miércoles, 29 de mayo de 2024
Biofertilizantes. Un avance tecnológico que mejora la productividad y contempla la sustentabilidad climática.

Los productos biológicos que se elaboran con materiales de la chacra ayudan a recuperar los suelos con prácticas sustentables, prevenir plagas y mejorar los rendimientos de los cultivos.

Una iniciativa agroecológica del INTA-IPAF Patagonia, fue distinguida en un concurso regional que premia soluciones de bajo costo basadas en recursos locales pensadas para la adaptación al cambio climático. Se trata de un concurso lanzado por la Plataforma de Acción Climática en Agricultura de Latinoamérica y el Caribe (PLACA) que busca generar un espacio regional de intercambio en conocimientos, tecnologías, y prácticas de colaboración en agricultura, con la implementación de políticas domésticas para el cambio climático.

“La propuesta fue premiada junto a otras 11 iniciativas y compitió con otros 82 proyectos en la categoría de recuperación de nutrientes y elaboración de biofertilizantes a partir de recursos locales”, señaló Myrian Barrionuevo –investigadora del IPAF Patagonia que lideró la iniciativa–.

El proyecto ganador apuesta a la producción de biofertilizantes con residuos y desechos de fácil acceso: “Permite recuperar, mantener o mejorar la fertilidad del suelo y la nutrición de los cultivos”, explicó Barrionuevo.

Esta innovación agroecológica se implementa desde hace dos años en la localidad neuquina de Plottier en el cultivo de frutillas y a partir de allí se extendió con recomendaciones y adaptaciones a otras localidades de Rio Negro y de Neuquén como Río Colorado, Allen, Picún Leufú y Zapala.

“Hoy cerca de 80 agricultores familiares patagónicos utilizan estos biofertilizantes en zonas urbanas, periurbanas y rurales”, señaló Barrionuevo, y remarcó: “en su elaboración se usan recursos de bajo costo, ricos en nutrientes y carbono como residuos agropecuarios y agroindustriales; hojarasca, algas y plantas acuáticas del sistema de riego; fracción verde de los residuos sólidos urbanos y sales”.

Los beneficios de la aplicación de estos biofertilizantes son múltiples. Su uso durante dos años en cultivos de frutillas permitió incrementar el rendimiento en un 20 % y reducir en un 45 % la utilización de insumos externos, especialmente los fertilizantes de alto costo. También la disminución del consumo de agua permite destinarla a otros usos o ampliar la superficie cultivada.

“Hoy cerca de 80 agricultores familiares utilizan biofertilizantes en zonas urbanas, periurbanas y rurales”

Myrian Barrionuevo – Investigadora del IPAF Patagonia

Además, estos biopreparados facilitan la recuperación de plantas, y promueven una mejora en los suelos, con un aumento del contenido de materia orgánica y retención de agua, un cambio en la composición de las malezas de algunos cultivos y en la distribución de las raíces.

“Mis plantas de frutillas estaban en mal estado y decidí ponerles bocashi líquido para no gastar tanto en fertilizantes. La planta recuperó hojas y dio buena fruta. Como el resultado fue muy bueno, empecé a utilizarlo en todos los cuadros”, comentó una productora frutillera de Plottier que usa biofertilizantes. Resaltó la necesidad de mejorar la disponibilidad de estos productos en el mercado ya que no todos los productores disponen de tiempo o materiales para fabricarlos.

En esa línea, SENASA presentó una guía para el registro de fertilizantes elaborados por agricultores familiares de manera artesanal con lo que se amplía las posibilidades de comercialización de las biofábricas.

“Estamos realizando ensayos para continuar midiendo los rendimientos de las parcelas en los que se aplican biopreparados. Es todo muy nuevo en la zona, pero hay datos de otras regiones que nos sirven de guía y nos incentivan a seguir”, dijo Barrionuevo.

La investigadora se refirió al potencial productivo: “La recuperación de nutrientes de los residuos agrícolas, ganaderos y agroindustriales pone en valor lo que antes era un desecho, generando emprendimientos satélites alrededor de esta tecnología”.

Mujeres. Protagonistas principales en la producción.

La propuesta patagónica que concursó en las categorías de adaptación y mitigación frente al cambio climático contempló en su desarrollo todas las etapas del proceso de elaboración y aplicación: incluyó la búsqueda, reconocimiento y caracterización de materiales; la preparación de fórmulas; el análisis de calidad de los productos y el escalamiento.

El proyecto contribuye a la sostenibilidad del sistema agroalimentario y pone el foco en la protección del suelo y del agua. Además, suma la valorización de los residuos y la diversificación de la canasta de ofertas que mejoran la competitividad fortaleciendo el trabajo de las mujeres y la inclusión de jóvenes.

Karina Zon –profesional del INTA Río Colorado– quien acompaña a la Cooperativa Trabajadores de la Tierra (CTT) en la implementación del proyecto, remarcó: “En las organizaciones sociales son las mujeres las que mayormente impulsan estas prácticas que tienen que ver con el cuidado de la salud y el territorio y lo hacen junto a sus hijos e hijas a quienes transmiten sus saberes”.

Al respecto, Margarita Delgado Llanos, productora integrante de la CTT puso en valor esta experiencia: “Para mí significó una alegría volver a los remedios naturales, nos permite ahorrar mucho en los insumos”.
Además, se destaca el valor social asociado a estas prácticas: “La solución utiliza recursos materiales locales e intangibles del acervo cultural de las comunidades y los conocimientos científicos del colectivo de actores que participa en cada localidad”, remarcaron desde el INTA.

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