sábado, 19 de septiembre de 2026

En agosto de 2001, mientras la Argentina atravesaba una de las crisis económicas y sociales más profundas de su historia reciente, en el barrio INTA de Trelew, uno de los más postergados de la ciudad, comenzaba a tomar forma una experiencia que difícilmente podía imaginar hasta dónde llegaría.

La idea era sencilla y, al mismo tiempo, ambiciosa: acercar la música a chicos y jóvenes, muchos de ellos sin posibilidades económicas de acceder a una formación musical, y convertir una orquesta en una herramienta de educación, integración y contención.

Así nació la Orquesta Infanto Juvenil del barrio INTA.

La iniciativa fue impulsada por las profesoras de música Paula Caviglia y Silvina Selzer, inspiradas en experiencias de orquestas infantiles que comenzaban a desarrollarse en barrios populares de otros lugares del país. El proyecto se puso en marcha a través de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Trelew y sus primeros ensayos encontraron un lugar en la Escuela N.º 207 del barrio INTA. Un cuarto de siglo después, esa escuela continúa siendo la casa de la orquesta.

Aquello que comenzó como una experiencia barrial fue creciendo lentamente. Instrumentos, profesores, ensayos, presentaciones y, fundamentalmente, generaciones de chicos fueron construyendo una historia que terminó excediendo largamente los límites del barrio.

La propuesta tuvo desde sus comienzos una característica central: la enseñanza musical debía ser gratuita y accesible. Aprender a tocar un instrumento era importante, pero detrás de esa formación había otro objetivo: construir vínculos, disciplina, responsabilidad, compañerismo y un espacio de pertenencia.

Con los años, la orquesta se transformó también en un verdadero semillero de músicos.

Muchos de aquellos chicos que alguna vez llegaron a la Escuela 207 sin saber tocar un instrumento continuaron posteriormente sus estudios, integraron otras agrupaciones, formaron sus propios proyectos musicales y algunos terminaron convirtiéndose en profesores y directores de nuevas orquestas.

La actual directora, Mariana Navarro, encontró una manera sencilla de explicar ese proceso: “Empiezan jugando y terminan siendo músicos tremendos”.

Una orquesta que comenzó a multiplicarse

El crecimiento no quedó limitado a la agrupación original. A partir de aquella experiencia se desarrollaron distintas propuestas educativas y musicales y se fortaleció el trabajo con escuelas y otras instituciones.

Actualmente, la comunidad pedagógica vinculada con la orquesta reúne a más de 200 niños y jóvenes en diferentes instancias de formación, desde los más pequeños que comienzan su acercamiento a la música hasta los integrantes más avanzados de la Orquesta Estable. También surgió el encuentro de orquestas y coros escolares SONAMOS, que convoca a miles de estudiantes.

La Orquesta del INTA comenzó además a recorrer escenarios dentro y fuera de Chubut.

Pero quizás el resultado más importante de aquellos primeros años no pueda medirse solamente por la cantidad de conciertos realizados. Durante un cuarto de siglo, cientos de familias encontraron allí un lugar para que sus hijos aprendieran, hicieran amigos, asumieran responsabilidades y descubrieran que podían hacer cosas que alguna vez parecían lejanas.

La propia Navarro definió recientemente estos 25 años como un recorrido que permitió “transformar muchas vidas a través de la música”.

Los 25 años y un desafío impensado en 2001

En agosto de este año llegó el momento de celebrar el primer cuarto de siglo.

La Orquesta Infanto Juvenil volvió al Teatro Español de Trelew para festejar sus 25 años acompañada por músicos, docentes, familias, exintegrantes y personas que habían participado de diferentes etapas del proyecto.

También estuvieron allí sus impulsoras, Paula Caviglia y Silvina Selzer, además de Darío Del Fabbro, otro de los nombres importantes de su historia.

Pero el aniversario tenía reservado un acontecimiento todavía mayor.

La posibilidad de llevar la orquesta al Teatro Colón de Buenos Aires había comenzado a tomar forma tiempo antes y finalmente pudo concretarse con el acompañamiento del Gobierno provincial y la Fundación Banco del Chubut, que permitió afrontar la logística, el traslado, alojamiento y movimiento de los instrumentos.

El desafío obligó a intensificar ensayos y preparación.

Ya no se trataba de un concierto más.

Por primera vez en 25 años, aquellos instrumentos que habían comenzado a sonar en una escuela del barrio INTA iban a escucharse en uno de los teatros más emblemáticos de la Argentina.

Del INTA al Colón

El viernes 18 de septiembre de 2026, la historia completó uno de sus capítulos más simbólicos.

Más de 60 niños y jóvenes de la Orquesta Infanto Juvenil del barrio INTA subieron al escenario del Salón Dorado del Teatro Colón de Buenos Aires.

La presentación se extendió durante más de 80 minutos, bajo la dirección de Mariana Navarro y Carlos Mora, y llevó hasta Buenos Aires un repertorio profundamente ligado a la identidad argentina, patagónica y chubutense.

No fue casual que el concierto comenzara con “Chubut te espera”, el himno oficial de la provincia, interpretado con Facundo Carrasco como solista.

Después llegaron “Malambo”, “Desde el puente carretero”, “Zamba de mi esperanza”, “Se dice de mí”, “Chacarera del Rancho”, “Entra a mi pago sin golpear”, “Juana Azurduy”, “Zamba para olvidarte”, “La Navidad de Luis” y “La cultura es la sonrisa”.

También hubo lugar para la música nacida en Chubut: Yoel Hernández participó como solista para interpretar “Mi lugar”.

Para muchos de los chicos era la primera oportunidad de ocupar un escenario que hasta entonces conocían únicamente por fotografías, televisión o referencias.

Y allí probablemente pueda encontrarse la dimensión de lo ocurrido.

Porque el viernes no llegó al Teatro Colón solamente una orquesta.

Llegaron 25 años de historia.

Llegaron aquellos primeros ensayos de 2001. Llegaron los profesores que enseñaron a sostener por primera vez un violín, una viola o un instrumento de viento. Llegaron las familias que acompañaron durante años los ensayos. Llegaron quienes alguna vez fueron alumnos y después se transformaron en músicos y docentes. Y llegó también aquella Escuela 207 que abrió sus puertas cuando todo recién comenzaba.

La Orquesta Infanto Juvenil sigue funcionando allí, en el mismo barrio donde nació.

Los chicos continúan recibiendo formación gratuita, ensayan semanalmente y pueden llevarse los instrumentos a sus casas para practicar. Actualmente participan niños y jóvenes de entre 5 y 20 años.

Por eso, más que el final de un recorrido, el Teatro Colón aparece como una fotografía extraordinaria dentro de una historia mucho más larga.

Veinticinco años separan aquella pequeña experiencia que comenzó en una escuela del barrio INTA de Trelew de la imagen de decenas de chicos chubutenses haciendo música en el Salón Dorado del Teatro Colón.

En el medio quedaron cientos de niños y jóvenes, miles de horas de ensayo y generaciones enteras que encontraron en la música mucho más que la posibilidad de aprender a tocar un instrumento.

Lo que nació en 2001 como una apuesta por acercar la música a un barrio humilde de Trelew terminó demostrando, 25 años después y en uno de los escenarios más importantes del país, hasta dónde podía llegar aquella idea, simple y transformadora.

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