Noruega hace su agosto por la guerra de Putin: beneficios «colosales» para la salvación de Europa

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Ciclistas noruegos pedalean en una explanada de la marina del puerto de Oslo.

«Colosales. Son unas ganancias colosales». Dane Cekov, estratega senior del grupo Nordea, el gigante financiero pan-nórdico, no puede enfatizar más las consecuencias para Noruega de la invasión rusa de Ucrania y la subsiguiente madre de todas las tormentas en los mercados energéticos europeos. «Hasta julio de este año inclusive, Noruega ha exportado petróleo y gas por un valor de 94.000 millones de euros, que es ya más que el enorme récord de todo el año pasado: 86.000 millones. Y para el futuro seguimos esperando precios muy altos».

Según un análisis publicado esta misma semana por Nordea, si los precios se mantienen a niveles parecidos a los actuales, el Estado noruego podría recaudar 506.000 millones de euros en tres años. «Para 2022, los ingresos del petróleo pueden alcanzar 155.000 millones», pronostica el estudio. «En 2023 esta cifra podría superarse con unos ingresos estimados de 196.000 millones». En cuanto al gas, los precios también han subido drásticamente debido a que Europa y Estados Unidos persiguen independizarse de Rusia como proveedor. Como mayor exportador de gas natural de Europa, los noruegos son de nuevo los grandes beneficiados.

A finales del pasado junio, los ministros de Finanzas de Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia se reunieron en el Museo de la Constitución noruega, en Eidsvoll, para discutir las medidas concretas que han adoptado y planean adoptar como consecuencia de la guerra. Coincidieron en que la situación económica es difícil para todos, principalmente por la presión que el conflicto ejerce sobre los presupuestos públicos. El principal reto es equilibrar la elevada inflación y un mercado laboral «demasiado tenso» (desempleo muy bajo -2,5% en Dinamarca- y falta de mano de obra) con el aumento del gasto en defensa y las demandas de compensación por la subida de precios. Básicamente, la conclusión fue que, si bien su situación por la guerra es bastante menos preocupante que en el resto del continente, la región se enfrenta a retos socioeconómicos que pueden comprometer sus estados de bienestar.

Dinmarca: ¡más carbón, es la guerra!
Caído en desgracia por su poder contaminante, el carbón se había convertido en combustible non grato en Dinamarca y estaba en pleno proceso de eliminación gradual. Sin embargo, la invasión rusa de Ucrania ha echado todo al traste. Nuevos datos de la Agencia Danesa de la Energía muestran que las importaciones de carbón se han disparado en los primeros seis meses de 2022 en comparación con el mismo periodo de 2021. En la primera mitad del año se importaron 934.734 toneladas de carbón por 136.735 del año anterior, o sea, una cantidad 6,8 veces mayor. Las razones principales que se utilizan para justificar el aumento son la guerra, la fuerte subida de los precios del gas y la incertidumbre sobre los suministros energéticos.

Aun así, cabe suponer que el ministro de Finanzas noruego, el centrista Trygve Slagsvold Vedum, se unió a la declaración final y puso la consabida cara de circunstancias por pura solidaridad con sus colegas. Puede que la guerra presente desafíos, pero la caja del Estado noruego está registrando ingresos a velocidades de vértigo. El Fondo rebosa como nunca de dinero y salud.

¿Y qué es el Fondo? Desde 1998, el excedente de ingresos generado por la venta de petróleo y gas se destina al Fondo Gubernamental de Pensiones Global (conocido popularmente como el Fondo), un organismo estatal que gestiona toda esta riqueza para garantizar que tanto las generaciones actuales de noruegos como las futuras puedan seguir disfrutando del estado de bienestar.

En contra de lo que podría pensarse, el mix eléctrico de Noruega procede en un 98,5% de la energía hidroeléctrica. La naturaleza propicia saltos de agua que crean potencial para la producción de electricidad renovable y barata, de ahí que existan 1.637 centrales hidroeléctricas. Sin embargo, la mayor fuente de producción de energía proviene del petróleo y el gas, que se exportan en su mayoría al extranjero y repercuten sobre el Fondo, cuyo valor actual oscila en torno a 1,6 billones de euros. Sólo en 2022, los ingresos podrían ascender nada menos que el 12,5% de su valor actual.

