jueves, 29 de febrero de 2024

Refrán de inspiración bíblica. Significa que con fe es posible realizar cualquier cosa que uno se proponga. Jesús dijo: “Ustedes no tienen la fe suficiente. Les digo la verdad, si tuvieran fe, aunque fuera tan pequeña como una semilla de mostaza, podrían decirle a esta montaña: “Muévete de aquí hasta allá”, y la montaña se movería. Nada sería imposible”.

Fotografía Gentileza de Cristian “Nego” Quijada – 20/9/2021 a las 21:25 hs.

Nuestros pueblos de la Comarca Andina del Paralelo 42º tienen a su lado un Cerro protector, tal es el caso del Cº Piltriquitron en El Bolsón, o el Cº La Cruz en El Maitén, el Cº Pirque compartido por Epuyén y El Hoyo, Cholila con su Cº La Momia y Lago Puelo con el Cerro Currumahuida que lo separa de la vecina localidad de El Hoyo.

Nuestro cerro protector ha sido el destino de distintas cruzadas Cristianas en las que vecinos de este rincón cordillerano, movidos por su fe, realizaron sus ofrendas al Cristo Crucificado y a la Virgen de Fátima, la Patrona de nuestro pueblo.

Todo empezó allá por el año 1988. En ese entonces Lago Puelo era un pequeño y tranquilo poblado al noroeste de la provincia de Chubut, de fuerte impronta productiva y el turismo que comenzaba a notarse cada vez más como la actividad económica del futuro a partir de su potencial natural capaz de movilizar corrientes de visitantes desde destinos diversos.

Era un pueblo con calles de ripio, su planta urbana con más terrenos baldíos que viviendas, la usina eléctrica que dotaba hasta el año 1986 de luz solo hasta las doce horas de la noche rompiendo la tranquilidad pueblerina con el infernal ruido de los motores a combustión. Sus avenidas no eran más que anchas calles de tierra sin los bulevares que hoy las engalanan. La plaza compartía su función recreativa con la de helipuerto en el año 1986-87 como consecuencia de la lucha contra el incendio forestal de esos años. La vida transcurría tranquila y era toda una novedad cuando llegaban nuevos vecinos desde otras provincias o ciudades buscando justamente esto, lo que el pueblo les ofrecía.

Los chicos de esas familias que se asentaban pronto se integraban con los del pueblo. Si bien el principal punto de encuentro y socialización era la escuela, también existían otras actividades como el deporte o la Parroquia Nuestra Señora de Fátima las que también tendían puentes entre los NyC (Nacidos y Criados) y los VyQ (Venidos y Quedados).

Es en ese contexto que en la Capilla, atendida desde El Bolsón por el Padre Tarcicio, surgió por iniciativa de Sonia Maldonado, el Grupo de Jóvenes de la Parroquia integrado por adolescentes de entre 13 a 17 años. Hacia mediados del año 1987 llegan dos familias desde Mercedes, provincia de Buenos Aires, los Vercelli y los Giordano, y algunos de sus hijos rápidamente se integran al grupo.


Betty Maldonado, miembro de una antigua familia pionera del paraje El Turbio, integrante de aquel grupo, participó desde el día en el que se gestó la idea hasta ese 2 de Abril de 1988 cuando los jóvenes de la Capilla acompañados de algunos adultos dieron origen a la Cruz del Currumahuida como se la conoce y que incluso se promociona en distintos portales como uno de los atractivos turísticos a visitar en la localidad. Es ella quien con cierta emoción, aún hoy, luego de 36 años, relata esa experiencia de fe: “Los jóvenes de ese momento éramos muy unidos, armamos un grupo que nos reuníamos a tocar la guitarra, a cantar, a ver qué proyectos se nos ocurría. Un día, mirando al Currumahuida y tratando de hacer algo en honor al pueblo y también por los caídos en Malvinas, se nos ocurrió una idea: colocar una cruz en el cerro. En ese momento éramos unos 11, estaban entre ellos: María Eugenia Vercelli, Juana Maldonado, yo, María Alejandra Giordano, Mauricio Stortini, Ariel Mansilla, Vicky y Federico Vercelli, Pablo Giordano, Mabel Fillol, Tomi y Marcelo Stortini. Creo que esos éramos los que subíamos habitualmente, porque subíamos a buscar el mejor camino para poder llevar los elementos para colocar la cruz, que eran cemento, arena, agua; es así que buscábamos los senderos más accesibles. Recuerdo que la primera vez que subimos lo hicimos por el cañadón y nos resultó toda una odisea, subir con sogas por la pared del Currumahuida tan alto. Los pocos pobladores de Lago Puelo y nuestros padres nos miraban desde abajo y nosotros llevábamos espejos para mostrarles por dónde íbamos haciéndoles señales con el reflejo del sol. Subimos más o menos unos 4 o 5 fines de semana seguidos. En Marzo comenzamos a subir para llevar los materiales para colocar la cruz. Nos íbamos temprano a la mañana, abrigados y con la niebla baja recién veíamos el sol al llegar arriba. Como adultos nos acompañaban Sonia Maldonado que era la coordinadora del grupo de jóvenes y Pablo Raznik. A veces nos despistábamos en el cañadón y quedábamos unos de un lado y otros del otro lado. Era Semana Santa y como éramos de un grupo que pertenecía a la Iglesia aprovechamos nuestra caminata al cerro para hacer él vía crucis, entonces elegíamos los lugares más lindos en ambos lados del cañadón para realizar las estaciones, teníamos esos rituales católicos muy aprendidos (…)”.

1988 Grupo Juventud Unida por Amor a Cristo. Gentileza Ariel Mansilla

Esta intrépida iniciativa joven no pasó desapercibida en la tranquilidad del pueblo que durante los días que subían estaban atentos a sus movimientos y por todos lados se observaban los reflejos de espejos o latas para comunicarse.

