Hay lugares que conocemos tanto que dejamos de preguntarnos por ellos. Forman parte del paisaje, de nuestros recorridos y hasta de la manera en que explicamos dónde queda algo. En Trevelin alcanza con decir “por el Puente Viejo” para que muchos sepamos exactamente de qué lugar estamos hablando.
Lo cruzamos, pasamos a su lado, lo vemos acompañar el curso del río Percy desde hace décadas. Pero ese puente de piedra tiene otro nombre: Puente Kansas. Y detrás de ese nombre hay una historia que comenzó mucho antes de que sus arcos atravesaran el río.
Para encontrarla hay que viajar hasta Gales y conocer a William James Jones.
William había nacido en Gales y trabajaba en los astilleros del puerto de Liverpool. Fue allí donde escuchó hablar del Mimosa y de aquel contingente de galeses que en 1865 había partido hacia la Patagonia. La noticia de aquella experiencia despertó su interés y, dos años después, en 1867, decidió emprender también el viaje.
Compró un pasaje con destino a Buenos Aires y se embarcó. Pero aquel primer intento no salió como esperaba. Durante una escala en Estados Unidos, el barco en el que viajaba golpeó contra unas rocas y naufragó. William sobrevivió, aunque su viaje hacia Sudamérica quedó interrumpido.
Terminó estableciéndose en Estados Unidos y llegó al estado de Kansas, donde logró reconstruir su vida y adquirir propiedades. Sin embargo, aquella intención de llegar a la Patagonia no desapareció.
En 1874 decidió intentarlo nuevamente. Vendió lo que había conseguido durante esos años y se embarcó desde Nueva York a bordo del Electric Spark, esta vez rumbo a Chubut.
El viaje volvió a quedar atravesado por un accidente. El 26 de marzo de 1874, después de varias semanas de navegación, el Electric Spark encalló en la costa brasileña, en la zona de Tutóia. Los pasajeros lograron sobrevivir, pero la embarcación terminó destruida y William volvió a perder buena parte de aquello que llevaba consigo.
A pesar de los dos viajes frustrados, finalmente consiguió llegar a Chubut. Y aquellos años que había pasado inesperadamente en Estados Unidos terminarían acompañándolo para siempre.
Había varios hombres llamados William Jones y era necesario distinguirlos. A él comenzaron a reconocerlo por aquel lugar en el que había vivido antes de llegar a estas tierras. Así, William James Jones pasó a ser conocido como William Jones “Kansas”.
Se casó con Ann Davies, quien había llegado en el Mimosa en 1865, y en 1891 ambos se trasladaron, junto con otras familias, hacia el Valle 16 de Octubre.
En 1894 adquirieron a Percy Wharton la mitad de la legua 21 y se instalaron sobre la margen sur del río Percy. Allí estaba una vivienda que también quedaría en la memoria de Trevelin: la conocida Casa Colorada, ubicada en el sector donde actualmente se encuentra el Polideportivo Municipal.
Durante algunos años aquel fue el hogar de la familia. Hasta que nuevamente el agua modificó su historia.
En 1899 una inundación afectó el lugar y obligó a los Jones a abandonar la Casa Colorada. Después de aquella crecida se establecieron del otro lado del Percy, sobre su margen norte, cerca del sitio donde varias décadas más tarde se levantaría el puente que terminaría llevando su nombre.

Para entonces todavía faltaba mucho para que existiera el Trevelin que conocemos hoy. El crecimiento del pueblo y la necesidad de comunicar ambas márgenes hicieron cada vez más importante contar con un paso sobre el Percy. En 1937 el Estado decidió avanzar con la construcción del primer puente en ese sector.
Aquella estructura, sin embargo, tuvo una vida breve. Las devastadoras lluvias del invierno de 1939 provocaron una fuerte crecida del río, afectaron sus cimientos y terminaron ocasionando su derrumbe.
Hubo que volver a construir.
Años más tarde se levantó un nuevo puente, esta vez mediante un característico sistema de arcos y bloques de piedra. Las referencias históricas disponibles sitúan su inauguración en 1948. Aquella estructura resultó muy distinta de la anterior: atravesó décadas de transformaciones y es la que todavía hoy podemos encontrar sobre el río Percy.
El puente recibió el nombre de Kansas, recuperando aquel sobrenombre con el que William James Jones había sido conocido y que para entonces ya estaba profundamente ligado a ese sector del valle.
Con los años Trevelin siguió creciendo. Aparecieron nuevos caminos, otras conexiones y nuevas maneras de atravesar el Percy. El Kansas fue quedando en el habla cotidiana con un nombre mucho más sencillo: el Puente Viejo.
Y quizás allí se encuentre una de las partes más interesantes de esta historia.
Porque detrás de un nombre que repetimos casi sin pensarlo se esconde un recorrido extraordinario. Decir “Kansas” nos lleva hasta un joven galés que trabajaba en los astilleros de Liverpool y que allí escuchó hablar del Mimosa y de quienes habían partido hacia la Patagonia. Nos lleva a un viaje iniciado en 1867 que no pudo completar, a un naufragio que inesperadamente lo dejó en Estados Unidos, a los años vividos en Kansas y a una segunda partida, en 1874, a bordo del Electric Spark. Nos lleva también a otro naufragio, a su llegada definitiva a Chubut, a Ann Davies, al Valle 16 de Octubre, a la Casa Colorada y a una familia que encontró finalmente su lugar junto al Percy.
Pero detrás del nombre “Puente Viejo” aparecen también otras memorias. Las de quienes lo cruzaron durante décadas, las familias que fueron y volvieron de un lado al otro del río, quienes pasaron caminando, a caballo, en bicicleta o en vehículo. Cada generación fue incorporando aquel puente a sus propios recorridos y recuerdos.
Tal vez por eso su valor no se encuentra solamente en sus bloques de piedra o en los arcos que todavía sostienen su estructura. Está también en todo aquello que ocurrió alrededor, en las historias que fueron quedando unidas al lugar y en la capacidad que todavía tiene de conectarnos con distintos momentos de la historia de Trevelin.
El patrimonio no siempre está detrás de una vitrina. A veces está tan cerca que dejamos de verlo. Lo cruzamos todos los días, lo usamos como referencia, lo incorporamos a nuestras conversaciones y creemos conocerlo simplemente porque siempre estuvo ahí.
El Puente Kansas es uno de esos lugares.
¿Vos siempre lo conociste como Puente Viejo o como Puente Kansas? ¿Qué recuerdos guardas de este lugar?
Por Katia Sarsa Williams para la Voz de Chubut