Semejantes números hacen que el desmantelamiento de las inversiones del Fondo en Rusia apenas sea una piedrecita en el camino. El organismo poseía acciones en 47 empresas rusas, además de bonos del Estado ruso, por un valor total de 2.600 millones de euros. La intención del Gobierno, según el ministro Slagsvold Vedum, es salir completamente de allí.

«Somos una importante nación exportadora de petróleo y especialmente de gas, por lo que la crisis energética nos está generando grandes ingresos», apunta Cekov, el estratega de Nordea. «El objetivo de Rusia es aliviar las sanciones que se le han impuesto. La energía es el mejor medio de presión que tiene contra Europa en esta situación. Quiere golpearla económicamente y crear descontento entre la población, y eso es algo que puede suceder cuando los precios de la electricidad y el gas son tan altos como ahora».

En vista de esta situación, Noruega acude rauda al auxilio de una Europa que sueña con precios asequibles y la independencia energética de Rusia. Y si tan noble misión, además, reporta ingentes cantidades de dinero al Fondo, pues mejor que mejor. El plan noruego es convertirse en el socio y suministrador clave de la UE y el Reino Unido. Hay que tener en cuenta que Noruega es el mayor productor de petróleo y gas de Europa, y que su producción contribuye significativamente a la seguridad energética del continente al suministrar aproximadamente una cuarta parte del consumo de gas de los países de la Unión.

Finlandia: adiós a los turistas rusos
Con sus 1.340 kilómetros de frontera común, Finlandia era el país nórdico que mantenía relaciones comerciales más estrechas con Rusia. La economía local en las zonas limítrofes, de hecho, se beneficiaba de la gran afluencia de visitantes rusos. Incluso después de que se establecieran las sanciones contra el régimen de Putin. Hasta el pasado julio, Finlandia seguía siendo el único país de la UE vecino de Rusia que concedía visados a turistas rusos. Más de 100.000 desde el principio de la guerra, muchos de los cuales eran usados para continuar el viaje hacia otros lugares de Europa. A partir del próximo 1 de septiembre, el flujo disminuirá drásticamente: el número de visados a ciudadanos rusos se reducirá en un 90%.

Por si fuera poco, las emisiones medias de CO2 y metano procedentes de la producción de petróleo y gas en Noruega son bajas en un contexto global: menos de la mitad de la media mundial, lo cual, según la UE, contribuirá a garantizar una transición energética limpia con un acceso fiable a la energía. No obstante, hasta que llegue ese momento, la Unión señala que Noruega tiene importantes recursos de petróleo y gas restantes, por lo que, mediante una exploración continuada, inversiones, nuevos descubrimientos y el desarrollo de yacimientos, espera que siga siendo un proveedor crucial también a largo plazo, incluso más allá de 2030.

De modo que Noruega ha añadido una nueva capa a su identidad nacional como potencia energética: la de salvadora de Europa. Prestigiosos expertos en identidades nacionales nórdicas como Trine Villumsen Berling, politóloga del Instituto Danés de Estudios Internacionales (DIIS), subrayan que la identidad nacional noruega está desde hace décadas indisolublemente unida a su rol como país productor de gas, petróleo y energía hidroeléctrica. El gran símbolo sería el Fondo, propiedad del pueblo y que refleja su estrecha conexión con el rico suelo patrio.

«La relación con el petróleo y el gas está tan profundamente arraigada en lo que significa ser un Estado noruego orgulloso e independiente, que renunciar a la extracción de petróleo casi significa renunciar a la idea de nación», explica Villumsen Berling. «Al mismo tiempo, la identidad noruega está tan estrechamente ligada al recurso natural de la energía hidroeléctrica que cualquier intento de integración de las redes eléctricas con la Europa continental provocará una oleada de críticas y corre el riesgo de fracasar. Todas estas cuestiones están conectadas al proceso histórico que condujo a la independencia de Dinamarca y Suecia en 1814 y 1905».

«En Noruega, la lucha por la independencia creó una narrativa nacional en la que el pueblo y el suelo se convirtieron en el requisito previo para pensar en una nación soberana», añade. «Noruega dependía de sus recursos naturales para financiarse y desarrollarse. Por ello, el derecho del pueblo a decidir sobre el regalo concedido por la naturaleza es clave para el establecimiento y la continuidad de la comunidad y la identidad noruegas. Garantiza la igualdad mediante la expansión del estado de bienestar. En una reciente conferencia sobre energía en Stavanger, un ponente local afirmó: ‘Nuestra sociedad se construyó gota a gota’. Se refería a gotas de petróleo».



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