Para ese entonces las autoridades municipales estaban encabezadas por el Intendente Eduardo Daniel que iniciaba en Diciembre de 1987, el primero de sus cuatro períodos de gobierno comunal, luego de sucederlo a don Waldimiro Sinigoj.

María Eugenia Vercelli recordaba que entre las iniciativas del grupo hubo otra que para ellos resultó importante por el fin social y solidario al que apuntaban. “En el año 1989 más o menos hicimos un relevamiento casa por casa en el Barrio La Isla con el objetivo de conocer que hacían los niños de entre 5 y 12 años. En esa oportunidad se nos ocurrió armar un merendero para brindarles un tiempo y compartir con ellos diferentes actividades. Fue así que gestionamos ante el Intendente Eduardo Daniel un espacio físico para llevar adelante el proyecto y hasta nos cedían parte de lo que había sido el matadero, donde hoy pertenece al Centro de Formación Profesional Nº 657, pero finalmente la idea no se concretó. Nos juntábamos siempre con el grupo, íbamos de campamento al lago, hacíamos guitarreadas, gratos recuerdos (…)”.

Los documentos fotográficos existentes, producto de las únicas fotografías obtenidas por Ariel Mansilla, quien relata que el grupo se llamaba “Jóvenes Unidos por Amor a Cristo”, dan cuenta de otras personas que se sumaron a esa partida. Entre ellos participaron también Fernando y Marcela Saludes, Julio y Luisito Contreras – hijos del conocido cantautor Pedro Santa Cruz –, Roberto Vercelli acompañando también a sus hijos en la iniciativa.

Colocando la primera Cruz, 1988. Gentileza Ariel Mansilla

Betty recuerda también: “Por fin un 1º de Abril subimos con el firme propósito de armar y levantar la cruz para que el día 2 de Abril pudiera verse desde abajo en el día del pueblo y de los caídos en Malvinas. Es así que pedimos la autorización a Bosques para cortar dos cipreses, los encargados de hacerlo fueron Ariel Mansilla y Mauricio Stortini que eran los más grandes del grupo junto a Fede. Cortaron el primer ciprés y lo trasladamos, era pesado ya que medía unos 11 metros. Luego se cortó el otro que era más fino y se armó la cruz. Para poder trabajar llevábamos herramientas en las mochilas, fueron varias subidas previas al armado de la cruz, no podíamos cargarnos mucho porque era una caminata de 4 o 5 horas. El día que la armamos justo cayó Semana Santa y fue muy emocionante para nosotros, ese hecho de armar la cruz arriba, en el Cerro Currumahuida. La pasábamos muy bien, eran emociones muy fuertes. Una vez nos perdimos en el pinar, nuestros padres salieron a buscarnos y nos gritaban desde abajo para guiarnos porque se nos hizo oscuro en la montaña y el pueblo aún no tenía muchas luces. Ese 1º de Abril queríamos tener levantada la cruz pero ese día no pudimos hacerlo porque había mucho viento y era muy pesada para nosotros así que tuvimos que bajar y conseguir apoyo de personas adultas. Estaba José Luis Miloro que trabajaba acá en Entel y él que también participaba activamente en la Iglesia del pueblo fue con nosotros al otro día. Sabía bien cómo funcionaba lo de elevar una cruz, llevó vientos de acero y clavos para clavar en las rocas. Es así que atamos la cruz con los vientos y se aseguraron con el cemento que habíamos llevado, juntamos rocas para poner alrededor del palo porque ese lugar es rocoso y no hay donde hacer un pozo, entonces apoyamos el palo principal y le acercamos rocas grandes para rodearlo y con los vientos se aseguró, pero antes de subir la cruz se nos ocurrió poner la tapa fina que está adentro de la lata de leche Nido porque era brillante y no se oxidaba fácilmente, ponerlas en cada extremo de la cruz para que cuando le diera el sol refleje y nos muestre donde estaba. Finalmente el 2 de Abril logramos subir la cruz y fue muy emocionante ese momento porque era el aniversario del pueblo y había sido muy cercana la Guerra de Malvinas y también esa fecha nos recordaba ese hecho histórico. Fue como un homenaje poder levantar la cruz ese día durante la Semana Santa así que todo nos quedó como un círculo cerrado. Ese día estuvimos los 11 miembros del grupo más Sonia, Pablo y José Luis que nos ayudaron. Hacen 36 años que ese ciprés que se ve junto a la cruz está parado ahí, seco, recordando nuestra aventura de jóvenes con tantas ganas de hacer en ese momento. Para mí la Cruz del Currumahuida quedó como un emblema, como un lugar para visitar”.

Este acto de fe que llevaron adelante los jóvenes, no fue un hecho aislado ya que aún hoy muchos vecinos recuerdan esa iniciativa con mucho cariño, por el valor simbólico que representó una actividad solidaria que integró a jóvenes y adultos familiares y pobladores que de una u otra manera colaboraron movidos por la fe en Cristo. Los familiares se involucraron a través de la enseñanza de los valores puestos en práctica, los chicos poniendo el esfuerzo y pensando o diseñando en grupo aquellas actividades que les permitieran compartir y el resto de la comunidad alentándolos.

El grupo acompañados por los adultos levantan la Cruz, año 1988. Gentileza Ariel Mansilla

Fueron ellos mismos los que en otras oportunidades subieron para enderezar la cruz cuando el viento o el vandalismo intentaron voltearla. Y así perduró en el cerro varios años más hasta que otro acto de fe la renovó para que se aprecie desde el pueblo.

Por Marcelo Daniel Giusiano


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