miércoles, 29 de mayo de 2024

Un 14 de marzo de 1877 fallece en Southampton, Inglaterra, el Brigadier General Don Juan Manuel de Rosas. Había nacido en Buenos Aires, un 30 de marzo de 1793.
Despertó amores y odios por igual, como sucede con Don Domingo Faustino Sarmiento, situación que hasta hoy perdura.

Fue un hombre de su tiempo, condujo con dureza un país en su etapa de organización nacional tras la descomposición de las estructuras virreinales.

Gobernador de la provincia de Buenos Aires entre 1829 y 1832, y encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina con Facultades Extraordinarias. Nuevamente gobernador entre 1835 a 1852, Encargado de las Relaciones Exteriores de la Confederación Argentina con Facultades Extraordinarias a cargo de la suma del poder público.

Debió enfrentar, la guerra con los pueblos originarios, la guerra civil de 1840, la revolución de los Libres del Sur, la Coalición del Norte, Campañas de Lavalle, el sitio de Montevideo y una nueva rebelión correntina. Más conflictos internacionales contra Francia e Inglaterra y Brasil. San Martin le deja su Sable en reconocimiento a su defensa de la soberanía.

Tuvo el ferreo control del periodismo y se enfrentó a la generación del 37. Entre quienes figuraban, Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Juan María Gutiérrez, José Mármol y Vicente Fidel López, Domingo Faustino Sarmiento, etc.

Tras la derrota en Caseros, se exilió en Gran Bretaña, donde alquiló una chacra o granja donde intentó reproducir algunas de las características de una estancia de la pampa.

El investigador Tulio Halperín Donghi, sostuvo que Rosas:
“Era un autócrata por naturaleza y hasta el fin de sus días se mostró convencido de que a los países había que gobernarlos con mano fuerte para evitar lo que él consideraba su natural tendencia a la anarquía.” ( «El revisionismo histórico», artículo publicado en el sitio web El Ortiba -Buenos Aires).

Fotos: La Granja en Inglaterra. El monolito en el cementerio de Southampton. Ataúd envuelto en la bandera Argentina, en el cementerio de la Recoleta en Buenos Aires.

 

 

Por Miguel Ánguel Martínez

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