jueves, 22 de febrero de 2024
Diana de Gales con una sombrero de Philip Somerville en un viaje a Australia en el año 1988

Es un hecho. Nadie usa tocados y sombreros como las mujeres de la familia real británica. Empezando por Isabel II, quien en sus 70 años de reinado llevó más de 5.000 piezas diferentes, la mayoría de brillantes colores para cumplir con aquello de que una reina debe ser fácilmente visible entre una multitud. Porque un sombrero identifica y también significa: como dice el historiador británico Robert Lacey a la periodista de moda Elizabeth Holmes en su libro HRH: So Many Thoughts on Royal Style, muy pocas mujeres modernas usan un sombrero como parte de un uniforme: “El sombrero es un recordatorio de que la reina está contratada para un servicio, para un trabajo”, se lee en el libro. Este fin de semana en Londres, con motivo de la coronación de Carlos III, una marea de sombreros y tocados llegará a la abadía de Westminster porque en la sociedad británica, cuando se trata de una ocasión especial, no está completa sin una pieza que adorne la cabeza de sus invitados.

El protocolo real todavía establece que las mujeres reales deben usar sombreros en todos los eventos oficiales, siguiendo una tradición que se ha transmitido a través de generaciones en la monarquía británica. En realidad, la regla solía ser aún más estricta: hasta la década de 1950, nunca se permitía ver a las mujeres reales sin un sombrero o tocado. Como afirma la comentarista experta en realeza Victoria Arbiter en la revista Insider, la realeza y la alta sociedad mantienen vivas este tipo de tradiciones para identificarse: «Tiene que haber una ligera diferenciación entre la familia real y nosotros, la gente común». Precisamente para marcar esa distancia se extendió el uso del sombrero en los actos regios.

La reina Isabel II con un sombrero de perlas en 1966 en el acto de investidura del entonces príncipe Carlo

Lo cierto es que ha habido algunos tocados memorables en eventos reales a lo largo de los años. La propia Isabel II protagonizó muchos momentos significativos gracias a este accesorio desde aquel casquete bordado con perlas inspirado en los Tudor que se puso para la investidura Carlos como Príncipe de Gales en 1969 diseñado por Hartnell y la sombrerera Simone Mirman. Aquel diseño tuvo un gran impacto en el momento, al igual que uno de sus últimos y más comentados sombreros, elaborado en azul Europa y decorado con flores amarillas, que llevó la monarca en el día en que Theresa May anunció su estrategia para el Brexit en lo que parecía un homenaje silencioso pero evidente a la bandera comunitaria.

Beatriz de York y su tocado viral que lució en la boda de su primo Guillermo de Inglaterra.

Otras mujeres de la realeza acapararon la atención mediática a raíz de sus tocados, como Diana de Gales, que dejó de llevarlos a finales de los años 80 porque como ella misma dijo no puedes abrazar a un niño cuando llevas un sombrero puesto. Años más tarde fue Beatriz de York quien se convirtió en “meme” gracias a su fascinante tocado en la boda de los duques de Cambridge en 2011 (después lo subastó para donar sus beneficios a UNICEF). Su creador, Philip Treacy, ordenado caballero británico por la propia Isabel II y que diseña este tipo de accesorios para los eventos de la élite social, explica cómo esta pieza protocolaria para actos regios se ha transformado en parte del tejido social y de clase británico: «Es el complemento que simboliza el glamour. Un sombrero puede cambiar tu vida. Puede hacerte encontrar marido, o novio. Los sombreros embellecen a las mujeres. Y hacen a los hombres muy felices. Así que, a todas las chicas solteras, yo les digo que se pongan un sombrero. Atraen a los hombres, más que una agencia de citas. He sabido de muchos éxitos amorosos en los que había un sombrero de por medio. ¿Y sabes por qué? Porque inician una conversación y te hacen sentir especial. Todos quieren conocer a la mujer del sombrero».

