Manolo el del bombo, sobre su ausencia en el Mundial: «Oiga, yo no soy ningún jeta. A la selección le cuesto muy poco dinero»

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Manolo el del bombo, sobre su ausencia en el Mundial: «Oiga, yo no soy ningún jeta. A la selección le cuesto muy poco dinero»

Qatar 2022 suena raro. Por primera vez en cuatro decenios no se escucha junto a España el bombo de Manolo (Cáceres Artesero), 73 años, Ciudad Real. Sigue animando a la selección, como confirma la afonía con la que atiende a ABC, pero desde Valencia. Ahí, en su bar de toda la vida, frente a Mestalla, el popular hincha español agitó el jueves con su célebre ruido el partido ante Japón, que vio por televisión. «No es el nuevo bombo», dice; «ese lo tengo esperando a ver si tengo la suerte de ir a Qatar».

Aunque no tiene mucha fe en que se produzca ese viaje: «Estoy muy triste. La Federación no quiere hacer nada por mí. Y lo siento muchísimo. La gente me dice ‘te van a llevar, no te preocupes, aún falta mucho’, pero yo ya no confío. Que si en semifinales, que si en la final… pero ¿y si no llegamos?». Se le nota angustiado. Durante estos años de tambor, la Federación le ha costeado los viajes, el alojamiento y las entradas para Mundiales y Eurocopas. Sin embargo, esta vez le gestionaron el viaje, pero sin alojamiento. Y dos días antes del vuelo, que tenía cerrado para el 22 de noviembre, le recomendaron no viajar porque sin hotel allí le podían detener las autoridades qataríes. «Así que cogí miedo y no viajé. Y no han hecho nada por mí. No me han dado ninguna razón de por qué esta vez no me han ayudado. Me extrañó, pensé que me dirían que en dos o tres días lo arreglaban. Pero no ha sido así…», cuenta apesadumbrado.

Antonio Limones, gestor de los viajes de la selección española, fue el encargado de darle la mala noticia hace ya más de diez días. «Y desde entonces nadie me ha vuelto a llamar. Ni un ‘Manolo cómo estás’, un ‘te lo estamos preparando’. No me han llamado ni para saludarme».

El veterano hincha manchego piensa que esto con Villar de presidente no le habría sucedido. «No, claro. Con ningún presidente me había pasado nada. Y de Rubiales me extraña, porque en un partido en Elche me dijo: ‘Manolo, si necesitas cualquier cosa se lo dices a Limones’. Pero ahora no han hecho nada por arreglar mi situación. Faltan tres días para el próximo partido y me podían buscar un viaje, aunque pagara yo el Hotel, lo que haga falta…».

¿Y por qué la Federación debería pagarle a Manolo el viaje y no a otro hincha? ¿Mucha cara? «Oiga, yo no soy ningún jeta. Yo he viajado con publicidad dos o tres veces, de Don Balón… he llevado a Italia 90 a 17 personas pagadas por mí, he llevado músicos a la Eurocopa, en Valencia he estado 25 años animando y llevando músicos al campo todos los domingos. Y yo a la selección le cuesto muy poco dinero: voy a sus mismos sitios; en el avión donde van 50, van 51; en los hoteles tienen reservadas muchas habitaciones y la comida, que es lo que más cuesta, me la pago yo».

Jubilado desde hace dos años, cerró su bar porque la clientela ya no era la de antaño. Y el coronavirus terminó por rematar su negocio, donde exhibía con orgullo su más preciado tesoro, varios de los bombos que ha paseado por todos los estadios del mundo. «Lo pasé muy mal. Tuve que cerrar y pensé vender mis bombos. Después de trabajar toda una vida, estoy cobrando 800 euros de la jubilación… Al final no vendí los bombos porque son muchos recuerdos, me los han querido comprar muchas veces, muchos aficionados, españoles y extranjeros, y siempre dije que no. Y al que le traspasé el bar lo mantiene».

Incluso una vez le robaron el bombo, en un amistoso contra Colombia en Murcia. «Al final apareció en Madrid, en el parque del Retiro. Me lo robaron unos colombianos, pero por suerte no le hicieron nada y lo encontraron los militares de la Armada».

A sus 73 años, el de Qatar iba a ser su undécimo campeonato del mundo. Justo se cumplían 40 años sin perderse un gran evento, precisamente desde España 82, donde llegó a viajar 15.000 kilómetros haciendo autostop por todo el país: «Aquello fue increíble. Todo el mundo me paraba, para ir a Barcelona, a Sevilla… me paró una ambulancia en Alicante, me dejó en Valencia, allí me dieron trabajo como relaciones públicas, y por eso me quedé luego en Valencia a vivir».

Miles de anécdotass
Cientos de partidos, miles de anécdotas, y muchas amistades. «Hice amigos con gente de Honduras en el Mundial 82, y en el 85 me invitaron a Canadá a animar en un Canadá-Honduras. Y he regalado un par de bombos a españoles en Costa Rica, en Venezuela… También estuve animando a la selección de Costa Rica cuando estaba Conejo en el Albacete».

Entre los amigos, también hay jugadores: «Se han portado bien conmigo: Villa, Alfonso… con Joaquín he llegado a estar en su casa y en la cervecería de su padre. También he estado en la casa de los padres de Iniesta en Albacete, con sus abuelos, con su hermana… me invitaron a comer, nos hicimos fotos. El cariño del público y el de los propios jugadores es lo que me ha hecho continuar tantos años. También, los seleccionadores. He tenido mucha amistad con Del Bosque y con su hijo Álvaro. He estado en Madrid dos o tres veces con ellos, un día con siete u ocho amigos del colegio de Alvarito. Del Bosque era muy sencillo, muy cercano. Y Luis Aragonés, que en paz descanse, también lo era».

Manolo no está en Qatar, pero sí uno de sus bombos. El encargado de darle sonoridad ahora es un hombre de Toledo, Curro, que también pertenece a su misma peña, Marea Roja. «Le he regalado un bombo a la peña y me alegré muchísimo de que lo haya contado. Son muy animadores, es gente de toda España, y lo agradezco. Lo que siento es no poder estar con ellos».

Así que insiste: «Les pediría que por favor, si es posible, me lleven. Que se acuerden de mí, que no me llevan a mí, llevan al bombo de España, que es de todos. Que ellos están en el palco y yo estoy en la calle. Todavía me anima muchísima gente, unos hablan bien, otros mal, pero yo hablo bien de todos, no me gusta hablar mal de nadie. Don Luis, Limones, acuérdense de que Manolo está aquí, esperando que le llamen».



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