
El 28 de febrero de 1946, una simpática excursión proveniente de Gaiman y Dolavon visitó nuestra localidad. Componían dicha excursión más de 400 personas de ambos sexos y de todas edades, desde los más tiernos niños hasta longevos ancianos, quienes llegaban a Madryn para gozar de un día en nuestra espléndida playa.
Patrocinaban la excursión las capillas protestantes de las mencionadas localidades y sus comarcas, quienes para el cumplimento de sus propósitos lograron de las autoridades ferroviarias hacer circular un tren especial, a precio módico, que los trae- ría y luego llevaría de regreso. Traían sus viandas y acampaban en la playa en inmediaciones del muelle.
Entre ese gran conglomerado de excursionistas se notó la presencia de un anciano octogenario. Era Don James Rowlands, conocido industrial de la zona de Gaiman, que a pesar de sus largos años poseía aún en la memoria todo un archivo sobre el pasado de los pueblos que tuvieron relación con el valle del Chubut y la colonia Galesa.
Contó el señor Rowlands que desembarcó en esta hermosa y tranquila bahía de Madryn el día 28 de Julio de 1886, vale decir hace 116 años atrás. Refirió como en aquel tiempo todo esto era desierto. Ni una sola casa-habitación. Todo un bosque de enormes jarillas llenaban el lugar que hoy ocupan las principales casas adyacentes al mar.
“Cuando el buque en el que yo venía ancló a más o menos una milla de la costa, ese jarillal nos causaba una extraña sensación. Parecía un verdadero y oscuro bosque. Éramos 411 personas a bordo del “Vesta” y hoy quedan tan solo unas cuarenta. La mayoría de esos sobrevivientes eran sola- mente niños en aquel lejano tiempo” (contaba esto en 1946). “Escribimos quizás la primera página de la historia del que sería más tarde el floreciente pueblo de Madryn. Veníamos expresamente de Gales para colocar los rieles del ferrocarril que une Madryn con Trelew, y por un tiempo varias familias residieron aquí construyendo las primeras viviendas que aún existen.”
“Al venir esta mañana en el tren, brisas de otros tiempos me traían a la memoria recuerdos de lo que fue. La Pampa silenciosa estaba llena de evocaciones. Figuras de compañeros caídos adquirían nuevamente vida y forma, en el mismo escenario donde sesenta años atrás, jóvenes todos, luchábamos contra todo género de adversidades para tratar de cimentar el porvenir de la colonia Chubut. Y aquí en Madryn flota hoy un viento de progreso. Se sentirán contentos aquellos compañeros idos, de ver este magnífico panorama que hoy embriaga la vista. De lo que nosotros vimos en 1886 queda solamente el océano azul, y las blancas olas, que blandamente acarician las arenas de la playa. Ellas parecen repetirme también, como las silenciosas auras de la pampa que separa a los pueblos del Valle y Madryn, la historia de lo que fue. Recordar el ayer trae nostalgia. Contemplar el hoy y mirar hacia el mañana, es llenarse de fe y de regocijo. Por eso es dulce, después de todo, evocar en esta playa tan llena de recuerdos, el ayer que se ha ido, y meditar en el mañana luminoso que vislumbra en el horizonte y que es fruto del trabajo sucesivo de los hombres de todas las generaciones.”
Había un casco de un viejo barco donde los chicos jugaban a corsarios y grumetes, más allá otros dos lanchones de madera completaban la escuadra.
En las viejas casillas de chapa y madera, al am- paro de la brisa, con mate y facturas transcurrían las tardes de domingo en agradables tertulias y varios aviones del aeroclub rompían la monótona y callada quietud. A las 6 de la tarde llegaba lentamente el tren que se detenía en el muelle y que llevaría de regreso a nuestros amigos del Valle.
Texto de “Puerto Madryn. Vuelo hacia el recuerdo” – Hugo Antonio Albaini

