agricultura y como fuente de energía, son laboratorio científico privilegiado. Lugares sagrados para las comunidades locales, tienen un destacado papel en la cultura humana y constituyen un poderoso atractivo para millones de turistas en el mundo.

En torno al 50 por ciento de la biodiversidad del planeta se localiza en las áreas de influencia que riegan las aguas procedentes de los glaciares. Estas masas de hielo tienen un papel de gran importancia en la regulación global del clima. En especial los hielos de la Antártida y Groenlandia, reguladores de la circulación de las aguas de los océanos. La Unesco considera a los glaciares como uno de los más certeros indicadores del cambio climático actual.

Según los datos del informe, los últimos glaciares africanos, situados en los montes Kilimanjaro, Kenia y Ruwenzori, las tres mayores eminencias del continente, son los primeros que desaparecerán. Símbolos del cambio climático global, con ellos se irán las últimas nieves que resisten en África.

Les siguen en la lista los glaciares ecuatoriales de América del Sur, en especial los peruanos del Parque Nacional Huascarán y los del Parque Nacional Los Alerces, en Argentina. Estos últimos viven una situación dramática, con la reducción de más del 45 por ciento de la masa que tenían en 2000.

No tendrán mejor suerte un gran número de glaciares del continente norteamericano, como los del Parque Nacional Yosemite, en Estados Unidos, y los del Waterton Glacier International Peace Park, en Canadá. Los glaciares europeos, con los del Pirineo a la cabeza, seguidos por todos los ríos de hielo de los Alpes y los Dolomitas, se esfumarán, siempre según el citado informe.

El deshielo anunciado se extenderá hasta los últimos rincones de la Tierra. Como en los glaciares de Te Wahipounamu, en la remota Nueva Zelanda, así como los de la Antártida, donde se suceden continuos desprendimientos al océano de las mayores porciones glaciares de la historia.

El informe de la Unesco da por casi definitivamente condenados a la tercera parte de todos aquellos glaciares, aunque señala que todavía es posible salvar los otros dos tercios. Siempre que las temperaturas globales no superen 1,5 º centígrados, respecto a las que se registraban antes del periodo preindustrial.

 

1,2 GRADOS MÁS DE TEMPERATURA

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No parece sencillo el reto, si se tienen en cuenta las cifras registradas. Según el Servicio de Cambio Climático de Copérnico, los últimos cinco años han sido los más calurosos de los últimos dos siglos. Solo desde 2015, el promedio global de las temperaturas ha aumentado 1,2 ºC respecto a las que se registraban cuando las máquinas empezaron a mover la industria. Es por todo esto por lo que la Unesco ha calificado la conservación de los glaciares como ‘un gran desafío’ para la Conferencia sobre el Cambio Climático, COP27, celebrada en Egipto.

En Las nieves del Kilimanjaro, una de las más celebradas obras del premio Nóbel Ernest Hemingway, la blanca extensión que cubre el techo de África y da nombre al escrito no aparece hasta las últimas líneas de la obra, cuando Harry, el protagonista, enfermo de gravedad, sobrevuela la montaña en la avioneta que le saca de la sábana. Es muy posible que en tres décadas esas nieves solo perduren en la novela.

 



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