jueves, 22 de febrero de 2024
Imagen ilustrativa

Disculpame que sea molesto pero me acordé de la leche que bebíamos, te cuento sobre “los tambos y Villa Padilla”.  En la calle Mitre, entre Sarmiento y Av. Gales, estaba el tambo con gran cantidad de vacas de Lino Lacunza y en la misma manzana, en la esquina de Sarmiento y 25 de Mayo, el de Zanotti con “Mateo”. En Sarmiento y Mitre, donde después viví yo, el de Iglesias. En Sarmiento y 25 de Septiembre (hoy Marcos A. Zar) el de Ripa. En sarmiento y España (Hoy San Martín) el de Alejo Cebrone. Los otros tambos eran de Sancha, Felipe y Aliceto Casado y de Fernández, y quedaba para esa época, retirado del “bajo”. En la loma, en la esquina de Pujol y Derbes, estaba la primera lechería de Madryn, año 1910, de Jerónimo Azcárate. Como garantía de calidad, ordeñaban en la puerta de cada cliente.

También se instaló uno muy moderno con máquina para ordeñar, así decíamos, de Emilio García, en Sarmiento y Rosales. Aún hoy se puede ver el galpón de material donde se ordeñaba.

Resultaba llamativo ver a doña Matilde que tenía una sola vaca lechera en un pequeño lugar dentro de la Barraca Lahusen, visitar a los clientes cercanos.

Más allá, por el año 1940, por una ordenanza municipal, debido al progreso de Madryn y siendo intendente Raúl Daniel Padilla, todos debieron trasladarse a un sector retirado del centro, aceptando los terrenos que les ofrecieron a pagar a largo plazo sobre el oeste del pueblo. Pronto se denominó a ese sector “Villa Padilla”. Tiempo después se trasladó a esa zona el matadero municipal. Esos tambos tenían reparto a domicilio por medio de una vagoneta liviana tirada por un caballo. Un lechero renovador fue Prudencia “Trucha” Fernández, que le había colocado un collar de cascabeles al cuello del caballo y desde lejos se anunciaba el arribo. Algo pintoresco también es que los acompañaba un guanaco que lo había criado de pequeño y que le respondía a su silbido.

El barrio Villa Padilla estaba al oeste, después de una planicie que se iniciaba en la Av. Juan B. Justo hasta la calle Rosales, donde entonces existía una zanja de desagüe que ayudaba cuando llovía mucho o rebalsaba el tajamar del kilómetro 5. Este desagüe pasaba al costado del ferrocarril por las calles hoy existentes y que llevan los nombre de Italia, su continuación Dr. Ávila, luego por pasaje Bruno y allí se desviaba y desembocaba en el mar al norte del Club Náutico Atlántico Sur. 

En el año 1950 Puerto Madryn tenía 2700 habitantes estimativamente.

El puerto, el ferrocarril, los establecimientos ganaderos y las barracas eran los centros más importantes de mano de obra que sostenían la economía del pueblo. Muchos de esos empleados, suerte a los beneficios que otorgó la municipalidad para compra de terrenos en Villa Padilla, se radicaron allí, construyendo sus viviendas.

Alguna de estas familias numerosas y laburadoras eran las de Oyarzún, Tribuzio, Guiñazú, Odriozola, Oriolo, Pazos, Peralta, Sancha, Méndez, Tarrío y varias más que me olvido. El acceso más conveniente para acceder a Villa Padilla era por un precario puente en la calle Sarmiento que cruzaba la zanja. Al costado de la actual Av. Gales estaban los hornos de ladrillos de Méndez, Portillo, Díaz y Mora. Muchas veces, según el viento, cuando se encendían los hornos, el humo cubría el pueblo. Había que sacar rápido la ropa del tendal y cerrar las puertas. Al atardecer era normal ver pasar a los caballos que habían trabajado pisoteando el barro en los hornos rumbo a la playa para bañarlos.

También existió un ramal ferroviario que comunicaba el muelle con la estación aeronaval que corría por donde hoy está la calle.

En este nuevo barrio, allá por los años 60, eran destacados los acontecimientos deportivos y las reuniones sociales y bailables en un salón atendido por Delio Odriozola y su familia, “Pista la Villa”,  del que se hicieron cargo posteriormente los hermanos Eusebio “Pocholo” y Marcelino “niño” Guiñazú, jerarquizando el barrio y disputando los espectáculos contra las instituciones del bajo. Por ese salón pasaron grandes orquestas nacionales y cantantes de jerarquía  internacional, hasta tuvo la presencia en un festival de boxeo de Carlos Monzón.

Lamentablemente un incendio se llevó historias puebleras que no nos dio tiempo a recoger. Te das cuenta qué mala leche.

Fragmento del libro “Nostálgico Puerto Madryn”, de Pancho Sanabra

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