jueves, 29 de febrero de 2024
La esquina de Fontana e Italia de Trelew en 1895. Foto Celso Rey García

Un hecho que solía presentarse con relativa frecuencia y comentado por la prensa local en el mes de febrero, es el relacionado con la correspondencia que no era descargada en Puerto Madryn continuando hacia el sur para recién ser entregada al regresar al citado puerto en su regreso hacia el norte. El último caso ocurrió en la segunda quincena de diciembre de 1893, en el cual la totalidad de la correspondencia que traía el “Transporte Villarino”, no fue descargada en Madryn y recién se recibió en febrero con más de 60 días de atraso.

Era evidente que el pueblo seguía progresando a ritmo sostenido y en varios lugares se veían edificios en construcción dejando entrever la formación de alguna de sus calles. A este progreso se debió que el 10 de septiembre de este año fuese habilitada la oficina postal de correos, siendo designado como jefe de la misma Williams Pugh, según decreto del 21 de septiembre de 1894. Esta oficina fue instalada en su casa de comercio ubicada en la Av. Fontana esquina Italia, donde además atendía su taller fotográfico, aceptaba trabajos de carpintería y efectuaba venta de artículos de bazar.

En esta nueva obligación el Sr. Pugh se ocupaba de ir personalmente a la estación del ferrocarril cada vez que llegaba un barco a Madryn, único medio de transporte de la correspondencia con destino al Valle en aquellos años, regresando de inmediato a su oficina con la bolsa de correspondencia cargada al hombro, donde ya lo aguardaban vecinos ansiosos de recibir cartas.

Como se carecía de cartero para su reparto, el sistema de distribución era de lo más original: una vez abierto el saco, se comenzaba a leer en voz alta el nombre de los destinatarios, y si había alguno presente, este se daba a conocer entonces el señor Pugh le arrojaba la carta. En esta operación era tal su acierto y puntería que jamás erraba en el blanco; de no encontrarse la persona en el lugar, colocaba el sobre en un casillero de madera, de un metro de lado, que se encontraba amurado en la pared  que daba a la calle Italia y que tenía marcadas las casillas con letras por orden alfabético. Allí quedaban las cartas hasta que el interesado pasaba a retirarlas. Frente al edificio y en el borde de la vereda se encontraba el clásico buzón de correos y telégrafos, pintado de rojo, buzón éste que, a medida que la oficina cambiaba de local, también era trasladado frente a la puerta de entrada.

Texto extraído del autor Matthew Henrry Jones

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