Breve historia del sombrero como pieza ‘royal’
Lo primero que conviene aclarar es que, aunque en ocasiones se parecen y ambos pueden ser decorativos, el sombrero y el tocado no son lo mismo. Los sombreros generalmente cubren la parte superior de la cabeza, tienen ala y base y cuentan con un aspecto funcional (como es protegerse del sol), mientras que los tocados son esencialmente trozos de cinta que se adhieren a la cabeza con algún tipo de diadema, peine o clip, y son puramente decorativos.

Antes de que los tocados decorativos se convirtieran en el accesorio de referencia para la alta sociedad, la palabra describía algo completamente diferente. En la historia de la moda, un tocado originalmente se refería a un chal de encaje o de ganchillo que cubría la parte posterior de la cabeza. Según la Enciclopedia Británica , este tipo de tocado, que se usó en el siglo XIX, “agregó un poco de misterio seductor a la decorosa moda victoriana”. Pero su historia, en realidad, viene de muy atrasa en el tiempo.

Muchos interpretaron este sombrero de Isabel II como un mensaje en contra del brexit.

Una experta en protocolo explica así cómo se empezó a diferenciar por clases a través de los sombreros y tocados: «Históricamente el permanecer cubierto (es decir con el sombrero puesto), al igual que tomar asiento en presencia del rey o del señor de más alta jerarquía, era un privilegio concedido sólo a unos pocos. Se conoce con la designación de “derecho de cobertura” y formaba parte de los privilegios reales el poder concederlo a quien el soberano quisiese. Por otra parte, en el caso de las damas de la Corte solían presentarse en los espacios áulicos con un tocado que fue evolucionando con el tiempo desde la cobertura a adornos que dejaban parte del pelo a cubierto», cuenta a SModa Dolores del Mar Sánchez-González, Catedrática de Historia del Derecho y Coordinadora del Master Universitario en Protocolo de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). La coronación del sábado, además, tendrá un componente religioso, algo que también está relacionado con la prescripción de cubrir la cabeza: en el caso de Inglaterra, el monarca es además “Gobernador o Jefe Supremo” de la iglesia protestante anglicana y el cubrimiento de cabeza para las mujeres en oficios públicos de culto es tradicional en muchas variantes de la religión cristina. «El “velo cristiano” varía según cada una de esas variantes: desapareció de la iglesia católica con carácter general salvo ciertas excepciones, se mantiene mucho en las ortodoxas y se ha usado mucho tradicionalmente en el reinado de Isabel II, siguiendo las prescripciones realizadas por la Reina Victoria, aunque el tradicional velo se sustituye por un sobrero o tocado. Recordemos que, en la ceremonia, la coronación se realizará en la abadía de Westminster ante el Arzobispo de Canterbury, con lo que el acto tendrá componentes religiosos, y no es cuestión de empezar a ponerse y quitarse adornos. Además, en Gran Bretaña el sombrero en las mujeres en actos oficiales y no tan oficiales tiene mucha tradición, y si no recordemos las carreras de Ascot», recuerda esta experta.

El evento al que se asiste es el que determina el código de vestimenta («dress code») exigido. «La elección de la vestimenta juega un papel muy simbólico y comunicativo, no sólo en el caso de las monarquías sino también en el de las repúblicas. Además, es un elemento que puede potenciar la imagen o marca de un país por ello es tradicional que los y las Jefes y Jefas de Estado, y sus cónyuges) suelan hacer guiños a la moda de su propio país como formas de potenciar la imagen o “marca país”, y que en la elección del colorido se valore la naturaleza del acto o evento al que se acude», cuenta Dolores del Mar Sánchez-González.

Aunque adornarse el cabello es algo que las mujeres han hecho desde los inicios de la humanidad, para el siglo XV el período del Renacimiento introdujo una nueva estética de vestir en el poder y la decoración del cabello se alejó de propósitos únicamente rituales o espirituales. Durante el período Tudor, entre 1485 y 1603, las modas dictaron que las mujeres inglesas y galesas adornaban sus cabezas con velos, coifs y sombreros “pillbox”. Aquellos tocados eran muy elaborados y costosos, estaban confeccionados con perlas, encajes, plumas, joyas e hilos de oro, así que pronto se convirtieron en símbolo de estatus. Para el año 1500 los “milliners” o fabricantes de sombreros elaboraban diseños extravagantes, intrincados y espectaculares, aptos solo para los bolsillos de la élite social. Según avanzó el siglo XVII las mujeres de la alta sociedad británica se expusieron cada vez más a la moda francesa, inspiradas por el estilo de Enriqueta de Francia, esposa de Carlos I, que llevaba unos tocados de lo más extravagantes, o la marquesa de Fontange, que creó tendencia con sus altísimos peinados de rizos y accesorios, flores, lazos y velos. Después Vino María Antonieta, en el siglo XVIII, que decoraba su cabello con impresionantes tocados que incluían jardines paisajísticos en miniatura, animales, plumas e incluso un modelo a escala de La Belle-Poule, un acorazado de guerra victorioso. Aquello encendió una chispa de creatividad de moda entre las clases altas europeas. La Europa del siglo XIX estuvo plagada de guerras, revoluciones y una recesión global, y con eso, los tocados extremos pronto cayeron de moda. Dicho esto, en Gran Bretaña, los gorros, perlas, conchas y velos todavía se consideraban accesorios para el cabello apropiados en ocasiones especiales

Diana de Gales no quería usar sombrero porque decía que con el puesto no podía abrazar a los niños.

Así llegamos al siglo XX, en el que el tocado era un símbolo de estatus, posición y poder. En la década de 1920, la joven generación de flappers influyó en gran medida en la moda británica. Solían decorarse el pelo con perlas, lentejuelas, plumas y sombreros de cloché. La década de 1940 vio el surgimiento de los doll hats o “sombreros de muñeca”, lo más parecido a los tocados que conocemos hoy. Estos sombreros ganaron popularidad entre las mujeres estadounidenses y europeas, que incluso vieron en los tocados caprichosos y a menudo ridículos un símbolo de desafío contra la austeridad de la ocupación nazi, señala Allure.

“Hasta la década de 1950, rara vez se veía a las mujeres sin sombrero, ya que no se consideraba ‘lo mejor’ que las mujeres mostraran su cabello en público”, dijo en una entrevista a la BBC Diana Mather, tutora principal de The English Manner . Pero agregó, “todo eso ha cambiado y los sombreros ahora están reservados para ocasiones más formales”.

Los tocados modernos están fuertemente vinculados a aquellos sombreros de cóctel (con alguna pluma, red o velo, que los anglosajones llaman fascinators) que usaban las mujeres en las décadas de 1950 y 1960, según la enciclopedia británica. A diferencia de los típicos sombreros estructurados, los sombreros de cóctel generalmente no tenían alas.

La reina Letizia y Kate Middleton en una imagen de 2019.

Durante las décadas de 1970 y 1980, los tocados comenzaron a aparecer entre la élite social en eventos importantes, en gran parte gracias a Stephen Jones y Philip Treacy , quienes crearon tocados para miembros de la familia real británica y convirtieron estas piezas en parte de la cultura británica. Además de las bodas reales, los tocados y los sombreros decorativos también son comunes en eventos de carreras de caballos como el Royal Ascot y el Derby de Kentucky.

Hoy son parte de la cultura británica y esa significación del tocado ha hecho que algunas mujeres eligen usar tocados para resaltar una posición social, pero también como una manera alegre de autoexpresión. Siempre que cumpla, claro está, el protocolo regio: solo se llevan de día, no se pueden lucir a partir de las seis de la tarde (ahí salen las tiaras) y nunca deben sobresalir del hombro.

En la ceremonia de coronación de Carlos III se espera ver sombreros y tocados que signifiquen a las invitadas. «Hoy las normas no son definitivas, dado que se están haciendo continuos cambios de última hora. Si que es cierto que habrá que estar a las indicaciones del anfitrión que el el rey Carlos III. En este sentido, ha solicitado a los aristócratas que no lleven corona en la Abadía de Westminster (la familia real británica y la nobleza titulada -duques, condes, vizcondes y barones- pueden llevarlos), y en un principio los mantos ceremoniales, aunque en este último extremo se dio marcha atrás por las múltiples protestas que la medida generó. Por tanto, se supone que se exhibirán muchas tiaras», comenta Dolores del Mar Sánchez-González. «No se sabe qué va a hacer la familia real británica, aunque suponemos que se comunicarán con el resto de familias reales si desean que se prescinda de las tiaras. En este caso lo usual es que se lleven tocados, pero supongo que no será infrecuente el uso de sombreros», añade.

La tradición española
Como precisa Dolores del Mar Sánchez-González la corona, la tiara, el tocado, el sombrero y el velo o mantilla son elementos de uso variado, según usos sociales y tradiciones de cada Estado. «Históricamente la cosa varía, pero sólo existían coronas. Además, no sólo había coronas reales, sino que, por ejemplo en nuestro país había coronas de reyes, de príncipes, de duques, de condes… En Castilla los reyes no eran coronados sino que se producía el juramento y proclamación de los mismos, esa fue la tradición que se adoptó con la unificación de los diferentes territorios. Al no existir una corona real (la que se utiliza en las ceremonias de proclamación es una corona tumular), las monarcas españolas pronto comenzaron a utilizar tiaras, que suelen ser variaciones hechas sobre la corona y que se utiliza no sólo por la monarquía sino por la alta aristocracia en todo el mundo desde el siglo XVIII en adelante y especialmente a partir del XIX al ponerla de moda la emperatriz Josefina de Bonaparte», cuenta.

«Respecto del velo, en los países católicos la mantilla sigue siendo usada en diversos actos de diferentes naturalezas, suele usarse de color negro por las mujeres en procesiones de Semana Santa como sustitutivo del velo, y ante el Santo Padre, además de ser usadas por la madrinas en las bodas y por las propias novias, si bien en ese caso es blanca», añade. Este es un privilegio, recuerda esta experta en protocolo, «que solo gozan las monarcas y consortes de países católicos es el vestir de blanco en presencia del Santo padre y portar un velo o una mantilla blanca (en el caso de reinas o consortes españolas). El ‘Privilège du blanc’ fue una forma de agradecer a los países que se mantuvieron fieles a la Iglesia Católica y no se convirtieron en protestantes, siendo la reina Victoria Eugenia la primera que se acogió a dicho privilegio».

Dado que en España no hay una gran tradición de llevar sombrero ni tocado, no es de extrañar que a doña Letizia no parezcan entusiasmarle: solo los ha lucido cuando la etiqueta lo exigía expresamente, como en los actos oficiales a los que ha asistido en Reino Unido. En 2018 la sombrerera Reyes Hellín , asentada en Sevilla y única distribuidora oficial de Philip Treacy y Stephen Jones en España, las marcas preferidas de la corte británica, confesaba que el desinterés de la reina por los sombreros «es una espinita que tengo clavada», reveló a Vanity Fair: «Le he ofrecido mis servicios y le he dado mi opinión, le he sugerido asesoramiento, pero no. No tiene costumbre», añadía Hellín, dueña de la tienda homónima en la ciudad andaluza que adoran las hermanas Domecq, Nieves Álvarez o la familia Peralta. «Tenemos una reina guapa, con tipazo, y podría lucirlos maravillosamente. Pero no se deja. En Inglaterra no entienen por qué no usa más sombrero con lo guapa que estaría», decía. La especialista aseguraba tener muy claro qué estilos le favorecerían a Letizia. «Tiene una cara pequeñita, tendrían que ser sombreros de ala mediana. Una boina con velo, quizás, pero platos no, porque se la comerían», revela. «Siempre hay división de opiniones cuando lleva sombrero. Pero bien asesorada estaría ideal, estoy segura», comentaba, y especificaba, incluso, los que más le favorecerían: «Le pondría casquitos posteriores, que le quedarían de cine. Un sombrero un poco retro, y por supuesto nada recargado. Ni floripondios ni plumas gigantescas. La pluma está muy trillada, se ha vulgarizado mucho». Habrá que esperar a la coronación de Carlos III para ver cuál es su elección.

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